#68

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Apagas el celular inmediatamente, tal como se te ha sido indicado.

—Muy bien—te dice el cómplice del asesino, sin dejar de apuntarte con la pistola—. Ahora entrégueme ese teléfono de una buena vez...

Ya estás a punto de cumplir con la orden dada por ese sujeto, cuando en eso el asesino irrumpe en el recinto, corriendo hacia ti con un cuchillo:

— ¡Apártese maestro! —grita él, listo para matarte—. ¡Esta mujerzuela no es digna de formar parte de nuestra orden! ¡Yo mismo la mandaré al infierno!

Tú gritas aterrorizada, pero para tu sorpresa, el cómplice del asesino sale en tu defensa, disparándole a tu atacante.

—Maestro... ¿P-Por qué ha hecho esto? —pregunta el asesino, mientras yace agonizante en el suelo.

—Esta no era solamente una prueba para ella, sino también para ti. Y no conseguiste superarla, mi joven discípulo, sino que demostraste ser igualmente débil que la miserable escoria criminal que mantenemos prisionera en lugares como este...

—Maestro...Ella...Ella nos delatará... ¡Ella hablará a los no iniciados de nuestra orden, y terminará arruinándolo todo!

—Ella no lo hará. Yo no se lo permitiré...

El asesino extiende entonces sus manos hacia ti, al tiempo que formula las siguientes palabras con tono suplicante:

—Siempre...Siempre te amé. ¿Por qué tuviste que rechazarme de esta manera?

En otras circunstancias, tú habrías sentido lástima por ese sujeto. Y sin embargo, el cómplice del asesino simplemente procede a dispararle por segunda vez, rematándolo sin ninguna clase de misericordia. Y luego se vuelve hacia ti.

—Por favor...—exclamas, hablando apenas con un hilo de voz—. No... ¡No quiero morir!

Caes de rodillas y empiezas a sollozar patéticamente. El cómplice del asesino te observa en silencio, pero no deja de apuntarte con su arma. Es como si dudase con respecto a si debe dispararte a ti también o no...

Lee la parte #79.

Sola con el AsesinoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora