68. Afirmación.

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En su combate, Gojo Satoru ha ganado.

Y aliviado vaga en sus recuerdos.

En dónde se manifiesta un puñetazo de Geto Suguru directo al rostro.

—¡Hey! —reclama. Un aeropuerto, seguramente están a punto de partir de Okinawa, con Kuroi y Riko. Nanami y Haibara están ahí también, pero no puede ver a Shokue en ningún lado. ¿En el baño? No, seguramente está buscando qué comer. No recuerda mucho de ella en ese viaje, estaba más preocupado friéndose el cerebro o algo así.

—Lo siento, ¿no es la bienvenida que esperabas? —ríe Suguru, entrecerrando los ojos y arrugando la nariz. En sus recuerdos es tan bello como siempre, su alargado rostro, sus ojos rasgados y filosos como los de un zorro, su nariz delgada— Es lo que te mereces por casarte con mi prima —aún aturdido por su belleza no puede reaccionar cuando todavía entre risas le sujeta el cuello del uniforme y lo levanta del piso para plantarle un beso en los labios, dejándolo aún más atontado—, y eso es por esforzarte tanto. Buen trabajo.

—Es por... —repite, ¿le está fallando la memoria?— Yo no... —se está volviendo loco— ¿Acaso estoy...? —gira a sus espaldas y encara a Nanami y Haibara, quienes solo asienten como una afirmación silenciosa— Mierda —gruñe, cerrando los ojos con fuerza—. Dime que es mentira.

—¡¿Eh?! —reclama Geto, sacudiéndolo y haciéndolo reír— Es muy grosero decir eso después de besar a alguien.

—No, no —niega mientras ríe, abrazándose a él—. Siempre le dije a Shokue que al morir todos estamos solos, así que dime que eres parte de mi imaginación porque odio no tener la razón.

—Bueno, realmente no importa si lo soy, ¿no? —suspira, y ambos se sientan en las sillas de la terminal. El más fuerte se apoya en el brazo de su mejor amigo y descansa su cabeza en su hombro. Su olor, el tacto de sus dedos entrelazados con sus nudillos, el tono juguetón de su voz que sonaba casi como el pícaro ronroneo de un gato. Se deleita de su presencia, atesorando cada momento a su lado como siempre atesoró cada momento desde que se conocieron, preguntándose si podría a ver a Shokue una vez más para que atesoren esos momentos juntos.

—Pero sí importa —asegura, haciendo un puchero infantil, pensando que si de verdad es el final Shokue se volverá loca.

—Dime, ¿cómo te fue contra el rey de las maldiciones? —y por alguna razón la voz de Suguru no es más que una amplificación a la voz de Shokue.

—Adivina —suspira, arrugando la nariz—. Ojalá hubieras visto lo que me costó... —toma un fuerte respiro, pensando sus próximas palabras, lo que quiere recordar o ver una última vez, cierra los ojos con fuerza como intentando despertar, pero en la nada solo ve el rostro de Shokue—. Mierda —gruñe, pateando el suelo—, no me golpees por esto pero... No dejo de pensar en Shokue.

—Lo sé.

—Siento un poco de pena por ustedes, ¿sabes?

—¿Eh? ¿Pena...?

—Finalmente pude entender la desdicha de SU soledad —extiende su mano al frente para ver su anillo de matrimonio. Sencillo, minimalista, él quería un gran anillo de oro con un gran diamante, pero Shokue le dijo que iba a perderlo y que sería un desperdicio—, tuya y de ella. La entiendo, tal como la entendían ustedes... Tal como tú. Amaba a Shokue, y aunque sabía que no podía salvarla de consumirse a sí misma verla ser miserable cerca mío me traía un poco de alivio... Aunque ella delimitó una barrera entre su "persona" y su "individuo" hace años me permitía observarla... Como un cactus, quizás, sabiendo que, tal como una planta, nunca sería capaz de entenderla... La vi crecer, incapaz de alcanzarla. Sabiendo que ella tampoco me entendía a mí.

Hambre ;; JJKDonde viven las historias. Descúbrelo ahora