Han pasado tres años desde el sacrificio de Geto Shokue.
Y durante la misa para conmemorar la creación de Ukaban, el renacimiento de todo Japón, y la erradicación de toda energía maldita, el líder de la iglesia Geto Suguru es disparado en la cabeza por uno de los grupos de oposición que se rehusaba a aceptar al Ukaban como deidad.
Su cuerpo innerte cae al piso.
Y su alma despierta en un interminable vacío infinito.
Todo es blanco y luminoso.
¿Es ese el cielo? ¿El infierno?
Empieza a caminar entre la nada, tratando mantener una línea recta mientras piensa en los triste que se pondrá Satoru. Seguramente gritó después de su muerte, pero había sido tan inmediato que no pudo ni escucharlo. Él, junto a Nanako y Mimiko, debieron ser los primeros en correr a su cuerpo, es probable que los demás estarían en estado de shock y no podrían moverse. Está seguro de que sus seguidores intentarán subir al escenario para brindarle asistencia, pero los guardias los van a detener. ¿Cuánto tardaría en llegar la ambulancia? ¿Llegarían? ¿Enviarían a la policía a recoger su cuerpo? ¿Lo iban a cremar? Siempre le dijo a Satoru que quería que sus cenizas fueran regadas a raíces del Ukaban, espera que cumpla su última voluntad. Quizás si meditaba un poco encontraría una manera de infiltrarse en sus sueños. Le diría que lo amaba y que siguiera adelante. Quizás Fushiguro Tsumiki tome su lugar como líder de la iglesia, era una chica muy dulce con una sonrisa encantadora, si se volvía un poco más firme sería una guía excelente...
Está desvariando.
¿Cuánto tiempo lleva caminando? ¿Días? Se siente eterno.
Resignado detiene sus pasos y toma asiento. No puede decir que está sentado en el piso, es más apropiado decir que solo está suspendido en la nada, con las piernas cruzadas y el ceño fruncido.
Toma un fuerte respiro.
Y exhala.
Dos veces.
No.
Esa no era su respiración.
Gira a sus espaldas.
Y ahí está.
Dormida, en posición fetal, con su largo cabello negro extendido alrededor de su cuerpo como un cubrecamas, vestida de kimono blanco y respirando pesadamente.
Geto Shokue.
Se arrastra despacio hacia ella, en silencio y con mucho cuidado para no despertarla. Se acomoda frente a ella e imita su posición, viéndola detenidamente. Los mechones que le caían en el rostro y le cubrían la frente, que le rozaban su larga y redonda nariz, sus delgadas cejas marcando el contorno de sus afilados ojos, cerrados en ese momento. Sus labios, gruesos, redondos, parte de una boca pequeña que a los bordes tenía una marca más clara que el resto de su piel. Rojiza. Una cicatriz que cortaba hasta la final de sus mejillas, formando lo que parecía ser una enorme sonrisa.
Con suavidad le aparta el cabello del rostro.
Shokue bosteza, con pereza estira su cuerpo, y al abrir los ojos sonríe de lado.
—Eh —suspira, usando sus manos como almohada para reposar su cabeza—, ¿no estás aquí muy pronto?
—¿Lo estoy?
—¿Cuánto ha pasado? ¿Veinte años?
—Eres una exagerada —ríe, rodando los ojos—. Han sido tres.
—Eh... Tres años—cierra los ojos, parece pensar—. Tienes apenas 31, ¿qué pasó?
—Me dispararon.
ESTÁS LEYENDO
Hambre ;; JJK
Fantasy"Uno dice «vamos»" La historia de como Geto Shokue y Geto Suguru, dos primos inseparables, tomaron caminos distintos. "Y el otro dice «estoy cansado»"
