La Bratva ha decidido abandonar "La asociación" comandada por Eiden Palacios, con ello, consolidan una vez más su enemistad.
Madaby Palacios no es ninguna paloma blanca, a pesar de los esfuerzos vanos de su hermano mayor, se verá atraída por los be...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
— ¡Está aquí! ¡Está aquí!
— Oye, Eli, vos no vayas a querer mover. – y movió el trozo de concreto como si fuera algodón. – Eso. – entre los dos quitamos los escombros hasta liberar a Gamaliel, Eli comenzó a explorarle la cabeza y el cuello.
— No tiene más heridas, solo la que sangra, está por aquí. – señaló cerca de su frente, se acercó a su pecho. – No está respirando. – yo estaba congelado, no sabía qué hacer mientras ella comenzó a hacer labores de reanimación. – Vamos pudín. – siguió haciendo labores, cada vez más desesperada. – Vamos, cariño, no me dejes, no seas así, vamos, vamos. – volvió a hacer labores de reanimación y fue así como volvió, dio una bocanada grande de aire y tosió, estaba más inconsciente que consciente.
— Gamaliel ¿Vos me escuchas? – se quedó inconsciente nuevamente, Eli volvió a revisarlo.
— Respira, pero tenemos que sacarlo de aquí ¡Eiden! ¡Tenemos que sacarlo de aquí! – le decía a mi primo mientras lo inclinaba y revisaba su espalda. – Y no podemos moverlo a la ligera, creo que tiene algún problema con la columna.
— Nuestros amigos llegan en cinco.
— No sé si tenga cinco.
— Es lo que puedo ofrecer. – dijo mientras tácticamente, disparaba...
...
— ¿Gideon? – respingué, sacudí la cabeza y miré a Eli. – Perdón, no quería asustarte, ha despertado y quiere verte.
— ¿Despertó? – Eli sonrió y asintió.
— Te espera.
— Gracias. – me levanté frotándome el cuello, el estómago me dolía y sin drama, en serio me duele, abrí la puerta y lo miré, Dios, ya no puedo con esto.
— Hermano. – exhalé con alivio, me llevé las manos a las caderas y miré al suelo.
— ¡Vos sos un hijo de puta Gamaliel! Estoy harto de vos, te quiero devolver.
— Vos no comiences. – susurró.
— ¿Qué no empiece? Oh sí, claro, claro que voy a empezar, pelotudo de mierda, estoy harto de vos, quiero el divorcio.
— Vos no te podés divorciar de mi, aunque quisieras, el pelotudo sos vos.
— No puedo, no puedo con vos, Gamaliel, me pregunto cuántas putas cajetudas veces voy a entrar a una habitación de hospital antes de verte muerto ¿Cuántas?
— No lo sé, Gideon, no quiero pelear con vos.
— ¡Yo sí quiero! Y con ello basta, vos vas a pelear conmigo porque yo quiero pelear con vos, así de sencillo.
— Gideon, vos estás enojado, porque vos te asustaste.
— ¡No, qué va! Fue una maravilla verte a vos enterrado entre escombros y a Elizabeth controlando su histeria para revivirte porque ya no respirabas, imbécil que sos.