Geto Shokue ha ganado.
Jadea con mucha fuerza, viendo el cuerpo de Ryomen Sukuna caer al suelo, su cabeza ha sido separada a manos de Ue.
Lo observa, temiendo que pudiera levantarse en cualquier momento.
No lo hace.
Ha ganado.
De verdad ha ganado.
Incluso siente un mal sabor en la boca, ¿fue así de fácil?
—Ue-sama —jadea, cubierta en sudor y sangre, tanto propia como la de sus oponentes—, he cumplido mi parte del pacto.
—Sí —la maldición del hambre habla desde su abdomen—, cumpliré mi parte también.
—Bien.
Tambaleante da un solo paso al frente.
Ansiosa de saborear la carne del más fuerte.
Del hombre que solo quería más poder.
—¡Shokue-sama! —su comida se ve interrumpida por los gritos de Itadori Yuuji, que corre hacia él.
—Yuuji —sonríe de lado—, vamos a comer.
—¡¿Qué le hizo a Kugisaki?!
—¿Eh? —masculle— La comí, por supuesto.
Esa mirada...
Ya no es el de una mujer.
Ni siquiera el de una bestia.
No había ni un solo ápice de vida restante.
No era más que un cadáver.
—Eh, están todos aquí —sonríe Shokue, al notar a todos sus alumnos a espaldas de Yuuji—, que bien. Vamos a comer ahora antes que busquen a quien responsabilizar por estos daños —con el dedo índice señala sus alrededores—. Ya no hay nada que temer. Ya todo está bien —se lleva las manos al pecho, sonriendo ampliamente—. Estoy aquí.
Y el que estuviera ahí era lo que les aterraba.
Y ella podía notar ese terror.
—Vamos —masculle, frunce los labios y desvía la mirada—, ¿por qué me ven así? Los salvé, ¿no? —señala el cadáver del más fuerte— La muerte de Satoru... La muerte de Kugisaki... La muerte de Nanamin, de Zen'in Mai, de Megumi, de Tsumiki... Todo... —toma un fuerte respiro, como aguantando las ganas de llorar— Todo eso lo podemos dejar atrás —jadea, sintiendo como le falta el aire—. Vamos... Vamos a comer, por favor.
—Shokue-sama —Maki es la primera en dar un paso adelante, acercándose a la intimidante mujer. La sujeta de los brazos, y con cuidado la guía hacia los escombros del lugar, la hace sentarse—, ya. Ya pasó.
—¿Por qué me ven así? —solloza, cubriéndose la boca con las manos, aguantando las ganas de vomitar— Ustedes... —levanta la mirada, encantando a todos sus alumnos— Todos ustedes... —lo recuerda.
Recuerda de la mirada de asco de Suguru el día en que devoró una maldición por primera vez.
Recuerda la mirada de asco de Satoru cuando la vio devorar una maldición en forma de pulpo.
Recuerda la mirada de asco de Nanami y Haibara el día que devoró la reina abeja.
Una abeja.
Eso era.
No era más que una maldición andante que había tomado la forma de su ama.
Y su presencia no hacía más que maldecir a los que amaban.
ESTÁS LEYENDO
Hambre ;; JJK
Fantasy"Uno dice «vamos»" La historia de como Geto Shokue y Geto Suguru, dos primos inseparables, tomaron caminos distintos. "Y el otro dice «estoy cansado»"
