Por suerte para Berillio, un albañil llamado Bray se presentó ante él. Yettiano de pura cepa, llevaba incontables años habitando el lugar. Era habitual que algunos pobladores requirieran de sus servicios, aunque el Consejo Gélido nunca había sabido de él. Bray se presentó cuando escuchó que se necesitaban voluntarios para arreglar los desperfectos provocados por la guerra en el edificio, y fue el único que apareció. Berillio se lo agradeció inmensamente, asegurándole que se ganaría un puesto de honor entre sus colaboradores.
Bray tenía en su habitación una caja de herramientas bastante completa, y ayudándose de una escalera y unas placas de cristal pudo reparar como solo él sabía el gran boquete que el cañón había provocado en el tejado de Natura. Con los utensilios adecuados, no resultó tan ardua tarea.
Lo que no iba a ser tan fácil de arreglar sería la sala de prisioneros, que conectaba directamente con el gélido exterior. La bala de cañón alcanzó tal potencia al enrojecerse en el aire que explotó y destruyó por completo su estructura. Esto provocó una extensa grieta que trajo consigo cañerías rotas, circuitos destrozados y cemento a medio derruir. Para solvertarlo, Bray debería ante todo ser paciente. Lo primero sería tapar provisionalmente las roturas más problemáticas, porque poco más se podría hacer mientras tanto.
—La reparación del techo aguantará. La he podido instalar correctamente y, aunque no sea muy estética, es funcional. Igualmente, al estar en pleno techo apenas se ve —aseguró Bray mientras se limpiaba las manos con un paño mojado—. Tendrías que ser muy perfeccionista para que no te resultara agradable.
Bray era un hombre alto y peludo, de brazos anchos. Su testa escaseaba de cabello, ubicándose oscuro a la altura de la nuca. Su rostro era lampiño, aunque repleto de granos y demás imperfecciones. No tenía la mejor higiene facial, su robusta nariz grasienta lo confirmaba. Portaba una camisa de cuadros rojos bajo el abrigo de piel, además de guantes aislantes para proteger sus virtuosas manos del frío y la electricidad.
—Eso es excelente, Bray. Debí haberte conocido hace mucho tiempo, je, je. —rio Berillio con alegría, que poco a poco volvía a asentarse en él—. Respecto al otro asunto, ¿qué crees que deberíamos hacer con la sala destrozada? —le preguntó, aún con dudas.
—Para serte sincero, no lo sé —Bray dijo la única verdad, pues era una persona sincera ante todo—. Necesitaríamos mucha mano de obra para arreglarla, y aquí el único que puede hacer algo soy yo. Creo que lo mejor será esperar. Como ya no hay prisioneros la sala no nos sirve de nada, así que tenemos tiempo de sobra para las reparaciones. Lo peor de todo es el frío. Entrará mucho frío por los huecos, y eso puede afectar considerablemente a las habitaciones colindantes. Así pues, lo mejor que podemos por ahora hacer sería colocar unos aislantes contra el frío. Como creo que aquí no tenemos, deberíamos comprarlos en Ventorr —asintió con la cabeza levemente, seguro de sí mismo.
—Así que aislantes... —Berillio resopló. Ni siquiera sabía a qué se refería—. Bray, mi nuevo amigo, te encomiendo la tarea de ir a Ventorr y comprar esos aislantes con el dinero público de Bastión Gélido si no te importa —le propuso Berillio, algo nervioso. Se temió que diría que no por alguna razón, mas no contaba con la inmensa fidelidad del albañil.
—Está bien, iré —Bray sonrió—. Lo haré y no te fallaré, Berillio. Esta comunidad ha significado mucho para mí durante los años, y no le decepcionaré.
Desde ese instante, Berillio supo que tenía alguien en quien verdaderamente podía confiar para los más críticos momentos.
Entonces, ambos se dieron la mano educadamente. Bray se dispuso a viajar a Ventorr para realizar la misión que Berillio le había encomendado. Era una tarea sencilla y sin complicación alguna, y él se decía a sí mismo que era de vital importancia. Le encantaba sentirse relevante de vez en cuando, y el gordinflón jefe le había dado la perfecta oportunidad. Ya venía siendo hora, pensó.En algún remoto lugar del bosque nevado de Yettos, dejada atrás anteriormente la desolada fábrica de Terdón Melíferas, Gorgóntoros caminaba sin rumbo. El destino lo había traicionado, pero él sabía mejor que nadie cómo tomar la ventaja ante todo. Cargaba con un cuerpo lánguido (que no muerto) sobre el hombro. Tanto movimiento diario había fortalecido sus músculos, y cargar con alguien famélico como Tyruss se le hacía cada vez más sencillo. Facilitaba incluso el desarrollo de su potencial como si fuese una pesa orgánica.
Para esas alturas, se heridas se habían cubierto de tanta nieve que ni las sentía arder. Consideraba que ya habría tiempo para sanarlas próximamente y no se preocupaba por ellas a pesar de las posibles infecciones. Por mucho que se tornaran preocupantes, resistiría.
—¿A-adónde se supone que vamos? —le preguntó el exhausto Tyruss al despertar. Ni siquiera era consciente de por qué se había hallado inconsciente.
—Adondequiera que el destino me lleve —respondió Gorgóntoros sonriente—. Ya me ha clavado una puñalada, pero no lo hará dos veces. Lo tengo cogido por el maldito pescuezo. Sabe que, como ose desafiarme, lo degollaré. ¡Rakk si lo haré!
"—Este tío está demente."
Y, en un determinado momento, el destino pareció dar una respuesta válida. El rostro del Toro, una sonrisa macabra bien colocada, se iluminó al presenciar lo que parecía ser el mar. Imponente, gélido y salvaje, una costa helada con playa pedregosa a sus acuáticos pies. Tenía ante él al indómito señor marino, a tan solo a unos cuantos metros de distancia. Era la primera vez que lo presenciaba, y le resultó fascinante.
—¿Ves, Tyruss? —le susurró al oído—. Te dije que el acongojado destino me guiaría, y parece ser que no me equivocaba. Sabe con quiénes no ha de meterse.
Sin más, Gorgóntoros se dirigió hacia las costas frígidas del mar de Oz con una intención.
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La Leyenda Perdida I: El Fin Del Camino
AbenteuerUn mundo desolado por la cruel y mezquina mano del hombre. Un joven atormentado por un arduo pasado en busca de respuestas. Una humanidad afectada por una vertiginosa caída, seguida por un hilo de muerte a la espera de segar almas. Poderes ocultos s...