Segunda temporada de PARACETAMOL.
¿Qué tan rápido se olvida una mentira?
¿Qué tan rápido un golpe deja de doler?
¿Qué tan rápido se puede dejar de amar?
₊˚✧
(!) Es importante que lean la primer temporada.
¡Por supuesto que había bebido! Aunque no fue al propósito.
Bien. Los primeros tres tragos lo fueron, luego de eso todo fluyó. Tres tragos se convirtieron en cuatro, y luego se multiplicaron por dos. Hasta que Jimin salió de aquel bar a media noche; llorando.
Honestamente, ni siquiera sabía por qué lloraba. ¡Estaba de acuerdo con la decisión de Jay! Era hora de avanzar y entonces llevar la vida que se imaginó cuando dejó la casa de su padre. Era hora para Jimin. Para él mismo. De sentirse bien porque él mismo se elogia y se ama.
Pero estaba demasiado ebrio para pensar en ello, así que siguió caminando con la mirada hacia abajo, jugando a no pisar las rayas del pavimento. Sus labios eran un puchero rojizo, sus mejillas eran un par de manzanitas gordas y rojizas. Su cabello... Su cabello se veía bastante bien, a decir verdad. Pero lloraba tan alto llamaba fácilmente la atención de la gente.
Y luego, creyéndose valiente y soberano, caminó sobre el borde de la banqueta. Si perdía el equilibrio hacia la derecha: caería y con suerte un camión pasaría sobre su cabeza. Aunque Jimin no estaba pensando en el suicidio. Los borrachos hacen cosas de borrachos, fin. Entonces procedió a murmurar para sí mismo que Jay estaría bien, que seguirían siendo amigos. Que Gray entendería sea cual sea la decisión de Hyunjin. Y listo. El mundo sólo cambiaría pero esas cuatro personas. No cambiaría el mundo entero ni vendría un final apocalíptico por elegir a alguien a quien amas de verdad.
Tan fácil como eso.
Quiso llamar a Tae, oh, de verdad quería llamar a Tae. Pero estaba lejos de sus planes ser un grano en la pompi del que fue su mejor amigo. Tampoco quería molestar a Jin, o a Jae. A nadie.
Usualmente Jay vendría a rescatarlo. Lo subiría al auto, manejaría hasta casa y cuidaría de él. Pero Jimin entendió que solos venimos, solos estamos y solos nos iremos. Nunca nadie será nuestro completo héroe.
Así que pateó una piedrita. Cruzó la calle junto a un grupo de personas, pues por su cuenta hubiera sido imposible en tal estado. Él se quedó mirando a la nada y el grupo de personas siguió su camino dejando a Jimin en una pequeña isla de cruce peatonal. Caminó decidido a pasar la calle pero se arrepintió cuando le tocaron el claxón y evitaron arrollarlo.
Entonces se quedó ahí en medio esperando a que una persona fuese a cruzar la calle y poder cruzar.
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El chico miraba cauteloso por la ventana del auto, no queriendo pasar de largo a quien buscaba.
Incluso dio un par de vueltas, un mensaje encendió la pantalla del móvil y leyó desde la vista previa. Mordió el interior de su mejilla. Agudizó su vista hasta que dio con el objetivo. Entonces pagó al taxista y bajó. Arrastrando los pies, casi no queriendo llegar, cubrió a Jimin con una chamarra calientita, roja, y el más bajo miró hacia arriba. Jay había vuelto por él.