La Bratva ha decidido abandonar "La asociación" comandada por Eiden Palacios, con ello, consolidan una vez más su enemistad.
Madaby Palacios no es ninguna paloma blanca, a pesar de los esfuerzos vanos de su hermano mayor, se verá atraída por los be...
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Está claro que no la encontré en Jalisco, viajó a la Ciudad de México y yo como idiota detrás de ella, no me respondió el teléfono, le mandé mil mensajes y no me leyó, llegué corriendo al aeropuerto en el que revisé aerolínea por aerolínea y no la encontré, ya me dolían las piernas, revisé los vuelos próximos hasta que llegué a la indicada, tarde.
— ¡Detenga el avión! ¡Ahora! ¿Es el vuelo 702? Deténgalo, ahora.
— Señor, no podemos hacer eso, está próximo a despegar.
— Mi novia va en ese avión y no se puede ir.
— Lo siento. – azoté la mano en el mostrador, salí corriendo a cualquier lado, tengo que llegar a la puta pista, voy a llegar a la puta pista ahora mismo. Bajé por una puerta que decía "solo personal autorizado", corrí y me encontré con una puta malla de la altura del ego de Eiden y me llevé las manos a las caderas.
— ¡Puta madre! – gruñí, sin pensarlo tanto, me aventuré a saltar la puta malla, claro está que, con el traje que traía puesto, me rompí la madre al caer del otro lado, me torcí el tobillo, lloriquee como una mariquita pero aun así seguí caminando.
— ¿Qué está haciendo aquí, señor?
— Vengo a detener ese avión. – lo señalé, supongo que me veo totalmente idiota haciendo eso, ya que, ni siquiera mido lo que la puta llanta, le quité su carrito de las maletas, hice un total desmadre para llegar a la puerta del avión y entrar como el maldito dolor de muela. — ¡Madai! ¡Madai! – la busqué en los pasillos, seguro está en primera clase, es una diosa, no la culpen por ser hermosa y también millonaria. — ¡Madai! ¡Madai! – estaba cojeando en serio, sin embargo seguí caminando.
— Señor, no puede estar aquí.
— ¡Madai! ¡Madai! – seguí aventando cuan ser humano se atrevía a meterse en mi camino.
— ¿Mauro?
— Madai, no te puedes ir.
— Señor tiene que descender del avión por favor. – me dijo personal de seguridad, piensan a estas alturas que soy un maldito terrorista.
— Madai, te amo, en serio, soy pendejo, eso no es delito por desgracia para ti, pero te amo, no he amado a ninguna mujer como te amo a ti. – un guardia me tomó del brazo. – Oye, no me toques ¿No ves quién soy? No me toques si quieres seguir viviendo. – volví a mirarle.
— Es tarde, Mauro.
— Madai, no me imagino una vida en la que tú no estés, cásate conmigo, vive conmigo, quiero todo tipo de compromiso contigo, no correré más, sé que tú no eres ella, sé que tú si vas a llegar, cásate conmigo Madai, no tendré que temer más. – llegó más personal de seguridad, el pie me dolía, pero no más que mi corazón, me sacaron a jalones del avión.
— Guapa, si no te vas tú con él, lo haré yo.
— ¡Qué envidia! – decían, pero no fue suficiente, ella no se movió, me sacaron del avión y me llevaron a donde llevan a las personas que transportan droga, me quité el saco y creo que es la primera vez en muchos años que tengo unas inmensas y desbordables ganas de llorar, un médico me atendió el tobillo, me dijo lo que tenía, me valió una mierda y le dije que si a todo lo que me preguntó, me dio medicamento y me enyesó el tobillo mientras se me escapaban las lágrimas, siento como si me hubieran arrancado la vida.