—¡Nanako! ¡Mimiko! ¡Sus almuerzos están listos! —exclama Gojo Satoru, llamando a las gemelas.
Un imprudente Megumi pasó a su lado para arrebatar un pedazo de pan.
—¡Hey! —lo regañó el albino— ¡Eso no era tuyo!
—¡Vamos tarde! —se lamentan las gemelas, corriendo unas detrás de la otra. Nanako se coloca los zapatos a tropezones, Mimiko se peina a prisas.
—Nanako, el tuyo no tiene cebolla —anuncia, apartándose de su camino para que puedan tomar sus cosas.
—¡Gracias! ¡Adiós! —exclaman, corriendo como almas que lleva el diablo.
—¡Suerte! —se despide Tsumiki, abriéndoles las puertas para que no pierdan ni un segundo más. Se asegura de que no se caigan en el camino del patio a la entrada principal antes de cerrar— ¿Cuánto crees que tarden en darse cuenta que el reloj del pasillo está como veinte minutos adelantado?
—No lo sé, pero espero que también se den cuenta que una de ellas se llevó el bento de Suguru —murmura Satoru, viendo que el bento que quedó en la encimera de la cocina es rosa y tiene estampado de Hello Kitty.
—Bueno, me iré también —anuncia la mayor de los Fushiguro, despidiéndose con la mano—. Pasaré a la biblioteca de la universidad, tengo que estudiar para los exámenes.
—Esfuérzate —se despide el albino, viéndola retirarse. Por fin gira a Megumi—. ¿Y tú?
—Vendrán por mí.
—¿Vendrán por ti? —repite, burlesco, entrecerrando los ojos con sorna y arrugando la nariz.
—No empieces.
—¿Se irán tomados de la manito? —rebalsa picardía— ¿Te vas a apoyar en su hombro y batirás tus pestañas como un adolescente enamorado, Megumin?
—Te mataré —masculle, con el rostro rojo con tomate.
—¡Eh! ¡Mírate! ¡Parece que tienes fiebre y todo!
—Satoru —la cariñosa voz de Suguru asoma del pasillo, parece ronronear su nombre, y el llamado sonríe cual imbécil al verlo entrar a la cocina mientras se arregla el cabello—, deja de molestarlo.
—Bien, bien —ríe, cruzándose de brazos y rodando los ojos—. Me detendré... Por ahora.
—Muérete —gruñe el menor, frunciendo el ceño.
—No tengo planeado hacerlo.
La puerta es golpeada repetidas veces.
—¡Fushiguro! —grita la voz de Itadori Yuuji, abriéndose paso— ¡Vamos!
—¡Ah! —exclama Satoru, cubriéndose la boca con las manos— ¡Incluso te brillan los ojos! ¡No puedo creerlo! —mofándose le sujeta las mejillas y las estruja.
—Suéltame —le reclama el otro, empujándolo para alejarse.
—Satoru —canturrea Suguru, rodando los ojos—, déjalo.
Entre bromas y pellizcos Megumi se abre paso hasta Itadori para retirarse ambos.
—Iremos a cenar —anuncia mientras avanza a la salida—, así que regresaré tarde.
—¡¿Ah?! —gruñe Satoru— ¡¿Quién te crees?! ¡¿Con el permiso de quién?!
—Está bien —sonríe Yuuji, sujetando el brazo de Megumi mientras camina—. Lo traeré a casa antes de las nueve.
—¡Las siete!
—Mejor no me esperen despiertos —advierte el de ojos verdes.
—¡¿Ah?!
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Hambre ;; JJK
Fantasía"Uno dice «vamos»" La historia de como Geto Shokue y Geto Suguru, dos primos inseparables, tomaron caminos distintos. "Y el otro dice «estoy cansado»"
