Jimin había llegado a Busan con emociones encontradas. El viaje en tren fue tranquilo, pero su mente no lo fue. Miraba por la ventana, viendo cómo el paisaje cambiaba, se sentía extraño. No sabía cómo se sentiría volver, no sabía qué esperar ni qué pensar. Estaba en blanco. Incluso cuando el tren se detuvo, Jimin estaba congelado mirando hacia la ventana, absorto en un punto fijo de la nada.
—No tienes que apresurarte a sentir nada, Jimin —le dijo su tía con suavidad, como si pudiera leer su mente. Jimin sonrió, pero su estado no cambió.
Cuando finalmente salieron de la estación, aquellos años pasaron por su mente como una película apresurada: la demanda contra su padre, la última conversación con Jay, las veces que había jurado que no volvería a este lugar. Busan había sido un refugio y, al mismo tiempo, una prisión. Jimin lo recordaba como un lugar donde se había sentido seguro por primera vez, pero también como el escenario donde su mundo había comenzado a romperse.
Había cambiado desde entonces. Todavía amaba usar ropa femenina y casi diario llevaba lencería bonita a juego con sus prendas, un hábito que le daba consuelo y confianza. Pero también había evolucionado; su estilo se había vuelto más maduro, más cómodo. Simplemente había sucedido, como si su armario hubiera crecido con él. Aunque, claro, no desperdiciaba los momentos correctos para ponerse una falda o un vestido bonito.
Su mente procesaba con lentitud todo lo que iba viniendo a ella, los recuerdos entre esas calles, las risas compartidas con Taehyung, cuando usaba alguna falda para salir a pasear y tenía que estar alerta de no encontrarse con su padre.
Su padre.
Jimin se tensó.
De pronto, las personas a su alrededor se convirtieron en su padre y el miedo lo invadió. Quería correr al tren, viajar hasta Daegu y refugiarse en los brazos de Yoongi. Pero también quería hacer aquella visita especial. Pensar en ello lo hizo sentirse un poco triste. No tenía recuerdos con su madre como quisiera. No se dio cuenta cuando subieron a un taxi ni tampoco cuando bajaron de este, pero ya estaban en la casa que había sido de su abuela.
Mientras su tío giraba la llave en la cerradura, su tía colocó una mano firme pero gentil sobre su hombro, como si quisiera anclarlo al presente. Jimin entró despacio, deteniéndose en la entrada para quitarse los zapatos, alineándolos cuidadosamente junto a los de su tía. Arrastró su maleta hasta el inicio de las escaleras y suspiró antes de mirar a su alrededor.
Su mirada se detuvo en las paredes cubiertas de fotos antiguas. Retratos de su madre joven, siempre con una sonrisa luminosa; de su tío en su adolescencia, con un cabello que parecía desafiar la gravedad; y de sus abuelos, serenos y orgullosos, como si posaran para la posteridad. Mordió el interior de sus mejillas y desvió la mirada, en su pecho yacía culpa, una que no le permitía mirar los recuerdos su madre. Se había ido de Busan para no volver hace unos años, ni siquiera se despidió de su madre y había estado tan absorto en sus pensamientos que tampoco la pensaba mucho. A veces sentía que no había algo a lo qué aferrarse, no tenía recuerdos con ella, no sabía cuál era su aroma o cómo se sentían sus caricias, pero sabía que ella lo ama hasta el infinito.
Caminó hasta la cocina donde sus tíos estaban limpiando un poco, pero el camino hacia aquella parte no le permitió escapar de sus pensamientos, sobre la pared había más fotos de su madre sentada en unos columpios, con un perrito, algunas fotos familiares e incluso su madre vestida de novia. Sus ojos escapaban como si fuesen jalados hacia el piso. Al entrar en la cocina se sentó en la pequeña mesa mientras escuchaba a sus tíos charlar sobre lo que cenarían esa víspera de navidad. Había estado más de una vez en aquella cocina, a veces los fines de semana venía de visita y jugaba con sus abuelos y se sentía protegido y lejos del continuo estrés que le causaba su padre. Hasta que cumplió once años y su abuela partió, un mes después su abuelo la acompañó víctima de la tristeza. Jimin pensaba que eso era una prueba del inmenso amor que se tuvieron más allá del final.
ESTÁS LEYENDO
Valium // YM
Fiksyen PeminatSegunda temporada de PARACETAMOL. ¿Qué tan rápido se olvida una mentira? ¿Qué tan rápido un golpe deja de doler? ¿Qué tan rápido se puede dejar de amar? ₊˚✧ (!) Es importante que lean la primer temporada.
