CAPITULO LXXX "DIALOGO CON LA REINA DE ARGENTINA"

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— Esperemos que les guste lo que hemos preparado

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— Esperemos que les guste lo que hemos preparado.

— Huele muy bien, cariño ¿No hiciste mucho esfuerzo, verdad?

— Hubiera sido de no ser por Liza y su palita amenazante.

— ¡Tocino, qué rico! — celebró Darah.

— Sé que el bebé anda fascinado con el tocino, así que te di bastante, arriba los italianos y su amor por la grasa.

— Algunos, no todos — dijo Jack.

— ¿Ya tenén fecha para la boda? — pregunté, Gamaliel miró a Eli.

— Será en pocos días — respondió.

— ¿Qué han dicho los médicos? Dudo que vos quieras ir lesionado a tu noche de bodas hijo. — tosió un poco.

— Considero que en un par de semanas estaré bien, contando la que ya aconteció.

— Lo tomé en cuenta señor Rivas, por eso la fecha aún no está fijada, pero sé que será pronto.

— Bien ¿Han decidido si habrá fiesta de compromiso?

— No la habrá — respondió ella.

— Si, si, pasaremos al "si acepto".

— ¿En dónde piensan vivir? — preguntó mi esposa.

— Tengo trabajo aquí en México, creo que no hay problema si estamos un tiempo viviendo en la capital ¿O sí? — le preguntó Gamaliel a Eli.

Negó — Como tú quieras. En mi familia estamos acostumbrados a ser como gitanos, ¿cierto ma?

— Así son los genes.

— Bueno, la capital será mientras mi jefe no dé me devuelva mi alma.

— Eiden es buena persona, dime si no lo es, lo disciplinaré.

— Vos lo has dicho madre, el pibe es buenito.

— Aunque hay un detalle que nos gustaría resolver — miró a su padre y seguido a mi esposa —. Nos gustaría y apreciaríamos en verdad que hicieran las paces.

— ¿No prefieres una motocicleta nueva? — le preguntó Jack.

— Sinceramente sí, pero eso no resolverá lo que quiero.

— Linda, te vas a casar con mi hijo y no me opongo, eso debería satisfacer sus requerimientos conmigo.

— Madre.

— Es la verdad.

— Yo sé bien que usted no se opone, mi problema radica en cómo se tratan usted y mi padre.

— No es mi culpa que sus neuronas me provoquen irritación, no es necesario que nos tratemos, gracias a Dios, él vive en Texas y yo, en Buenos Aires, cuando ustedes tengan bebés nosotros vendremos a México, o ustedes visitarán Argentina, coincidiremos en los cumpleaños y eso es todo, amor ¿Mis padres tenían trato con los tuyos? — miré a mi esposa.

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