66. Ira.

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El veinticuatro de diciembre ha llegado, y con él llega lo que podría ser el enfrentamiento más esperado de la década.

Y la pelea acarrea consigo ansiedades.

—¿"Dé lo mejor"? —sugiere Okkotsu, mordiéndose el pulgar— ¿"Esfuércese"? Shokue-sama siempre pelea a morir y nunca muere así que no creo que sea necesario.

—¿Estamos preocupados por ella o por él? —inquire genuinamente Hakari, cruzado de brazos.

—Gojo-sensei solo está ahí para ganar tiempo mientras Shokue-sama vence a Kenjaku, ¿no? —recuerda Kirara, haciendo un puchero— ¿O lo entendí mal? Es ella quien vencerá a Sukuna... ¿cierto?

—Solo si ese tipo no lo vence antes que ella llegue —responde Maki—. Deberá aguantar por lo menos quince minutos...

—Supongo que quince minutos no debe ser mucho para el más fuerte, ¿cierto? —murmura Panda, siendo cargado por Nanako. Las gemelas Hasaba le han tomado mucho cariño al pequeño cadáver maldito, siempre lo están cargando de arriba a abajo como si fuera un peluche como cualquier otro.

—Al final, ¿quién es más fuerte? —pregunta consternada Mimiko, frunciendo el ceño— ¿Él o ella?

—¿No lo entienden? —ríe Maki, enarcando una ceja. Contrario a Panda, a ella la odian. Un poco menos que a Satoru, pero odio al final del día— No importa realmente.

Pasos desde el inicio de las escaleras llaman su atención.

—Al final, ambos son los más fuertes.

La tensión en el aire puede cortarse con un cuchillo.

Esa mirada de cadáver viendo al cielo...

Esperando algo...

Buscando algo...

Ha regresado.

Una bestia hambrienta, escondiendo sus colmillos hasta que llegue el momento perfecto para morder a su presa.

Ahora ella es el lobo.

Y con la mandíbula relajada espera que el conejo caiga en sus fauces.

¿Qué se le dice a alguien con una mirada así?

¿Qué se le dice a alguien que lo perdió todo y ya no tiene nada más que abandonar?

¿Qué se le dice al hombre intocable que había perdido la capacidad de tocar?

¿Qué se les podría decir a esos en la cima para que sus mensajes los alcancen?

—¡Sensei! —exclama Itadori, caminando a Gojo y elevando su mano por sobre el hombro del profesor— ¡Su técnica está en el medio!

Satoru ríe.

Ni siquiera lo había tomado en cuenta.

Estaba seguro que tenía todo listo para su misión.

Estaba satisfecho.

Pero mientras sus alumnos le palmean la espalda de forma cariñosa, como despedida, se da cuenta que hoy más que nunca extraña a Suguru.

—Vamos —dice Shokue, y su mano cae sobre su espalda también mientras caminan a la salida—. Es hora.

Y, como siempre, la voz de Shokue solo es un patético eco de lo que pudo ser la voz de Suguru.

—¡No crea que va a escapar, Shokue-sama! —reclama Itadori, corriendo detrás de ella— ¡También usted! —salta alto, como si fuera a encestar en un juego de baloncesto, y deja caer su mano sobre la espalda de la más temible— ¡Regrese a salvo!

Hambre ;; JJKDonde viven las historias. Descúbrelo ahora