—Shokue...
Esa noche de verano de 2007, Geto Suguru llama al celular de su otra mitad, a su mano se aferra Hasaba Mimiko, quien a su vez aferraba su otra mano a la de Hasaba Nanako.
—¿Sí? —bosteza Geto Shokue, al otro lado de la línea se frota el rostro y arruga la nariz— Es más de medianoche, ¿pasa algo? —arrastra sus palabras, como si masticara lo que dice.
—Yo... —hace una pausa y exhala todo el aire de sus pulmones, una gota de la sangre en su rostro golpea la tierra a sus pies, seguido de una gota de sudor que cae de su barbilla.
Tic.
Tac.
—Voy a escapar.
—¿A dónde? —bosteza de nuevo.
—A cualquier lugar.
—Eh —murmura—, Suguru, estás cansado. Te dije que debía ir a esa misión contigo. Acaba con todo y descansa.
—Ya lo hice.
—Ve a dormir.
—Shokue, acabé con todo.
—Duerme.
—Los maté a todos.
Silencio.
Contra el micrófono del celular escucha su pesada respiración. Jura que puede sentir el palpitar de su corazón, que puede escuchar el temblor de sus manos, su sudor escurrir por su frente.
—Quiero escapar —sigue hablando Suguru ante el silencio—, y no puedo hacerlo sin ti.
En la oscuridad, Shokue ve sus pies. Mueve un poco sus dedos, como para verificar que no está dormida.
Se llena los pulmones de aire.
—Shokue, ¿qué debería hacer?
—Ya hiciste lo que debías hacer —concluye, poniéndose de pie. Se aparta el cabello del rostro y se frota los ojos con el puño cerrado. Ve el campus a través de la ventana y vuelve a suspirar—. ¿Dónde estás?
—Regresé a casa. Estoy en el templo del pueblo.
—Bien —bosteza y toma su mochila. Echa un par de prendas y artículos de higiene—. Te veo allá en quince minutos.
—Shokue...
—¿Sí, Suguru?
—No tienes que hacerlo si no quieres.
—Si no los matabas tú creo que lo hubiera hecho yo.
—Shokue.
—¿Sí, Suguru?
—Gracias.
—No me agradezcas todavía. Ni siquiera hemos empezado.
Con una pequeña mochila, en pijamas, descalza y con el cabello despeinado, Geto Shokue escapó del colegio técnico de magia para encontrarse con su hermano en el pueblo donde ambos habían nacido.
—Te ves terrible —es lo que dice mientras se acerca a ellos, su primo y dos niñas a su lado, sentados en la banca del templo local.
—Llegas tarde —anuncia, con el rostro entre sus manos—. Demasiado tarde.
—Llego justo a tiempo —recrimina ella. Se acurruca frente a los tres y se dirige a las dos pequeñas. Las examina en silencio, y ellas parecen examinarla de regreso. La de cabello oscuro estornuda—. Suguru, vamos a descansar —de su mochila extrae una chaqueta con la que cubre a ambas hermanas, quienes se abrazan para compartir el calor—. Mañana veremos qué hacer.
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Hambre ;; JJK
Fantasy"Uno dice «vamos»" La historia de como Geto Shokue y Geto Suguru, dos primos inseparables, tomaron caminos distintos. "Y el otro dice «estoy cansado»"
