CAPÍTULO XLIV "CORTO DE IMAGINACIÓN"

280 35 80
                                        

LIZETH LOZANO

Jared estaba dormido, aunque ustedes no lo piensen o lo sepan, Jared puede ser un rockero mil mujeres, pero sin duda, conmigo ha sido más que un caballero. Tomé su guitarra y me senté cerca de él, mirarlo dormido era bonito, es como ver a un león cansado de rugir por todos lados. Comencé a cantarle una canción, que más que canto era una petición.

— ¿Qué haces? – abrió un ojo, mientras yo le cantaba la canción.

— Amore mío, me gustas más por algún motivo, tal vez el mar se enamoró de la Luna, y así la ternura hoy no cabe en mí, hoy prefiero volar. Amore mío, en tres palabras quítame el frio del cuerpo el alma y el corazón, ¿si me entiendes o no? Dime Amore mío. – se apoyó en su antebrazo para mirarme mejor.

— ¿Quieres que tengamos sexo? – lejos de enojarme, me provocó una gran carcajada su incredulidad, se cubrió el pecho con la sábana. — ¿Por qué querrías tener sexo conmigo?

— Hoy me gustas más por algún momento. – me señaló.

— Calentura. – dejé la guitarra, me senté a horcajadas sobre él y lo recosté.

— Amor.

— Oh, estás intensa y de bueno humor esta mañana.

— ¿No te gusto lo suficiente como para tener sexo conmigo?

— ¿Bromeas? Te he deseado desde que te vi en el avión esa vez ¿Por qué me dices esas cosas?

— ¿Entonces porque no has querido tener sexo conmigo?

— ¿Quién te dijo eso? Siempre he querido, no sabía si tú querías, no quería, así como que, meter la pata, pero ya que estás decidida a complacerme, no te voy a detener.

— ¿Hablas en serio?

— Demasiado en serio. – se giró y quedó encima de mí. – Pero no lo hagamos así, vayamos a la fiesta y hagamos un juego de seducción completo, vengamos acá y brindemos por la feliz pareja que se casa pronto.

— Sí, sí, sí. – no dejé pasar la oportunidad de toquetearlo mientras se quitaba de encima.

— ¿Te gusta mi trasero?

— Me encanta, todo me gusta de ti, estás riquísimo.

— Mira nada más qué presumida eres. – nos besamos.

— Tu hermano ya llegó, lo escuché abajo.

— Vamos, espero nos haya traído de todos los lugares en los que estuvo con Roma, vamos, ponte algo. – bajamos y la escena no fue lo que esperaba, Eiden estaba afuera de la puerta del baño, paradito como un soldado.

— Hola, ella no me deja entrar.

— Está en el baño, ¿Por qué te dejaría entrar? ¿Te volviste pervertido? – entonces escuché que, efectivamente, Roma estaba devolviendo el desayuno en el inodoro del baño principal, apreté los dientes. – Ya pegó.

— Creo que sí, se hará la prueba de embarazo después de vomitar. – pegó la oreja a la puerta. — ¿Morena?

— Estoy bien.

— Pobre, hola, Eiden.

— Hola Liz. – tomé la mano de Jared, creo que no es momento de exigir suvenires. Roma salió del baño, se veía pálida, le dio la prueba a Eiden que la miró.

♛ 𝘌𝘯𝘦𝘮𝘪𝘨𝘰𝘴 𝘐𝘯𝘵𝘪𝘮𝘰𝘴 ♛Donde viven las historias. Descúbrelo ahora