Redacción: Ernesto Esquivel D.
Historia y personajes: Garrick.
— Lo siento, la vacante ya está cubierta. Gracias por su tiempo.
— Pero en la entrada decía que están solicitando...
— Como le mencioné, ya no estamos en busca de candidatos. Pase a la salida, por favor.
Ramón pasó de la expectativa a la decepción. Su semblante decayó mientras observaba fijo los ojos de la «licenciada» de recursos humanos, forzando una sonrisa mientras asentía, sintiendo una presión horrible en el pecho. Ya llevaba tres meses buscando trabajo, sin éxito.
Luego de salir del edificio, con sus múltiples solicitudes en mano y una mochila sobre los hombros, caminó durante varias calles, pensativo, con la mirada perdida en el suelo, ideando alternativas.
Ramón no dejaba de contemplar qué podría pasar si persistía su desempleo: el término de sus ahorros, acumulación de facturas y la posibilidad de emergencias relacionadas con la salud, ya fuera la suya o la de su padre. Faltaba poco para que su papá se terminara su medicamento, así que tendría que comprar uno nuevo que, si bien no era caro, con el seguro médico saldría gratis.
Decaído, el hombresote se dirigió a un parque y optó por la primera banca disponible para sentarse, tratando de evitar cualquier pensamiento que le angustiara. Suspiró, inclinándose sobre sus piernas y cubriendo su rostro con las manos, agobiado, considerando sus opciones.
— ¡Necesitamos más gente, Acedio! — exclamó Karen, caminando a lo lejos, en el centro de aquel parque, acompañada de Baxter.
El agreste comenzó a buscar con la mirada en el lugar, viendo a varias personas, pero centrando su atención en una en particular.
— ¿Y qué tal el musculitos de allá? — preguntó el conejo, señalando con discreción a Ramón, sentado en la banca.
Martín suspiró de forma pesada, se palmeó las mejillas y pronunció con esperanza.
— Mañana será otro día. Ya nos irá mejor — decretó cuando Acedio y Karen se acercaron a él, confiados, sonrientes y decididos.
— ¿Un tratamiento para qué? — cuestionó Raúl a Ramón Martín, suspicaz, secándose el sudor con una toalla.
La noche había llegado, y con ella, el momento de la rutina del gimnasio. Raúl se ejercitaba en la máquina de press para los hombros, mientras de frente tenía a Ramón, contándole la situación que vivió en el parque aquella tarde.
— Para tonificar el cuerpo, bro — contaba Ramón a su amigo con emoción —. Están en busca de personas dispuestas a probar sus productos, y la verdad es que pagan bastante bien — agregó.— Suena demasiado bueno para ser verdad — consideró Raúl.
— ¿Crees? — preguntó el hombresote, con la sonrisa desvaneciéndose — Ellos me dijeron que me pagarían desde el primer día — mencionó —. Incluso me dieron cita para mañana.
Raúl notó que su amigo se desanimó, por lo que intentó apoyarlo.
— Ya sé — exclamó Navarro —, si quieres te acompaño mañana a ver las instalaciones. Si vemos que es algo truculento, nos vamos y mejor buscas algo mejor.
Ramón hizo una media sonrisa, mirando fijo a los ojos de Raúl.
— Gracias, bro — expresó el hombresote, tomando a su amigo del hombro —. Eso me tranquiliza mucho.
Raúl le devolvió el gesto y continuaron con su rutina de ejercicio. El gran hombre volvió a motivarse, creyendo que se le estaba presentando una muy buena oportunidad, mientras Raúl seguía dudoso.
Al día siguiente, ambos llegaron al lugar señalado. Era un edificio alto, con un zaguán grande de metal, cubierto de cristal, captando la atención de los dos, haciendo que se miraran entre sí. El hombresote vestido de camisa blanca, pantalón de vestir y zapatos bien lustrados, estaba listo para su nuevo empleo. Raúl, por su parte, llevaba su uniforme de trabajo y una mochila en la espalda.
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La balada de los pecadores: Fabula Drakone
Fantasia- Damas y caballeros, niños y niñas. Bienvenidos a nuestra humilde función. El día de hoy presentaremos una obra llena de emoción, acción, terror y amor. Ramón Martín, un carismático y efusivo gymbro, ha decidido hacerse amigo del tosco Raúl Navarr...
