Redacción: Ernesto Esquivel D.
Historia y personajes: Garrick.
Diez días habían transcurrido, y el estado de Ramón aún no tenía cambios , seguía postrado en una cama de hospital, convirtiendo el pasar del tiempo en una agonía para don Mario, que se encargaba de cuidar a su hijo por las mañanas, recibiendo el apoyo de Raúl durante las noches. Algunos conocidos los ayudaban con visitas rápidas, pero ellos dos eran los que soportaban los turnos pesados.
En la habitación de Ramón, su padre, estaba sentado en una silla incómoda, mirando fijo a su hijo, sumergido en sus pensamientos.
Su inmersión se vio interrumpida por la repentina llegada de Raúl, agotado, sudoroso y con ojeras pronunciadas.
— Gracias por venir, doc — expresó don Mario, levantándose de su silla y extendiendo su mano hacia el fortachón, notando sus ojos cansados y su apariencia desalineada —. Mire nada más.
— ¿Qué pasa? — preguntó Raúl, correspondiendo el saludo.
— ¿Hace cuánto no duerme bien? — cuestionó el padre de Ramón, preocupado —. Déjeme adivinar, desde hace diez días, ¿no? — se adelantó.
Raúl no pronunció ninguna palabra, solo mantuvo su mirada fija en los ojos de don Mario, que negaba con la cabeza.
— Debe dormir bien, doc — sugirió el señor —. Usted más que nadie sabe que el descanso es importante — reflexionó —. Mire, no se preocupe, si gusta yo me quedo también en las noches con mi muchacho. Tantos desvelos y preocupaciones harán que su cuerpo lo resienta.
— No, don Mario — respondió Raúl, seguro —. Usted también está cansado. Pasamos horas y horas en esa silla esperando alguna respuesta, ya sea del doctor o de Ramón, y no es cómodo para ambos. Ni siquiera comemos bien — mencionó, haciendo pensar al señor —. Gracias por preocuparse por mí, pero también me preocupo por usted — pausó —. ¿No ha pensado en contratar a alguna enfermera?
Don Mario suspiró y se dejó caer de nuevo en la silla.
— Es un dineral — expresó —. Las enfermeras cobran alrededor de quinientos pesos al día — informó —. Y sí, tengo dinero, pero con solo veinte días de cuidado, serían hasta diez mil — concluyó, decaído.
— Yo lo puedo ayudar, don Mario — propuso el fortachón, sin dejar de mirar al señor —. Yo puedo pagar para que no se le haga tan pesado. Así ambos podríamos intentar descansar un día o una noche.
— Pues de hecho ya le pagué a una enfermera para que mañana venga a cuidar a Ramoncito — mencionó, para luego mirar a los ojos a Raúl —, y pa' que usted descanse.
— Pero, don Ma...
— Pero nada, doc — interrumpió el señor —. Bastantes molestias le he causado. Mírese, no ha descansado bien, y le apuesto a que no ha ido al gimnasio.
Raúl evadió la mirada, para luego voltear a ver a Ramón, acostado en la camilla.
— No tengo fuerzas para ir — expresó, acercándose lento a su amigo.
Un momento de silencio los envolvió, mientras el fortachón, pensativo, observaba de pies a cabeza el cuerpo de Ramón.
— Además, también necesito a mi gymbro para motivarme. ¿Verdad, mi estimado? — le habló a su amigo, anhelando, dentro de sí, que lo escuchara —. Me has dejado bien abandonado, compa. Ya levántate para irnos al gimnasio, darlo todo, entrenar hasta sudar como nunca, quedar bien envarados... — pausó, oprimiendo los dientes — Por favor, ya despierta, compa.
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La balada de los pecadores: Fabula Drakone
Fantasia- Damas y caballeros, niños y niñas. Bienvenidos a nuestra humilde función. El día de hoy presentaremos una obra llena de emoción, acción, terror y amor. Ramón Martín, un carismático y efusivo gymbro, ha decidido hacerse amigo del tosco Raúl Navarr...
