70 - La vida da muchas vueltas

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Redacción: Ernesto Esquivel D.

Historia y personajes: Garrick.


Fuera de la enfermería, Ramón estaba de brazos cruzados, apoyado contra un mástil y con la mirada perdida. Júpiter se encontraba a su lado, sentado en las sillas del pasillo, notando que el hombre estaba inmerso en sus pensamientos.

— ¿Qué te pasa, fortachón? — preguntó al hombresote.

— Nada — suspiró Ramón, pensativo —. Es que... no sé por qué Raúl no me despertó para ir a pelear juntos. No soy débil, pude haberle ayudado... — se desahogó.

— Yo creo que te intentaba proteger, no quería que te pasara algo malo — razonó Júpiter.

Ramón se mantuvo pensativo, considerando las palabras de Júpiter.

De la enfermería, salió Il Dotore, al momento Ramón se acercó a él, seguido de Júpiter.

— ¿Qué pasó, doctor? ¿Cómo están todos?

— Viven — respondió el médico —, ya están más estables. Pueden pasar.

Dentro se encontraron con don Mario, Mauricio, Diamantina y Rentería sentados en unas sillas acolchonadas, vendados en varias partes del cuerpo y con algunas curitas y gasas. 

— Hola, mijo — saludó don Mario.

— Sí, claro. ¿Y mis hermanos? bien gracias — se quejó Diamantina, entre bromeando y melancólica — ¡Nos abandonaron, padre mío! — gritó hacia Spavento.

— Sabremos continuar nuestras vidas sin ellos — le siguió el juego su padre, sonriendo con cansancio. 

— ¡Qué bueno verte repuesto, amigo! — saludó el oso a Ramón Martín.

— Hola a todos — exclamó el hombresote —. Me da gusto verlos con bien.

La joven, Mauricio y el sabueso comenzaron a hablar entre sí. Ramón, por su parte, notó que, al fondo de la habitación, Spavento y Raúl yacían en camillas, también cubiertos con vendas y pomadas que Estio, quien, terminando de examinar a Raúl, había aplicado sobre ellos, aunque los ungüentos parecían más bien pintarrajos hechos por los dedos de un infante.

La mirada de los novios se cruzó y ambos se sonrieron. Luego, los ojos del hombresote se dirigieron a su padre, a quien de inmediato, se acercó.

— ¿Cómo te sientes, pa'? — cuestionó el muchachote dándole un cariñoso beso en la frente.

— Bien, mijo, bastante amolado, pero bien — mencionó don Mario a su hijo —. Pero no te preocupes por mí, ve con Raúl, anda...

Ramón asintió y rápido se acercó a Raúl, tomándolo de la mano, cariñoso. 

— No me vuelvas a hacer esto, bro — pidió Ramón —. Me preocupé muchísimo por ti.

— Pero mírame, aquí estoy — calló un instante por un ligero dolor en su costilla, pero se recompuso rápido —. La verdad, no quería involucrarte a ti, ni que te pasara algo malo — Ramón respiró hondo al escuchar las palabras.

En ese momento llegó Evangeline al lugar, mirando y saludando uno a uno a los malheridos luchadores.

— Me da gusto verlos a todos — expresó la mujer —, sólo no bajen la guardia, aún hay muchas calamidades por derrotar — Evangeline miró a Spavento y luego a Estio, quien ahora se había colocado junto al líder de la familia D'larte para terminar de examinarlo —. ¿Ustedes dónde estaban? ¿Qué les ocurrió?

— Fuimos atacados por los drones de Ira — informó Spavento, adolorido, enderezándose con ayuda de Estio, tomando la atención de todos —, por fortuna tuvimos ayuda de aliados poderosos para repeler un ataque tan simple como ese — declaró —. Además, la signorina Visto, con ayuda de Gema, se han encargado de eliminar y contrarrestar los drones y otros ataques digitales de Ira, pero no estoy seguro de cuánto puedan soportar — pausó, tomando aire y mirando al grupo —. Admiro cómo, aunque no estuve presente, lograron permanecer unidos y salir adelante — reconoció —. Gracias por ayudar a mi familia, para mí es un privilegio poder luchar a su lado.  

La balada de los pecadores: Fabula DrakoneHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora