CAPITULO XL "LOS RUSOS TIENEN SAN PETERSBURGO"

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En cuanto noté el movimiento de la gente de Antonio desde hace días supe que alguien había dado órdenes para esto, así que se me hizo muy fácil ir a ver a Antonio y preguntarle qué pasaba

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En cuanto noté el movimiento de la gente de Antonio desde hace días supe que alguien había dado órdenes para esto, así que se me hizo muy fácil ir a ver a Antonio y preguntarle qué pasaba. 

— ¿Y los cambios?

— A mí no me preguntes, yo solo sigo instrucciones de tu hermano, me pidió que moviera nuestra gente al norte.

— ¿Al norte?

— Si, recibiremos un cargamento ahí, no quiere problemas ¿Por qué me preguntas a mí? Pregúntale a él.

— ¿Por qué estás de malas?

— Porque me estás cuestionando, no me gustan las preguntas, es todo, lo mejor será que vuelvas a Moscú, claramente no sé qué es lo que está pensando Eiden, si quieres averiguar, puedes tomar el teléfono y hacer preguntas.

— Sabes que no puedo hacer eso. – le dije rodando los ojos.

— ¿Es mi culpa? – hizo una pausa. – No, claro que no, gracias, gracias por entender que no es mi culpa que no puedas hacer preguntas a tu hermano sobre estos temas, vuelve a Moscú, Madaby, me voy.

— Adiós, enojón ¿La Castillo no sede? Cambiaste mucho después de darte cuenta que ya no te gusto.

— Omitiré emitir mi comentario al respecto. – tomó su saco y salió de la casa, me quedé pensando ¿Qué está pasando? Me senté en el sofá a esperar, no sé exactamente qué esperar, pero estaba aquí esperando que pasara algo extraordinario, me quedé dormida después de unos minutos, no sé cuánto tiempo pasó cuando escuché disparos, me desperté de inmediato, tomé mi arma y me di cuenta que, en efecto, nos atacaban.

— ¿Qué mierdas estaba pensando Eiden cuando mandó retirar los núcleos del este? – hombres armados vestidos de negro llegaron, en la casa éramos pocos, tomarían sin dudarlo, pero también sin dudarlo, defendería este lugar, preparé mi arma y disparé, al momento de hacerlo, reconocí el uniforme, son los rusos, esos rusos que quisieron matar a mi hermano, hijos de puta. Al momento de verme disparar retrocedieron, salí por la ventana topándome con uno de ellos, que por instinto me apuntó, pero no disparó, entonces supe que era ese hombre, ese hombre que había perseguido en la fiesta. — ¿Me recuerdas? – asintió levemente, habían venido desde el oeste a San Petersburgo, sus hombres habían expulsado a los nuestros que salían con destino al este, dispararon en nuestra dirección, el sujeto me tomó del brazo, tiró fuerte de mí y me lanzó por la pendiente, rodé unos cuatro metros antes de poder levantarme, lo vi correr hacia la casa de seguridad principal, lo seguí ¿Mi arma? Mierda, no importa, si lo alcanzo sus minutos están contados, así que corrí, corrí detrás de él hasta llegar a la "Y" en el camino, me detuve, él se iba a la izquierda, pero en la derecha vi la camioneta de Antonio llantas arriba. – Antonio, es tu día de suerte, otra vez, hijo de puta. – le dije en ruso y corrí hacia la derecha a buscar a Antonio. — ¡Antonio! ¡Antonio!

— Madaby, no te acerques, explotará.

— No seas idiota, no te voy a dejar ahí dentro. – bajé hasta donde se encontraba, rompí la ventanilla con una gran roca y una vez que lo hice, saqué a Antonio. – Dame la mano.

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