Las pantallas de Ira se tiñeron de rojo.
— ¡¿Qué hacen aquí esos recipientes vacíos?! — exclamó colérico.
— ¿Vacíos? Para nada, comimos hace rato — se burló el chef Olivera.
— Pero mira ese aspecto — el león Solano se acercó al portador viéndolo mal herido, con el torso descubierto y sangre sobre él —, ¿necesitas un poco de ayuda, fortachón?
— ¿Ustedes? — logró pronunciar el tigre blanco, sintiendo que sus piernas le fallaban.
— Ellos son miles y nosotros apenas unos cuantos — consideró el gorila Hidalgo —, no es justo... para ellos — sonrió emocionado chocando sus puños.
— No olvides compartir, amigo — secundó el padre Gyves —, hay que enseñarles que no pueden estar poseyendo cuerpos a capricho.
— Ganaremos algo de tiempo — Raúl sintió que una mano le acariciaba su espalda desnuda, encontrando al dragón Estoico a su lado —. Intenta recuperarte un poco. Necesitaremos toda la ayuda posible.
Raúl iba a hablar cuando el chef le metió la mitad de una barra proteica en la boca.
— Come, te ayudará a cerrar tus heridas y recuperar fuerzas, pero no es milagroso — advirtió Olivera.
— ¿Cuánto tiempo necesitas Preter? — preguntó Estoico tras el hombro.
— Diez minutos, quizá menos, pero aún con ello, falta el grimorio — respondió la IA desde una bocina portátil que Solano dio a Raúl.
Sin esperarlo, los secuestrados gritaron de dolor.
— ¡Fuego! — ordenó Ira, desconcertando al grupo de recién llegados.
Griefer disparó con su cañón una enorme cantidad de energía, pero tembló de terror al ver que el padre Gyves, soportado por sus compañeros, había logrado atrapar el ataque con un enorme espejo.
— ¡Corran! — alcanzó a gritar el general antes de que el ataque fuera reflejado al edificio, sacudiéndolo, rompiendo varias pantallas, acabando con una centena de soldados e incluso dañando parte de la estructura.
— Démonos prisa — declaró Baxter mientras sus compañeros asintieron.
Los abogados fueron los primeros que reaccionaron, abriendo sus maletines para ampararse, pero, con una potente velocidad, el conejo cruzó entre sus filas y tomándolos por sorpresa, les desarmó en cuestión de un parpadeo, lanzando al aire una multitud de papeles y portafolios.
Ante el caos, Hidalgo lanzó un potente grito que provocó caos entre las filas de los lujuriosos, llenándolos de terror y, con un potente salto, comenzó a lanzar golpes, atravesando todo lo que se le ponía enfrente.
Los roedores atacaron, abalanzándose para devorar a los enemigos, pero un feroz rugido, seguido de un acorde de quinta, los hizo dispersarse ante la guitarra y sonrisa de Solano.
Los zombies atacaron, pero poco a poco, comenzaron a caerse a pedazos ante la astucia del zorro.
— Ese pie necesita un ajuste, tu mano está bastante pálida, esa rodilla no se ve bien, deja te acomodo esa espina dorsal — les desarmaba el padre Gyves corriendo y cruzando entre los muertos.
Griefer, confundido, apenas logró ver al portador, quien, con una esperanza renovada, masticaba con prisa el bocadillo que le habían dado, sintiendo como el bocado le ayudaba a recuperar un poco de fuerza mientras sus heridas dejaban de sangrar. Furioso, el general apuntó hacia el tigre blanco, los secuestrados gritaron de dolor y disparó, o al menos esto intentó, ya que, del cañón, no salió nada.
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La balada de los pecadores: Fabula Drakone
Fantasy- Damas y caballeros, niños y niñas. Bienvenidos a nuestra humilde función. El día de hoy presentaremos una obra llena de emoción, acción, terror y amor. Ramón Martín, un carismático y efusivo gymbro, ha decidido hacerse amigo del tosco Raúl Navarr...
