Capítulo 2: La Bruja Lobo.
I.
—La debilidad de la mayoría de los hombres es la belleza—dijo aquella anciana—. Y no hay belleza más inmaculada que la de una mujer. El artista se enamora de sus creaciones, el poeta de sus letras... pero, el resto de mortales sueña con la belleza perdida en el valle del amor.
La risa de la anciana era insípida y trastornado. Un lunar peludo sobresalía de su mentón arrugado, y la semejanza con una arpía era inefable... llevaba un mango negro sobre su cuerpo cansado y se erigía sobre el puño de un bastón adornado con conchas de río, colmillos y colores vivos. El aspecto de la anciana nariguda era venerable y temible, como si fuese un santuario de conocimiento ambulante... pero en el fondo, un regusto malévolo en el brillo de sus ojos cerúleos mantenía a Raquel impasible. La larga cabellera pálida era adornada con flores lilas...
Había seguido las indicaciones de los peregrinos que visitaban la montaña en mayo para llevar ofrendas a sus dioses, puesto que la Bruja de los Arrabales era difamada por sus trabajos escrupulosos de magia roja. La fea anciana vivía desde hace muchísimos años en una choza al margen del Malecón del Río, adentrándose en el barrio abandonado... a la sombra de una colina sobre la que crecía el alargado y esquelético Espino de San Jorge, un árbol de madera dura y moras insípidas en el que los brujos podían leer el futuro y concertar ritos mágicos. Las raíces protuberantes podían matar a cualquiera que las tocase sin permiso. Aquel árbol eran único en Montenegro, porque atraía espíritus negativos y abría puertas a Potencias malignas.
—No hay corazón más ruidoso que el que sufre por falta de amor.
La anciana compartió el café con ella, el anillo de oro en su dedo resplandecía con destellos carmesíes cada vez que realizaba un ademán. Raquel se sentía extraña, puesto que era Cruz de Mayo y una lluvia copiosa derramaba su torrente sobre Montenegro. Aquella bruja le habló de la hermosura de Clara Arciniega, la mujer más bella de Chivacoa, y su tragedia...
—¿Hasta dónde sería capaz de sacrificar una mujer por su belleza?
Raquel pensó en Nelson, y que sí hubiera sido lo suficientemente hermosa siguiesen juntos... Miró la figura demoníaca que adornaba el altar de la bruja: un lobo monstruoso de azabache que parecía petrificado en una postura rabiosa. Aquel demonio le erizó el vello...
—La belleza lo es todo para una mujer.
La bruja sonrió, mostrando las encías rojas y desdentadas.
—La belleza es un arma de doble filo que incita al pecado.
—Para una mujer hermosa—dijo la morena con convicción—. Se construyeron todas las naciones de la Tierra.
Los ojos cerúleos de la bruja reflejaron destellos violáceos, y la chica intuyó verse reflejada en aquellos espejos hipnóticos de aguamarina. Un fulgor oleaginoso era desprendido de aquella mirada cansada...
—¿Le ofrecerías tu alma al Diablo?
Raquel asintió, indecisa. No podía retroceder... Demasiadas noches había llorado desde que Nelson rompió su relación. Su vengativa esperanza quería cautivar su corazón y romperlo en pedazos. Si no fuera tan delgada, y su rostro fuera más apático, quizás...
La bruja extrajo de su macuto de piel una botella con un liquido rojo y espeso, aromático y fuerte como el ajenjo. El frasco de cuello alargado era sellado por un corcho, y su remover le inspiraba una sensación irresoluble. Raquel tomó la botella y la descorchó, meditando que lo más importante para ella era ser más hermosa para doblegar a todos. La casa de la única bruja de los Arrabales era oscura y apestaba a incienso... Las arañas peludas y los pájaros cantarines revoloteaban en jaulas de palos. Las paredes, el suelo y la techumbre de caña relucía ante las bombillas eléctricas. Del techo colgaban atrapasueños, cabezas disecadas, hileras de huesos y cascabeles de serpientes. Las estanterías empotradas eran atestadas con frascos rellenos de especias y utensilios de índole mística. Una mano tallada de magnetita atraía el mal, la violencia y el caos a un altar donde confabulaban María Lionza y una escultura bestial que asemejaba un perro infernal.
—Una vez que bebas toda esta pócima de cicuta—dictó la bruja de aspecto nefasto, con una sonrisa incognoscible—. Serás la mujer más hermosa del pueblo, y tu alma pertenecerá al diablo.
Raquel descorchó la botella, inhalando el perfume dulzón y picoso. Una vez que sorbió el primer trago, sintió que un calor abrasador bajó por su garganta... La bruja rompió en carcajadas estruendosas.
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Sol de Medianoche
Teen Fiction«En Montenegro hierve un caldero de oscuridad, es un pueblo gobernado por la superstición y la incertidumbre... Se situa al pie de una montaña embrujada, y por el corren ríos de magia, de historias, de bestias salvajes que se esconden entre los homb...
