Capítulo 10

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"12 de octubre de 1991"

El fin de semana se había echado encima.

El sábado Nicky y Bonnie habían quedado para llevar a los niños al parque, como cada fin de semana.

Dejaron a Mary y a Michelle jugando con Sergio. Ellas dos se pusieron a hablar.

Nicky empezó a contarle lo que había visto en la Casa de los Williams el jueves anterior cuando regresaba a casa con los niños.

—Nicky, estabais cansados. Tú misma has dicho que esa casa está totalmente cerrada. Es imposible que alguien pase a su interior.

—Vimos lo que vimos, Mary. Si no sucedió, ¿cómo vimos mi hijo y yo aquella lucecita? ¿Cómo vio él aquella sombra? ¿Cómo puede estar él tan seguro que era un hombre?

Bonnie notó el tono de enfado en la voz de su amiga. Entendía aquello como algo normal. Estaba segura que tanto ella como su hijo vieron algo dentro de aquella casa, pero no tenía por qué ser real.

En la universidad, cuando recibía clases de psicología adaptada a la docencia, le enseñaron que la mente humana puede jugar malas pasadas. Aunque esto era habitual en niños pequeños, los adultos no están exentos de que su cerebro les haga creer que perciben algo que realmente no existe.

No podía decirle esto a su amiga. Habían estudiado lo mismo, por lo que ella tenía que saber esto al igual que ella. Además, con independencia de los estudios realizados, no es bueno decirle a alguien que esas cosas están solo en su cabeza o que su paranoia se la está dando a su hijo.

Bonnie se quedó callada. Decidió que en vez de decirle algo que la pudiera molestar, sería mejor cambiar de conversación, aunque solo fuera en parte.

—Charles, no para de darle vueltas a las historias de esa casa, a las cosas que ha oído respecto a ella. Le encantan los temas sobrenaturales – le dijo a Nicky.

—Espero que no te acerques demasiado a ella. Este asunto no va a traer nada bueno, Bonnie.

El tono de voz que seguía utilizando Nicky cuando se mencionaba en algo aquella casa no terminaba de hacerle gracia a Bonnie. Era una simple casa.

Bien era cierto que no había tenido oportunidad de hablar sobre la historia del pueblo o sobre los Williams con nadie más que con ella, y, menos, sobre la casa.

Empezaba a tener curiosidad por la casa y por la familia que la habitó. Quería saber por qué una persona racional como Nicky tenía esos miedos con respecto a un simple edificio.

Por otro lado, era un pueblo entero quien contaba historias sobre ese lugar. Algo tenía que haber en ese lugar para que todos los habitantes de una localidad contaran cosas sobre un mismo lugar.

—¿Por qué todos tenéis tanto miedo? – preguntó –. Solo es una casa.

Nicky resopló. Estaba incómoda hablando con ese tema.

—Ningún adulto quiere acercarse a esa casa. Sé que es difícil de creer, más aún cuando no te has criado aquí.

—Tenía entendido que era una casa medio en ruinas, que no os gusta que los niños vayan porque es peligroso.

_No es por el posible derrumbamiento de la casa, que también. Hay algo más ahí dentro.

El intento de Bonnie de cambiar de tema no había funcionado. Al final habían terminado hablando del mismo tema.

Se quedaron en silencio, mirando a los niños. Estaban los tres jugando juntos. Aunque apenas se relacionaban con otros niños.

—Sergio siempre ha sido así? – preguntó Bonnie a su amiga.

—¿A qué te refieres?

—Solo juega con su hermano y con Mary. Apenas tiene amigos. Me preocupa que siga así.

—No. Se ha encerrado mucho en sí mismo desde que su padre murió.

La muerte de Sergio había cambiado la vida de esa familia.

Bonnie se fue a casa con un sabor agridulce en los labios. La situación de Nicky no debía ser demasiado fácil. Criar a dos niños ella sola tenía que ser, como poco, complicado. Más aun cuando el segundo niño nació tras la muerte de su marido.

El camino de regreso lo hicieron en completo silencio. Sergio corría a casa a sin prestar atención a su madre, la cual intentaba no perderle de vista.

Bonnie entró en casa y dejó a la niña en la trona. Le dio un fuerte abrazo a su marido.

Nunca se había parado a pensar en qué significaba tener a un hombre como él al lado.

Aunque Charles era un hombre un poco seco y, en ocasiones arisco, era una maravillosa persona. Sobre todo, estaba a su lado, seguía vivo. Podía ayudar a criar a Mary y esta podía disfrutar de él.

La cena ya estaba lista. Charles había tenido poco tiempo aquel día para prepararla. Se acercaban unos días un poco ajetreados en la empresa y estaba empezando a estar un poco saturado.

—No sé si me gusta que estés tanto tiempo con Nicky –. Le dijo.

—¿Por qué? – Contestó ella ayudándole a terminar de poner la mesa.

—Parece que toda su vida gira alrededor de esa casa. Creo que toma sus decisiones basándose en sus miedos en ella.

—Creí que ese tema te interesaba. Una casa abandonada, un pueblo entero que cuenta historias sobre ella... Hace años te hubieras vuelto loco.

—Una cosa es esa y otra muy distinta que todo lo que se decida gire alrededor del miedo que te provoca un lugar.

Bonnie asintió. Tenía razón, pero esa no era razón suficiente para dejar de hablar con una persona.

_No pienses que esto lo digo para que no vuelvas a relacionarte con ella. Jamás se me ocurriría tal cosa.

_Lo sé – contestó ella. 

Casa EncantadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora