24 - Gajes del oficio

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Redacción: Ernesto Esquivel D.
Historia y personajes: Garrick.



En la radio, las noticias se sintonizaban como cada tarde en su horario habitual. Durante los últimos meses, habían transmitido información importante sobre los agrestes, y este día no era la excepción.

— En noticias nacionales, diversos estados están avanzando en legislaciones para garantizar la seguridad y derechos de las personas agrestes — informaba el periodista —. ¿La razón? Ellos enfrentan crecientes niveles de rechazo y discriminación — añadió —. En una iniciativa del gobierno, se implementó un seguro médico y laboral, exclusivo para los agrestes, proporcionándolo de manera gratuita para aquellos sin cobertura — explicó —. Esto ha generado apoyo y reconocimiento por parte de este grupo, pero también ha suscitado el rechazo de otras comunidades, personas humanas en su mayor parte, argumentando que ellos también requieren acceso a medicamentos, atención médica, psicológica, así como oportunidades laborales y vivienda digna. La noticia ha creado un debate entre la gente que está a favor de la ayuda del gobierno, y las que están en contra, demostrando su respectiva opinión en redes sociales, o marchas en plenas avenidas para exponer su posición.

El reportero, agreste, suspiró sin evitarlo. 

— En otras noticias, un congresista neoyorquino alertó sobre el aumento de tasas de migración, atribuyéndolo a la fortaleza y habilidad de algunos migrantes agrestes. Esto ha generado un incremento en la población agreste en la ciudad y, por si no fuera poco, los llamados «polleros» o «coyotes», algunos ahora también agrestes, han logrado evadir retenes y vigilancia, con sus habilidades naturales recién adquiridas, cruzando sin dificultades o encontrando nuevos caminos por los que cruzar.

El noticiario se filtraba dentro del auricular derecho inalámbrico que llevaba puesto Mersenne, mientras caminaba con Pierrot por los pasillos de la televisora, dirigiéndose hacia su oficina.

— Todo transcurre de forma favorable, madame — reconoció Pierrot, seguro.

— No del todo — mencionó la cierva, quitándose el audífono y guardándolo en su cajita con su par —. La revelación prematura del caos migrante de Nueva York no debió aparecer aún — agregó, con preocupación —. La incompetente de Karen no está haciendo bien su trabajo.

Ambos llegaron a la puerta grande de su oficina, Mersenne la abrió y se adentró junto a su guardaespaldas. 

— ¿Qué trabajo incompetente es ese, señorita? — inquirió el perro Rentería, de pie en medio del despacho, con los brazos cruzados, sombrero en las manos y gabardina, clavándole la mirada a la cierva luego de escuchar parte de su conversación.

Mersenne se sorprendió, siendo protegida por Pierrot de inmediato, colocándose delante de ella, firme, provocando que el agente levantara sus manos vacías.

— Tranquilos, sólo estoy de paso siguiendo un caso por petición de un comandante de policía — explicó Rentería, con seriedad mientras bajaba los brazos —. Así que dígame, señorita Mersenne... ¿Qué tal su última visita al museo? ¿Disfrutó de la experiencia o acaso su... Guardaespaldas y usted tuvieron algún inconveniente? 

Pierrot ni siquiera se inmutó ante la presencia o indagación del sabueso, mientras Mersenne estaba sonriendo de forma discreta.

— Un gusto — mencionó la cierva, colocándose frente a Pierrot, agradeciendo con un gesto su protección, para luego mirar cara a cara a Rentería, con firmeza, pero a la vez demostrando sensualidad —. ¿Gusta una taza de té, señor...?

La balada de los pecadores: Fabula DrakoneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora