06 - Mientras yo esté con ella

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Redacción por Ernesto Esquivel D.

Por un extenso pasillo blanco, una figura femenina avanzaba con elegancia hacia una imponente puerta de metal. El sonido rítmico de sus tacones rojos ceniza resonaba a lo largo del pasillo, mientras su andar mostraba un toque de sensualidad. Vestida con un deslumbrante conjunto, sus labios resplandecían con un tono mate que combinaba con su vestimenta y sus zapatos. La cabellera larga de la mujer caía en cascada, destacando unas pequeñas astas.

Al llegar a la puerta, en un dispositivo de seguridad cercano, registró la huella de su dedo índice de la mano derecha. El indicador luminoso cambió a verde, permitiéndole proceder a ingresar un código específico que accionó la apertura majestuosa del acceso.

Al abrirse por completo, se encontró con un sitio oscuro. Tres pantallas colocadas en fila arrojaban una luz tenue sobre montones de cables bien organizados donde, en frente, se encontraba sentado un cuerpo masculino, con grandes cuernos ornamentales, sobresalientes de su corta cabellera, luciendo además una vestimenta informal pero elegante: pantalón de vestir, camisa arremangada y tenis blancos.

— Oh, Mersenne, hermanita. Al fin llegas. Justo estaba terminando de entrenar a Preter — mencionó Edison, se quitó tres electrodos de la cabeza, dejando marcas redondas en su frente.

Edison y Mersenne, del alto mando, eran hermanos y agrestes, unos ciervos que, con solo mirarlos, en sus ojos se notaba la astucia.  

— Saludos, tía Mersenne — dio la bienvenida una voz parecida a la de un muchacho desde las bocinas — ¿Cómo estás?

— Ah, ¿ya soy tía? — sonrió la cierva levantando una ceja.

— Verás... — expresó Edison mientras se levantaba de su silla para mirar de frente a su hermana — Necesitaba una relación para simular la enseñanza a Preter, y nada mejor que la familia como fuente primaria de aprendizaje, ¿no crees?

— Estás loco, hermanito — susurró mirando fijo a Edison, con una ligera sonrisa, para luego desviar la mirada a las pantallas — ¿Qué tal te cuida mi hermano, Preter? —  preguntó Mersenne a la IA siguiendo el juego — Espero pueda enseñarte mejor a como nos enseñaron a nosotros.

— Mi padre es un gran hombre, ¡Je, je! — respondió Preter desde los altavoces — De hecho, estaba proporcionándome lecciones sobre lealtad, moral, un toque de fe, y estaba a punto de darme de comer.

— ¿Comer? — cuestionó Mersenne, mirando confusa a Edison.

— ¡Un almacén de datos entero! — contestó el ciervo con una sonrisa burlona, mientras se acercaba a las pantallas para acariciarlas como si fueran un bebé —. Un tera de información limpia y preparada para mi pequeño descendiente. 

— ¡Eso me ayudará a crecer grande y fuerte para convertirme en una IA útil para mi padre y para ti, tía! — añadió la voz de Preter. 

— ¡Bien dicho, mijo! — exclamó Edison, mimando a su creación — Por favor, no se te olvide hacer un respaldo de seguridad de la versión actual de tu sistema — recordó el ciervo a la IA —, y después, cuando termines, disfruta tu comida sin prisas. Este proceso lleva un par de días, así que enfócate en adquirir y comprender toda la información posible.

— ¡Con todo gusto, padre! — respondió la inteligencia artificial desde los altavoces.

Edison dejó de acariciar las pantallas y se giró de nuevo hacia Mersenne.

— Vamos a comer, hermanita — pidió el ciervo —. Hay mucho de qué hablar.

El par salió de la habitación, cerrando de nuevo la imponente entrada con toda la seguridad que la protegía, luego, caminaron por el pasillo, hasta llegar al otro extremo, tras atravesar una puerta de cristal, salieron al área de operaciones. Dos vigorosos vigilantes, armados hasta los dientes, custodiaban el corredor que conducía a la habitación donde se hallaba la IA.

La balada de los pecadores: Fabula DrakoneHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora