61 - Vendedora de caricias

22 4 0
                                    

Redacción: S. González.

Historia y personajes: Garrick.

Todo censor y sistema de alerta se volvió loco dentro de la vasta mente de Ira, eran cientos de simulaciones, decenas de planes de contingencia que procesaba intentando crear alguno que le sirviera para aquella situación. Si quería proteger las demás centrales de ser destruidas, entonces debía usar sus mejores recursos físicos. 

Por los altavoces de Carabancel, se comunicó con los demás pecados. 

— ¡Tenemos que erradicar a aquellos que osan oponerse a nosotros! — ordenó —. ¡Nuestras centrales de energía y datos deben de ser protegidas a toda costa! ¡Pecados, defiéndanlas!

Recostado en un sofá, en una de las estancias de la prisión, Pereza se limitó a alzar las orejas de conejo sin intención de levantarse. 

— Estás exagerando, hombre — Acedio cambió de posición en su lecho —, si tu quisieras ya habrías mandado a tus drones a que eliminaran la amenaza. 

— ¡¿No crees que lo he intentado?! — La IA estalló con la calamidad indiferente. 

— A ver, a ver — dijo el conejo, tapándose la oreja que no estaba cubierta por el cojín del sofá —, bájale dos rayitas, por favor, hablemos como adultos. 

Del altavoz salió un sonido extraño, casi como si Preter hubiese suspirado para calmarse.

— Lo he intentado, pero cada vez que mis drones se acercan a los objetivos, algo los destruye, como si tuvieran un amplio campo de fuerza — explicó Ira —. Tenemos que acabar con ellos de otra manera o no lograremos nada.

— No creo que sea para tanto — desestimó Lusto, que descansaba en otro sofá, opuesto al que usaba Pereza —, tenemos otras centrales, no importa si acaban con una, siempre habrá otra, tienes que verlo como un enorme sistema de respaldo, tú más que nadie deberías saber de eso, Ira.

— ¡Si esas amenazas terminan con todas las centrales seré yo el que morirá! — gritó la IA, desesperada. 

Fiero entró a la sala de descanso seguido de Avaricia y Envidia y bufó molesto ante el volumen de Preter. 

— ¿Y no crees que lo mismo nos pasará a nosotros, computadora? — respondió el gorila —. Estos cuerpos son mortales, lejos de buscar sobrevivir a cualquier costo, deberías buscar un oponente digno de nuestra fuerza. 

— Alguien con el poder para hacernos frente — complementó Avideco, esperanzado. 

— Alguien que pelee por su vida con la misma pasión que nosotros — declaró Envio.

— Demasiado sentimentalismo — replicó Ira, altanero —. Ustedes, como criaturas carnales, no comprenden las desventajas de un cuerpo y mente frágil, por lo que su razonamiento es inferior. 

— Juegas a la segura — respondió Pereza —. ¿Qué tiene eso de divertido? 

Al lugar, llegó el general equino Deseo, presentándose con una reverencia. 

— Señor Lusto, los preparativos están listos. 

— Colegas, debo irme, tengo un show que presentar — el león se levantó de un salto —. Ira, deberías disfrutar más de los placeres de la vida.  

En el pasto, una figura comenzó a aparecer, la hierba se secaba resaltando unos trazos que se iluminaron cuando el pentagrama quedó completo, lanzando un pilar de luz que se potenció hasta que Júpiter, Raúl y Ramón, aparecieron transportados por Evangeline, dejando un dibujo quemado en el suelo. 

La balada de los pecadores: Fabula DrakoneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora