II.
—¡Necesito más drogas! —Finch se levantó de la silla, frente a la mesa alargada del salón comunal atestado de manuscritos—. ¡Estoy a punto de descubrir algo grande! ¡Pero, necesito más droga!
Solía decir eso cuando le urgía ir al baño. Hace tres horas que permanecían sentados... ojeando los textos que Alan Castro recopiló durante largos años de investigación e infortunios en el país y las naciones vecinas. Sam removió los cuadernos repletos de fórmulas alquímicas y conjuros cabalísticos, inspirados por las hazañas de líderes controvertidos como Simón Bolívar, y su círculo masónico de ocultistas: Andrés Bello, Enrique Palacios y Antonio José de Sucre; junto con opúsculos de hechiceros españoles del siglo pasado: Martín de Castañega, Francisco Flores, Juan Ponce de León y Gaspar Melchor de Jovellanos. Repasó las insinuaciones del mexicano Dorantes sobre la prevalencia de seres semicorpóreos, justificadas siglos después por brujos, alquimistas y poetas.
El Padre Boris saqueó las despensas de documentos en la antigua biblioteca de la iglesia. El polvo acumulado sobre los papeles atormentados por las ratas y las inmundicias... los fascinó en su extenuante empresa. Liberados de la concupiscencia de décadas pretéritas, salieron a luz los utensilios y manuscritos que el sacerdocio confiscó de antiguos magos que renunciaron al camino del Hermetismo para dedicarse a una vida honradamente cristiana. Aquel tributo de naturaleza mórbida cayó como efluvios de conocimientos perdidos, desgajados sobre el mesón colmado. Al parecer, años después de su supuesta desaparición, gran parte de la colección esotérica de Carlos Figueroa Algarrobo se dispersó entre sus huestes, y estos, con el tiempo, fueron cediendo su legado a la Iglesia Maldita de San Lucas como patrimonio del condumio sacerdotal y los secretos de Montenegro.
Salvador se mostraba inquieto, y jugueteaba con sus manos intranquilas por las papeletas quebradizas, las varitas de madera anciana y los collares de cuentas. Nelson halló detalladas narraciones sobre un mago negro terrible conocido como Negromante, temido y venerado en los memorándums y diarios de magos extranjeros: los españoles Juan Díaz y Félix de Azara, maravillados por las proezas de esta figura ensombrecida, cruzaron el mar para conocerlo, y perdieron la vida en misteriosas circunstancias. Años después, siguiendo el mismo cauce de acontecimientos, desenterraron del olvido la cruzada de un médico local llamado José Miguel Ruo, que junto al sacerdote foráneo José de Acosta... desaparecieron al intentar exorcizar la invocación de un poderoso demonio... mediante un ritual que oscureció el cielo durante una semana e hizo llover alquitrán sobre un pueblito remoto desaparecido. El causante de este desastre, fue el Negromante... que aparecía y desaparecía para atormentar poblaciones desembocando en pesadillas...
Casi cuarenta años después, hallaron el desenlace de la contienda del Negromante, de la letra del poeta Agustín Arévalo, que narraba la capitulación de un horror imperecedero... que a pesar de ser vencido por la hechicería del Brujo Nicolás Curbano, cumpliría su retorno cuando la sangre corriese por los ríos en raudales de muerte, y la tierra se cubra de desesperación. Aquello era anterior a Montenegro, y se remontaba a una época colonial infestada de fatídicas tragedias e inhumanos tratos con seres sobrenaturales.
Comenzaba a dolerle la cabeza, sentía una presión indefinida en la almohadilla de jade...
Alan Castro era bastante introvertido, y no hablaba a menos que se le preguntara... Miraba a todos como comiéndose los pensamientos, y solía perderse en abstracciones. Según él, era un mutante con una perspectiva tetradimensional, capaz de moverse a través de las dimensiones más allá de lo comprobable por los primitivos sentidos humanos... Los lentes que usaba limitaban su visión para poder expresarse con los seres del «mundo tangible», y «moverse» con su cuerpo físico. Al parecer, estuvo durante muchísimos años tomando medicamentos para suprimir sus supuestas alucinaciones... hasta que la Secta Filial lo resguardó del manicomio de Ciudad Zamora y le enseñó a aprovechar sus peculiaridades. Le dio vueltas al asunto cuando le preguntaron sobre el mago que perseguía, se ajustó las lentillas para narrar los precedentes...
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Sol de Medianoche
Roman pour Adolescents«En Montenegro hierve un caldero de oscuridad, es un pueblo gobernado por la superstición y la incertidumbre... Se situa al pie de una montaña embrujada, y por el corren ríos de magia, de historias, de bestias salvajes que se esconden entre los homb...
