20 - Estás muy caliente

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Redacción: Ernesto Esquivel D.

Historia y personajes: Garrick.



A la mañana siguiente, temprano, Navarro llegó a la casa de Ramón, tocando la puerta, sin respuesta alguna. Desconcertado, Raúl vio el chat con Ramón donde solo venía su mensaje de «Ya voy pa'llá» de él, y un «Va! :D» de Ramón, por lo que decidió llamarle de inmediato y, aunque entraba la llamada, nadie respondía.

Preocupado, el fortachón sacó la llave que don Mario le entregó el día anterior y abrió la puerta, viendo la casa vacía, pero escuchando que había música a todo volumen al final del pasillo, justo en la recámara del tigre. Raúl cerró la puerta y caminó rápido hacia aquel espacio. 

Al entrar, se encontró con Ramón, sobre el suelo, haciendo lagartijas con fuerza y rapidez. El tigre estaba desnudo, salvo por un bóxer ajustado, su cola estaba erizada y algunas gotas de sudor caían por su cara al suelo. El felino jadeaba con fuerza mientras subía y bajaba con los brazos.

— ¿Compa? — expresó Raúl, confundido.

— ¡Bro! — se emocionó el tigre, girando para ver a su amigo, casi saltando para ponerse de pie y mostrar que tenía las pupilas dilatadas y una enorme erección bajo sus calzoncillos.

Raúl se impresionó mientras Ramón, notándose ansioso, se acercó de inmediato a su amigo para abrazarlo con fuerza, incluso frotó su cara contra la del hombre, una y otra vez de forma insistente, mientras que Raúl, al tocar la piel del tigresote, percibió algo extraño.

— Mi papá me dijo que te dio una llave de la casa — mencionó Ramón, sin soltar a Navarro —. Qué chido que la usaste ahorita, porque la verdad no escuché que tocaras.

— Será por la música — Raúl estiró la mano y logró apagar el mini estéreo de Ramón —. ¿Te sientes bien? 

— Como nunca — Ramón jadeaba al oído de su amigo —, quiero bañarme contigo, bro — sin esperarlo, Raúl sintió que le lamían el cuello con lujuria. 

— Wow, quieto ahí tigre, estás... — Raúl se soltó del abrazo, dejando sus manos en el pecho de Ramón — éstas muy caliente y... — su mirada se posó en la virilidad del tigre — rígido.

— No sé qué me pasa — Ramón luchaba por controlarse —, ya me la jalé tres veces, pero sigo cachondo. Ayer mi 'apá pensó que tenía fiebre y me dio un paracetamol, dormí bien, pero hoy amanecí así de duro — el bóxer tenía una mancha obscura y densa de líquido preseminal —. Estoy haciendo ejercicio desde hace rato pa' distraerme, creo que ya hice doscientas lagartijas, pero no se me pasa.

— Esto es muy extraño — consideró Raúl posando una mano en su barbilla —. Si fuera fiebre estarías cansado, en cama — Raúl sintió como Ramón le abrazaba por atrás y frotaba su cara y verga contra su cuerpo, preocupándolo — Aguanta, campeón — rió con nervios, separándose — No creo que esto sea normal, pero ahora que lo recuerdo... — Raúl sacó su celular —. La doctora me dio el contacto de un médico, guardé su número, le marcaré de una vez.

— Bro... — el felino intentó acercarse, pero Raúl le detuvo con una mano en la cara.

— Intenta tomar asiento, campeón. Cuenta hasta cien. Ya estoy marcando.   

Ramón se sentó en la cama, abriendo y cerrando las piernas con insistencia, mientras su amigo llamaba.

— Bueno, hablo con... — el hombre se despegó el celular de la oreja y revisó el nombre del contacto — ¿el doctor Flavio? ¿Sí? Saludos, doctor, habla Raúl Navarro, — se presentó — Obtuve su número de la doctora Benítez y necesito de su ayuda. Tengo un amigo que se convirtió en agreste hace poquito, unos días atrás, y hoy amaneció con el cuerpo muy caliente, pero no es fiebre, de hecho, se nota muy activo y... — Raúl miró a Ramón, jadeando, mirándolo con deseo — y está un tanto... cachondo, demasiado excitado, incluso tiene una prominente erección que no se baja con nada — pausó — Sí, aquí está. Permítame — Navarro alejó el celular de su oído y puso el altavoz —. Listo, doctor. Mi amigo lo escucha, se llama Ramón.

La balada de los pecadores: Fabula DrakoneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora