Historia, personajes y redacción: Garrick.
— Entonces, ¿trabajas en esta ciudad?
Diamantina miraba curiosa los grandes y altos edificios mientras, Arlequín, subía los escalones de una entrada, se acercaba a una puerta y giraba la llave.
— Es correcto. Es tranquilo, hay muchas tiendas y mucho trabajo — aseguró su hermano.
— ¿Y de qué trabajas? — Diamantina acercó la cara a Arlequín, interrogándolo con curiosidad.
— Pues... ya sabes... haciendo malabares por aquí, cabriolas por allá, espectáculos los viernes en la noche.
— Aja... sí... claro... — dudó su hermana tomando la delantera y adentrándose al edificio.
— ¡Hey, espera, recuerda lo que te pedí!
Tras un largo pasillo que separaba dos secciones de cubículos, se encontraba una escalera al fondo que conectaba con los pisos superiores, era un conjunto de oficinas sin pena ni gloria.
— Parece un lugar demasiado aburrido — consideró Diamantina.
— No es lo que parece, es lo que se hace — intentó defender su hermano.
La chica se acercó a un escritorio y dio una hojeada a los documentos que había sobre él.
— ¿Balances y facturas? — preguntó antes de bostezar.
— Emocionantes balances y facturas— Arlequín se esforzó por sonreír.
— Por eso no pudiste esquivar ninguno de nuestros ataques, estás fuera de forma, hermanito — le reprochó.
— No todos aspiramos a una vida bajo los reflectores — suspiró el hombre.
La chica vió las escaleras, caminó a ellas y, flexionando las piernas, dio un potente salto, sujetándose de los barandales, moviendo su cuerpo con soltura para que, con un par de acrobacias, lograra llegar al instante cinco pisos arriba.
— Ahí hay alguien, ¿es tu jefe? — preguntó al ver una silueta al otro lado del cristal opaco.
— ¡Diamantina, espera!
Arlequín corrió para subir por las escaleras, pero su hermana, con toda soltura, abrió la puerta de golpe.
Dentro, un hombre de gran altura, espaldas anchas y brazos gruesos revisaba de pie un informe, estaba frente a una gran pared de cristal que dejaba ver toda la ciudad. El varonil espécimen llevaba un elegante traje color gris que resaltaban y hacían juego con sus ojos, una corbata y zapatos negros hacían contraste con su atuendo. Su barba bien cortada resaltada su rostro cuadrado y, sus grandes cejas, se levantaron al ver a la muchacha contemplar la habitación.
La oficina era grande, con cuatro escritorios a los lados del principal, una gran alfombra azul cubría el suelo y una brisa fresca del aire acondicionado daba un toque frío al recinto. En el muro junto a la puerta, una gran pantalla permanecía apagada.
— Hola — la muchacha corrió hasta el hombre que permaneció quieto —, usted debe ser el jefe de mi hermano. Soy Diamantina, encantada — la chica tomó las manos del ejecutivo y de forma efusiva las agitó —. No vengo a quitarle mucho tiempo, ¿puede prestarme las gemas que tiene?
El hombre del traje parpadeó un par de veces, mordió sus labios con suavidad y tomó aire antes de ver a su socio, entrar por la puerta, jadeando tras subir corriendo cinco pisos.
— Perdone, jefe — Arlequín aspiró con fuerza mientras ponía las manos sobre sus rodillas.
— Mucho gusto, señorita — por fin, el hombre de ojos grises habló con tono profundo y afable —. Yo soy Garrick. Garrick Garrido. Es un gusto conocer a la hermana de Cat... — desde atrás el enmascarado movió las manos para recordarle lo que habían hablado pocos minutos antes de su llegada — de... Arlequín — recordó Garrido, corrigiéndose —. ¿Ya comieron?
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La balada de los pecadores: Fabula Drakone
Fantasy- Damas y caballeros, niños y niñas. Bienvenidos a nuestra humilde función. El día de hoy presentaremos una obra llena de emoción, acción, terror y amor. Ramón Martín, un carismático y efusivo gymbro, ha decidido hacerse amigo del tosco Raúl Navarr...
