La expansión de dominio de Shokue es contrarrestada por la expansión de Ryomen Sukuna. Ambos dominios son destruidos, y de la nariz del chamán más fuerte de la historia fluye sangre.
—Lo sabía —ríe, apuntándolo con el dedo índice—, estás a tu límite, ¿no? Satoru hizo un buen trabajo desgastándote.
—Con o sin expansión —declara, limpiando su propia sangre—, voy a asesinarte y alimentarme de tu cuerpo. Quiero saborear esa sangre tuya. Quiero descubrir el sabor de la mujer atormentada por la maldición de hambre.
—¿No eres un romántico? —se mofa, rodando los ojos— De acuerdo, que sea un mano a mano —prepara su posición de ataque, separando la piernas, flexionando sus rodillas y extendiendo sus brazos a los lados de su cuerpo—. Te daré la diversión por la que tanto has rogado.
—Estás siendo tan buena conmigo.
Un mano a mano era conveniente para Ryomen Sukuna, al menos por el momento mientras su técnica maldita volvía a estar disponible a su máximo poder. Era cierto, habían estado en un combate de dominios con Gojo Satoru, un empate absurdo en el que ambos chamuscaron sus cerebros con tal de invocar sus dominios múltiples veces.
Golpes van y golpes vienen. Mordidas. Patadas. Shokue pelea un montón con sus piernas, sus patadas son fuertes, y sus rápidos movimientos lo han atrapado entre sus muslos varias veces; él es bueno en combate cuerpo a cuerpo, el mejor, pero está acostumbrado a puños, pelear desde el suelo no es una habilidad en la que era sobresaliente.
Cuando no lo tiene en el suelo, arrastrándose cual serpientes, sus puños impactan en su pecho de manera contundente. A diferencia de Gojo Satoru que era escurridizo y podía lastimarlo sin recibir daño, Geto Shokue aguantaba todos y cada uno de sus puños como una máquina y además era capaz de devolver sus ataques con una fuerza mayor cuyo origen no comprendía; era una pelea de resistencia que él inevitablemente perdería por el desgaste que causó su oponente anterior.
—Vamos —reclama, sujetándole la mano y tirándola al suelo con una fuerza que rompe el concreto—, aún te estás conteniendo —y aunque muriera quiere verla en todo su esplendor. Quiere ver a la bestia temible que se esconde detrás de la mirada de cadáver. Quiere afilar sus colmillos y morir entre sus fauces.
—¡Es que sería aburrido verte morir sin dar pelea! —responde entre risas, eleva la mano para apuntarlo con el dedo índice— ¡Rojo!
Su descarga de energía es mayor a la de Gojo Satoru, pero sabe la razón de inmediato. Él con sus seis ojos era capaz de administrar su salida de energía para usar la menor cantidad posible y causar la mayor cantidad de daños, tenía una cantidad de energía finita que se sentía interminable.
Geto Shokue usaba el máximo posible siempre. Ue le brindaba una cantidad de energía ilimitada, infinita, sin tener que preocuparse por su fuente de poder podía solo dar el 100% en un solo ataque. Parecía entender que mientras expulsara la energía esta no tendría ninguna repercusión sobre su cuerpo, y con técnicas como "rojo" e incluso la técnica de construcción, ambas no optimizadas, la energía que descargaba era solo un reinicio para recibir más y más.
Una bestia imparable.
Pero él ha notado algo que para otros ha pasado desapercibido.
Y lo confirma cuando la ve invocar un shikigami frente suyo.
La maldición de la tierra, Hanami, que devoró en Shibuya, a la cual derrota de inmediato.
Con o sin la ayuda de Kirue, Shokue realmente no es mejor que él.
Es solo muy terca.
Incluso con los seis ojos, con la manipulación de maldiciones, con las barreras de Tengen...
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Hambre ;; JJK
Fantasy"Uno dice «vamos»" La historia de como Geto Shokue y Geto Suguru, dos primos inseparables, tomaron caminos distintos. "Y el otro dice «estoy cansado»"
