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El día pasó rápido entre risas, besos e incluso una vuelta en bicicletas rentadas. Aunque a Jimin no le encantaban las bicicletas, sí le encantaba Yoongi y verlo feliz. Cada pequeño momento se sintió como un destello efímero, pero cargado de una felicidad tan intensa que ninguno de los dos quería dejarlo ir. Cuando el cielo comenzó a teñirse de tonos naranjas y rosas, decidieron regresar a casa.

Caminaron riendo al recordar al pato, compraron algunas botanas y nunca se soltaron de las manos hasta llegar a la casa del menor.

La puerta de la casa de los Park se abrió con un leve chirrido, dejando entrar a los chicos. El interior estaba tranquilo y cálido, iluminado solo por una lámpara tenue en la sala. Jimin dejó las llaves en un pequeño cuenco cerca de la entrada, girándose hacia Yoongi con una sonrisa.

—Mis tíos todavía no han llegado —comentó, pateándose los zapatos para dejarlos junto a la puerta.

Yoongi hizo lo mismo, dejando escapar un suspiro mientras estiraba los brazos por encima de su cabeza.

—¿Quieres subir a mi habitación?

Yoongi dudó un segundo antes de responder, acariciando suavemente el brazo de Jimin.

—Prefiero quedarme abajo.

La respuesta fue sincera. Yoongi no quería que los tíos de Jimin llegasen y les pareciera fuera de lugar que estuviesen arriba solos ahora que sí eran pareja, pero Jimin no pudo evitar sentir una pequeña punzada en el pecho. Aunque no era enojo, pensó que Yoongi evitaba algo, y eligió comprenderlo así que se limitó a asentir.

—¿Me regalas agua? —preguntó Yoongi mientras dejaba la bolsa de las botanas en la mesa de centro y se dejó caer en el sofá.

—Claro. —Jimin fue hasta la cocina pensando en que el ritmo de Yoongi sería lento y él debía comprenderlo, que eso no significase que no lo quiera o le guste. Convenciéndose a sí mismo que no había nada malo.

Yoongi se acomodó en el sofá, encendiendo la pantalla mientras Jimin desaparecía momentáneamente en la cocina. Al poco tiempo, regresó con un vaso de agua y se lo ofreció, sentándose a su lado en el sofá.

En la televisión, una película ya había empezado, pero ninguno de los dos le prestó demasiada atención. La luz tenue del ambiente y la tranquilidad del momento les permitieron relajarse en silencio por unos minutos.

Yoongi rompió el silencio primero, girándose un poco hacia Jimin mientras tomaba un sorbo de agua. No sabía si era su cansancio, su imaginación o Jimin se había puesto raro.

—¿Cómo te la pasaste hoy?

Jimin lo miró con una pequeña sonrisa, la luz volviendo a su rostro al recordar el día.
—Me divertí bastante. Fue un día perfecto.

Yoongi sonrió, sintiendo un calor reconfortante en el pecho.
—Me alegra escucharlo.

Jimin se mordió ligeramente el labio antes de devolverle la pregunta.
—¿Y tú? ¿Cómo te sentiste?

Yoongi no dudó ni un segundo.
—De maravilla. Siempre es así contigo.

Las palabras de Yoongi tenían un peso especial en la penumbra de la sala. Jimin sintió cómo su rostro se calentaba, y antes de poder decir algo más, Yoongi dejó el vaso en la mesa y se inclinó hacia él. Sus labios se encontraron suavemente, pero esta vez había algo diferente.

La luz tenue hacía que el ambiente se sintiera más íntimo, como si el resto del mundo hubiese desaparecido. Los besos eran lentos, profundos, como si trataran de memorizar cada segundo de aquel momento. Yoongi deslizó una mano hacia la mejilla de Jimin, acariciándola con delicadeza mientras el otro chico lo tomaba por la cintura, acercándolo más.

Valium // YMDonde viven las historias. Descúbrelo ahora