V.
Ronny terminó de regar los girasoles y contempló las rosas del desierto que guardaba en su repisa. Los olores naturales conformaban un almizcle etéreo de clorofila, fertilizante y perfume… El invernadero estaba tomando forma con los más de doscientos ejemplares típicos y exóticos. Pronto abriría el local para vender las plantas. Además, estaba estudiando las propiedades de su huerta para fabricar medicina naturista.
Patricia se había alistado para las pasantías diarias con el uniforme tinto que le daba el aspecto de enfermera practicante.
—Aún no puedo creer que vivamos juntos—le sonrió, sus ojos se habían suavizado—. ¿De dónde sacaste el dinero para comprar tantas cosas?
Ronny sonrió, complacido, verla irse caminando a la universidad le causaba una extraña sensación en la boca del estómago. Las macetas apiladas en el invernadero florecían con un verdor excelso, y la pileta del abono bullía en una mezcolanza de olores a descomposición. Las dos decenas de injertos crecían grácilmente, y el resto de plantas ofrecían frutos tiernos: ajo, romero, jenjibre, belladona y una nutrida colección de flores. Los libros de herbolaria se apilaban en su estudio junto con manuales caseros de pócimas. Había efectuado la compra de herramientas y recipientes para la manufactura de remedios y emplastos comerciales.
—Decidí acompañarte a Ciudad Zamora cuando te dieron la beca en la Universidad Oriental—se quitó los guantes manchados de tierra, levantándose para despedir a su amada con un tierno beso—. Estudiar medicina no es fácil, pero yo sé que puedes con ello… porque te amo.
Después del Incidente del Ladrón de Mérida, Jonathan le prestó la Tinaja Milagrosa para que Patricia fuera sana de la Saeta que afligía su columna. Ronny también le ofreció el agua bendita a Salvador, y los ojos del muchacho volvieron a funcionar. No mucho tiempo después se graduaron del Colegio Boliviano. La Fundación Trinidad le asignó una tarjeta de crédito vitalicia para cubrir gastos médicos por la generosa obra caritativa en la que participó. Se mudó a Ciudad Zamora con su novia cuando esta aceptó una beca en la famosa Universidad Oriental. Ahora, casi un año después, se dedicaba a las plantas de su pequeño negocio de medicina naturista. No había sido contactado por Jonathan, y agradecía que fuera así. Aún le picaban los brazos cuando recordaba el dolor y la corriente eléctrica de baja frecuencia que usaron en el quirófano para soldar sus huesos. Tal vez decidiría estudiar junto a su novia en una de esas universidades aprendiendo sobre enfermería para apoyarla.
La vida había sido cruel y maravillosa con él, y estaba agradecido. Pronto, todo mejoraría y conocería el significado de la verdadera felicidad… y aunque escuchaba cada día noticias espeluznantes sobre Montenegro, no dejaba que eso reventara la burbuja de amor en la que decidió vivir.
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Sol de Medianoche
Fiksi Remaja«En Montenegro hierve un caldero de oscuridad, es un pueblo gobernado por la superstición y la incertidumbre... Se situa al pie de una montaña embrujada, y por el corren ríos de magia, de historias, de bestias salvajes que se esconden entre los homb...
