Megumi es el primero en despertar.
Y lo primero que ve al hacerlo es a Shokue.
Y nada más a su alrededor.
Todo está vacío.
Todo está...
Muerto.
—Lo siento —es lo que dice ella, mientras moldea un nuevo cuerpo entre sus manos—, no pudimos hablar antes que te fueras y después te di una muerte cruel. La culpa me carcomía.
—¿Qué es esto?
—No importa, no estarás aquí mucho tiempo.
—Shokue.
—Lo siento, Megumi.
—Gracias.
—¿Gracias?
—Gracias —corre a ella y la abraza con fuerza—. Por todo lo que hiciste por nosotros, gracias.
—Soy una asesina.
—¿Qué importa? Lo somos todos, ¿no es así?
—Sí —suspira, devolviendo el abrazo—, pero tú ya no tienes que serlo nunca más.
Geto Suguru ha abierto los ojos esperando encontrarse en una nueva vida donde todos sus recuerdos hayan sido reiniciados. Eliminados. Una nueva vida en dónde ni siquiera recuerde a Geto Shokue, en donde deba cargar la maldición de sentirse eternamente vacío por parte de si mismo que ni siquiera había nacido con él, solo se volvió parte de su persona con los años, y con quien nunca volvería a ser uno...
A pesar de haber despertado, ¿por qué seguía pensando en ella?
¿Sigue muerto?
Ve sus manos, sus uñas, sus nudillos. Palpa sus brazos. Se siente como entumecido, como si hubiera dormido por demasiado tiempo. Palpa su ropa, va vestido con su kimono negro y su túnica "gojo-kesa". Se palmea el rostro, las mejillas, sus orejas. Incluso sus ojos. Se toca la frente, recordando que hace unos meses ahí había una herida abierta.
¿Dónde está?
Observa el inmenso tronco delante suyo, las raíces del gigantesco árbol sobresalen del suelo, una sola tiene al menos dos metros de radio. La brisa bota un par de hojas y flores que caen con delicadeza al suelo, similar a un árbol de cerezo pero de hojas más gruesas, sus flores blancas podrían confundirse con nieve.
¿Qué era ese lugar?
¿Y dónde estaba Shokue?
—¡Suguru!
Sus ojos se abren con sorpresa ante la voz que llama su nombre, le dan escalofríos. Un exasperado Satoru, vestido con una camiseta ajustada negra y un pantalón acampanado blanco, corre hacia él y se lanza a sus brazos, casi tirándolo al suelo.
Aún anonadado quiere preguntarle dónde están, quiere preguntarle qué pasó, pero el otro lo detiene sujetándole las mejillas y plantándole un beso en los labios. Un beso que resuena en el lugar, su sonido rebota con la corteza del árbol y hace eco en lo que parece ser una infinita nada. Las flores que le caen en los hombros parecen reírse de su bochorno y su sorpresa.
—¡Tuve un sueño terrible! —Satoru, que no conoce la vergüenza, sigue hablándole demasiado cerca de su rostro, bien abrazado a él, sacudiéndole los brazos— ¡Tú estabas ahí! ¡Era un aeropuerto y...!
Silencio, ambos intercambian miradas horrorizados.
—¿Qué haces aquí? —murmura el albino, sujetándole el rostro otra vez. Analiza cada pequeño detalle de su cara, cada poro, le echa el cabello hacia atrás para examinar su frente, y pasa un dedo por el lugar donde antes había una herida horrible. No hay ni rastro de una cicatriz— ¿Por qué estás vivo?
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Hambre ;; JJK
Fantasía"Uno dice «vamos»" La historia de como Geto Shokue y Geto Suguru, dos primos inseparables, tomaron caminos distintos. "Y el otro dice «estoy cansado»"
