La Bratva ha decidido abandonar "La asociación" comandada por Eiden Palacios, con ello, consolidan una vez más su enemistad.
Madaby Palacios no es ninguna paloma blanca, a pesar de los esfuerzos vanos de su hermano mayor, se verá atraída por los be...
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No les puedo explicar lo que sentí en ese momento, las piernas no me eran lo suficientemente fuertes para acercarme a mi hermano, simple y sencillamente no lo podía creer. Me levanté como pude.
- Mauro, Mauro. - recordé mis momentos de pequeño con él, recordé cuando, en una ocasión, un niño más grande del colegio me golpeó y tuve que correr, Mauro estaba en clase de deportes, azotó el balón en la cara de aquel niño que, curiosamente, era de su edad, lo molió a golpes, lo expulsaron del colegio y, en acto de solidaridad, Remington hizo lo mismo. Estaba a escasos dos metros de mi hermano cuando alguien me disparó, me resbalé con una piedra y caí de cara sobre una lápida, apenas pude divisar a los pendejos Varela que nos habían seguido hasta el cementerio.
- ¡Qué manera más peculiar para morir, Joaquín! Me hubiera gustado dispararle a tu hermano, pero veo que, me ganó. - los Varela no se cansaban de ser cada día menos, Zac Varela, sus bastados dos hijos restantes y su manada de perros habían venido a buscar una ventaja que Mauro no les había querido otorgar, tragué saliva, yo tampoco vengo armado, mierda.
- ¿En dónde están tus amigos? - me gritó Luis Varela.
- Esto será muy divertido, papá, vamos Joaquín, quieres ir con tu hermano o no. - miré a los lados, no había forma de que saliera de aquí, su gente debe estar por todos lados, enterados de que esta oportunidad no la tendrían de nuevo por nada del mundo. Escuchaba sus pasos acercarse, eran demasiados.
- Lo quiero vivo, de matarlo me encargo yo. - la adrenalina se apoderó de mí y una vez que los sentí demasiado cerca, me moví protegiéndome con las lápidas y las estatuas, me protegí con una cruz, exhalé, todavía no asimilaba lo que Mauro había hecho cuando tenía que pelear por salir vivo de aquí, elevé el rostro hacia el cielo, de pronto, sentí como algo rodeó mi cuello, tiró fuerte hacia la columna de la cruz.
- Vaya, vaya ¿Qué tenemos por acá? - no era ningún Varela, pero claro está que no era mi amigo, ocupé ambas manos para contrarrestar la fuerza que ejercía sobre mi cuello, estaba cortándome, las manos me sangraron, apreté los dientes, si gritaba, vendrían los demás y ahora si estaría bien jodido. - Nada más placentero que rebanarle el cuello al beta de los Castillo. - estaba por darme por vencido cuando escuché una detonación muy cerca de mi rostro, el sujeto dejó de presionar y se quedó colgado sobre la cruz y a lo lejos, Remington apuntaba con la nueve milímetros, los nuestros habían llegado. Caí de rodillas al frente, me froté el cuello y tosí un poco, recuperé aire, mierda.
- ¿Joaquín?
- Estoy bien. - Remington me ayudó a levantarme, me revisó el cuello.
- ¿Y Mauro? - me preguntó Eiden, creo que mi mirada le dejó claro que no estaba bien. - Hijo de puta. - volvieron a dispararnos, Gideon se cubrió.
- A las tres, inclinado a la derecha. - le dijo a Eiden, éste suspiró y sacó la mano para disparar, había dado en el blanco, lo último que escuchamos es el cuerpo de alguien caer.