55 - Singularidad tecnológica

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Redacción: Ernesto Esquivel D.

Historia y personajes: Garrick. 


Los ojos de Raúl comenzaron a abrirse y, con pesadez absoluta, despertó. Aún adormilado y un poco desconcertado, se incorporó en la cama, mirando a su alrededor, descubriendo que se encontraba en recámara de Ramón, quien estaba a su lado, dormido, aunque por el movimiento, entreabrió los ojos, y al ver a Raúl despierto, el tigresote sonrió, bostezó y se estiró ante la mirada enternecida de su novio. 

— Por fin despertaste... — habló Ramón, con la voz carraspeada y adormilada — ¿Cómo te sientes? 

Y antes de que Navarro pudiera contestar, su estómago tomó la palabra, gruñendo de hambre. Raúl sólo colocó su mano en su abdomen, sonriendo, apenado.

— Esa panza tuya ruge más que yo — bromeo el tigre con una sonrisa, rugiendo, imitando el sonido de la barriga de Navarro.

— Muy gracioso — exclamó Raúl en medio de una carcajada —. Por cierto — pausó las risas —, ¿dónde están todos?

— Abajo, supongo — respondió.

Raúl intentó ponerse de pie, pero le resultó difícil moverse con fluidez. Al notarlo, Ramón se levantó rápido y extendió sus manos hacia su novio, quien le devolvió una sonrisa y se levantó con cuidado, poco a poco. Ramón ayudó a medio peinar a Navarro y, despabilando, fueron a buscar a los otros.

Al hacerlo, se percataron del alboroto que había en la cocina, al acercarse, descubrieron a don Mario y Fierabrás ya despiertos desde hace rato. Don Mario estaba sorprendido al ver al joven artista manejando las sartenes con destreza, haciéndolos girar en el aire con la gracia de un malabarista, mientras se movía de forma ágil entre los ingredientes como un bailarín en escena. Fierabrás cortaba las fresas, melón, papaya y sandía con la precisión de un espadachín, cada corte era un movimiento calculado que caía en un pequeño plato con una elegancia impecable. Volteaba panqueques con destreza, aplicando fuerza con precisión en la sartén, lanzándolos aire y atrapándolos de forma hábil con el mismo utensilio. El joven artista había conseguido, con agilidad, transformar frutas, huevo a la mexicana, aquellos panqueques y licuado de chocolate en un delicioso desayuno.

De inmediato, don Mario se dio cuenta que, fuera de la cocina, se hallaban Raúl y Ramón, con la misma mirada de asombro al ver a Fierabrás moverse.

— ¡Muchachos! — exclamó el padre del tigre, contento, acercándose a ellos —. ¿Cómo está, doc? ¿Cómo se siente? — preguntó a Raúl, quien antes de responder, sintió un retortijón en el estómago que lo hizo retorcerse de dolor.

— ¿Qué pasa? — cuestionó Ramón, asustado, tomando de la espalda a Raúl, esperando su respuesta.

— Es normal — mencionó Fierabrás, saliendo de la cocina con platos repletos de buenas porciones de panqueques, fruta y huevo en manos, colocándolos en medio de la mesa —. Tiene hambre, y ahora debe comer mucho, así que ven — pidió a Raúl que, de a poquito y con la mano en el abdomen, se sentó a la mesa.

Fierabrás se apresuró hacia la cocina y regresó con un plato extendido vacío, colocándolo frente a Navarro. Con habilidad, sirvió una abundante ración de huevo, panqueques y fruta.

Al observar la comida, Raúl no tardó en comenzar a desayunar, poco a poco, pero demostrando la feroz hambre que tenía, saboreando la buena sazón de Fierabrás y dejándose llevar por el deleite, combinando lo dulce con lo amargo del festín.

— Según lo poco que sé — explicaba el joven artista, mientras caminaba y regresaba de la cocina para llevarle un licuado de chocolate a Navarro —, las gemas utilizan la energía del cuerpo para convertirla en magia. Y dado que el cuerpo obtiene energía de la comida y el descanso, deberá dormir y alimentarse más para evitar la deshidratación o la desnutrición al utilizar su magia — Fierabrás optó por dirigirse a la sala, sentarse en el sofá y encender el televisor, mientras seguía conversando —. Recuerdo que, de niño, para hacerme comer, siempre me contaban historias de dragones que comían frutas, verduras, su sopa y vacas... — pausó, poniendo el canal de las noticias en la pantalla — No me sorprende, no hay nada de lo que pasó en la ciudad en la televisión. Nada.

La balada de los pecadores: Fabula DrakoneHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora