Por supuesto que la chamán más fuerte tenía su propia expansión de dominio.
—¡Expansión de dominio! —pero también la tenía el niño prodigio.
Ambas barreras son destruidas.
—Es inútil —anuncia la mayor, cuando Maki atrapa entre brazos al exhausto Okkotsu—. Puedo hacerlo mil veces. Una y otra vez puedo expandir mi dominio. Una y otra vez puedo revivir. Una y otra vez —hace círculos con el dedo índice en el aire—, una y otra, y otra, y otra vez...
Las cosas no pintaban bien. Querían detenerla, debilitar su cuerpo lo más posible para darle entrada a Hakari para que él debilitara su mente, y una vez incapaz de sostener su propio peso o entender su propio pensamiento le darían entrada a Higuruma, que con su espada del ejecutor daría final a eso. Asesinaría a Shokue o exorcizaría a Kirue, sea cual sea solo debían separar la cabeza del cuerpo y podrían darse por finalizados.
¿Y luego?
Itadori Yuuji no puede evitar hacerse la pregunta.
¿Qué vendría después de la derrota de Geto Shokue?
En su reunión nadie quiso usar la palabra, por temor a desatar una maldición, pero todo sabían a lo que "dar una apertura" se refería.
Uno a uno, sus compañeros morirían.
Porque Shokue es una fuerza imparable, y la única forma de ponerle fin a todo eso es estar dispuesto a morir por la causa.
Por un bien mayor.
¿Qué bien mayor? ¿El bien mayor de quién?
Lo que era cierto es que él no era más que un engranaje, con o sin él la maquinaria no dejaría de moverse. Como él llegarían cientos, miles...
Millones.
Uno tras otros, en un bucle infinito.
Porque así como Shokue perdió a Haibara Yuu, él había perdido a Fushiguro Megumi.
Y así como él había perdido a Fushiguro Megumi, el siguiente engranaje perdería a alguien más.
Y así uno a uno el ciclo de violencia no acabaría.
No quería acabar como Shokue, la odiaría toda la vida por haber tomado ese camino.
Pero no podía decir que no la entendía.
No podía permitir a sus amigos morir así.
Cumpliría su propósito.
Y él mismo exorcizaría la maldición del hambre y la escasez.
Asesinaría a Geto Shokue con sus propias manos.
Un black flash golpea el rostro de la más temible.
Horrorizada siente su alma resonar dentro suyo, como si hiciera eco contra la de Ue.
Ríe ante la furiosa mirada de Itadori Yuuji.
Reconoce esos guantes.
Antes pertenecientes al clan Zen'in e imbuidos en energía maldita, reforzaban la piel y la fuerza de su portador.
Como si ese chico necesitara golpear más fuerte, pero probablemente los llevaba para compensar los dedos que perdió el día que Sukuna cambió de cuerpo.
—Eres sorprendente —halaga, limpiando la sangre de su nariz—, ese ataque tuyo...
—He tomado mi decisión —sentencia, severo—. Voy a exorcizar a Ue-sama, y me volveré yo el portador de la maldición del hambre. Y cuando usted pierda su inmortalidad la asesinaré.
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Hambre ;; JJK
Fantasía"Uno dice «vamos»" La historia de como Geto Shokue y Geto Suguru, dos primos inseparables, tomaron caminos distintos. "Y el otro dice «estoy cansado»"
