La tarde que Haibara Yuu estaba supuesto a morir, tuvo la fortuna de haber podido escapar junto a Nanami Kento, y ambos pudieron contactar al colegio en busca de refuerzos. Él insistió a Nanami en no llamar a Shokue, por lo que lo alivió que quien llegara a su auxilio fuera Gojo Satoru y no ella.
El alivio desapareció al ver el cadáver de quien tenía el potencial de ser el más fuerte. Fue reemplazado por culpa, una culpa que solo crecía y crecía mientras más examinaba el cuerpo, no había forma de que fuera un intercambio justo, en lo absoluto, ¿de verdad había muerto por su culpa? ¿O incluso eso era demasiado egoísta de pensar? Sentía culpa por sentirse culpable, por agrandar su participación en eso. Gira a ver a Nanami, que también admira el cadáver con gran horror.
Es Shokue quien interrumpe su malestar, cubriendo al muerto con una sábana blanca.
—Shokue-san —murmura Haibara, viéndola frunce los labios—, Geto-san... Él...
—No te preocupes... Yo me encargaré de todo eso.
—Si ni siquiera él puede con este oficio... —masculle Nanami, cerrando los ojos con fuerza— ¿Qué hay de nosotros?
Ella frunce el ceño y arruga la nariz.
Claro.
¿Qué les esperaba a ellos?
Serían solo parte de una pila de cadáveres tarde o temprano.
Todo ellos.
Nanami.
Haibara.
Y Suguru también.
Suguru, que se acercaba a prisas a la morgue.
Detiene sus pasos frente a la puerta.
—Satoru —susurra entre jadeos. Está sudando, tiene los ojos cristalizados y brillantes por las lágrimas que han empezado a rodar por sus mejillas. Traga un grueso nudo en su garganta—, Shokue... ¿dónde está Satoru?
Lo estaba viendo, ¿por qué le preguntaba esas cosas?
No.
Si sabía porque se lo preguntaba.
—Suguru...—murmura, desviando la mirada y cerrando los ojos, incapaz de enfrentar su mirada, ese rostro de sufrimiento iba a atormentarla toda la vida.
La maldeciría
—Lo siento mucho.
Intenta correr hacia el cuerpo, pero su prima lo detiene, abrazándose a él para empujarlo fuera de la morgue, golpeando su cuerpo contra la pared. Haibara y Nanami desvían las miradas, incapaces de siquiera imaginarse el dolor por el que el mayor de los Geto debe estar pasando.
—Lo maldecirás —advierte, sintiendo que su propia voz se rompe. Siente su dolor, son un reflejo del otro después de todo.
—Debe ser un error —jadea muy bajito, tratando de ver por encima del hombro de Shokue—. Déjame verlo. No puede estar muerto, Shokue. Satoru no puede estar muerto, él... —cuando por fin encuentran sus ojos su voz se quiebra, se queda sin aliento. Es ella quien lo sostiene contra la pared, y es él quien por fin cede a su tristeza y deja su cuerpo caer.
Se rinde, y como muñeca de trapo se deja cargar por los brazos de su prima.
—Debíamos ser los más fuertes —solloza silenciosamente, su impotencia inicial se convierte en rabia, la cual se refleja cuando se aferra celosamente a ella, apretándola contra su cuerpo—. Debíamos estar juntos.
Ella lo deja llorar.
Shokue ha llegado a la conclusión de que no quiere ver a nadie más sufrir así.
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Hambre ;; JJK
Fantasía"Uno dice «vamos»" La historia de como Geto Shokue y Geto Suguru, dos primos inseparables, tomaron caminos distintos. "Y el otro dice «estoy cansado»"
