CAPITULO XLIII "EL SECRETO DE GIDEON"

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SEMANAS DESPUÉS

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SEMANAS DESPUÉS

MIAMI – FLORIDA.

Tenía la cara contra el colchón, abrí los ojos de forma torpe y miré a una mujer dormida a mi lado, la espalda me dolía y la cabeza también.

— ¿Quién sos vos?

— ¿En serio?

— Si, en serio. – le dije.

— Idiota. – se levantó, tomó su ropa y se salió de la habitación, me senté en la cama como un zombie, hice crujir mi cuello, tomé un cigarrillo y lo encendí, le di la primera calada y de nuevo estaban ahí, esos putos condones se habían vuelto mi némesis, simple y sencillamente no entiendo qué es lo que me pasa, mi móvil vibraba como un demente, lo alcancé y respondí.

Hallo Bruder. – dije.

— ¿Qué haces cabrón? ¿En dónde estás?

— Miami.

— ¿Qué haces allá?

— ¿Sos mi vieja, Mauro?

— No, claro que no ¿Qué tal te fue anoche?

— No puedo culear con nadie, no llego a tal necesidad, solo me limito a dormir con mujeres ¿Estaré enfermo?

— De amor.

— ¿Eso existe? – me bebí un trago de tequila. – Soy un hombre nuevo, solo me falta dar ese paso, me limité durante cuatro años, creo que es eso.

— Tal vez, esta noche es la cena de compromiso de Shantall y Gideon, espero no lo hayas olvidado. – la que me parió.

— Claro que no, tomaré un vuelo a Tequila en un par de horitas.

— ¿Estás bien?

— Sí, claro que lo estoy, nos vemos en la noche. – colgué. – Me lleva la puta madre. – entré a la ducha, me vestí y salí corriendo del hotel al aeropuerto, el próximo vuelo a Jalisco era en una hora, excelente. Llamé a Antonio.

— ¿Qué pasa contigo?

— Nada, pelotudo, necesito un traje, vos venís para Jalisco y yo necesito un traje, vos trae uno para mí, por favor.

— ¿Por qué haría eso?

— Porque si no lo traes le diré a Mauro Castillo que estás molestando a su hija y le pediré me conceda el honor de cortarte los huevos con unas tijeras ¿Tenés dudas?

— ¿De qué color?

— No lo sé, negro, qué se yo.

— Negro será.

— Gracias. – colgué, revisé mi Instagram percatándome de que estaba etiquetado en muchas fotografías con mujeres, cerré un ojo. – Ah, esto no se verá bien en mi historial político. – el dolor de cabeza me estaba matando, la sobrecargo fue muy amable en ofrecerme pastillas para el dolor, es una pena que no pueda fumar ahorita, me haría muy bien. – Gracias. – leí su nombre a un costado de su impecable uniforme. – Jessica.

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