65. Castigo.

364 54 16
                                        

Despierta.

En una cama demasiado cómoda, en una habitación demasiado limpia, en un lugar con el cielo demasiado despejado.

En un lugar donde nadie tiene hambre.

Ha muerto.

—Creí que volvería a verte más pronto —la recibe Suguru, apoyado en el marco de la puerta de la habitación—, sabiendo lo descuidada que eres en tus combates te tomó un buen rato regresar.

—Temía que venir a visitarte me distrajera de todo lo que estaba sucediendo al otro lado —admite, sin intención alguna de levantarse de la cama—. Solo venía a verte una última vez.

—¿Una última vez?

—Devoraré tu cuerpo. Derrotaré a Kenjaku, y cuando él muera tu alma será liberada...

—¿Estarás bien?

—No te he necesitado en estos últimos diez años, ¿no? —suspira fuertemente, cerrando los ojos unos momentos. En silencio saborea el interior de su propia boca, aunque tiene sus colmillos no hay un solo rastro de sangre atrapado en sus encías, al tragar su saliva no tiene sabor a hierro— Algún día estaré bien, pero ahora solo debo hacer mi trabajo.

—Un cadáver más a la enorme pila, eh —él suspira también, camina hacia ella y se acuesta a su lado en la cama.

—Ya eras un cadaver.

—Me refiero a ti.

—Ya lo era yo también.

Silencio una vez más. Ambos observan el techo sobre sus cabezas, hay un ventilador que da vueltas muy despacio, no emana brisa alguna, pero el sonido de su motor les resulta familiar. El mismo sonido del ventilador de la habitación de Gojo Satoru en sus años de estudiantes; un día se descompuso y él mismo lo arregló, y aunque volvió a girar lo hacía tan lento que no provocaba un solo viento. Geto Suguru presenció la ruina y reparación del ventilador, cuando Geto Shokue llegó a la academia solo se encontró con un ventilador mal reparado que incluso se podía seguir llamando descompuesto; ambos recordaban ese ventilador, pues ambos habían estado en el cuarto de Satoru por una razón o la otra.

—Nunca me haces preguntas —acusa, cambiando de tema drásticamente y bajando el rostro, frunciendo el ceño y apuntándolo con el dedo índice—. Más allá del "¿cómo estás?", ¿no te da curiosidad saber que pasa allá afuera? ¿Qué pasa con la academia? ¿Con Okkotsu? ¿Con el grupo al que llamabas tu familia? ¿No quieres saber que hace ese tipo con tu cuerpo? ¿Siquiera sabes que tu cuerpo está siendo poseído por un tipo con una técnica rarísima?

—No tengo interés en saber lo que está pasando —admite, encogiéndose de hombros—. No por indiferencia, diría de hecho que es por puro egoísmo —suspira y ahora es él quien cierra los ojos, siente a Shokue sentarse y encararlo—. Saber lo que está pasando allá afuera me pondrá triste... Me hará sentir impotente mientras esté atrapado aquí.

Silencio, puede sentir los ojos de Shokue bien clavados en su rostro.

La escucha tomar un fuerte respiro.

Separar los labios.

—¿No quieres saber cómo está Satoru?

La pregunta lo hace abrir los ojos bien grandes para encarar a su prima.

Ahora es él quien separa los labios.

Quisiera hablar de él por horas.

Por la eternidad entera.

Pero pronto frunce el ceño.

—Se casó, ¿no? —recuerda verle el anillo durante su último encuentro, el sencillo anillo de plata que resplandecía ante la luz del sol— Me da igual la vida de un hombre casado.

Hambre ;; JJKDonde viven las historias. Descúbrelo ahora