V.
—Quiero grabar huellas de fuego en tu piel, para que al recordarme, sientas mi calor inusitado recorriendo tus superficies.
Donna abrazó a Samuel por detrás, sintiendo el aroma almizclado de canela y bergamota que desprendía la piel de su nuca al erizarse. El cabello castaño rojizo colgaba desgreñado, peinado a un lado. El calor de su cuerpo, la sensación del afecto... La imponencia de su cálido abrazo, y la forma en que la acercaba a su pecho cuando se sentía nostálgico.
Tosió, y un chorro de agua brotó de su boca, liberando sus pulmones adoloridos... Donna intentó incorporarse, calada hasta los huesos y con el cabello endurecido por el fango. Reposaba sobre una superficie sólida y metálica, pavimentada con una gruesa película de líquenes y fango supurante. Al mirar en derredor pudo detallar un paisaje flotante en medio de un vasto lago franqueado por colinas escarpadas y grutas cegadas por túneles de vegetación. Las murallas altas que rodeaban las construcciones metálicas eran salpicadas de espesos líquenes, sedimentos y fango húmedo proveniente del fondo del lecho... aquella ciudad sumergida se había levantado de las profundidades para desentrañar los misterios de la civilización. Los muros gruesos relucían completamente labrados de oro macizo, empañado por la patina de los tiempos pretéritos. Por los portales flanqueados por estatuas de altos seres homínidos corrían riachuelos estancados.
Finchester se abrazaba las rodillas, empapado de pies a cabeza... vaciando el agua de sus zapatos. Raquel se sacaba el agua de los oídos, y Andrés reunía todos los aparatos rescatados del agua poco profunda, aparentemente deshabitada. El Padre Anaximandro limpió su carabina; llevaba una camisa blanca manchada de barro con las mangas recogidas, y un revólver en una funda de cuero...
Donna reconoció al anciano moreno de rostro curtido, cabello largo de un blanco grisáceo y frente amplia... Conocía las facciones del Brujo casi de memoria: su nariz protuberante, las espesas cejas, la boca diminuta y los ojos sabios color ámbar de músculos torneados en una eterna expresión de concentración. El retrato que su abuela Diana tenía del Brujo Nicolás Curbano era la de un hombre austero de tupida melena negra y ostentoso sombrero de paja adornado con plumas coloridas; así como esclavina roja, pantalones pardos y botas de cuero con espuelas... esgrimiendo un látigo y reclinado sobre un machete curvo.
Pero el hombre que estaba ante ellos era un venerable anciano de espesa barba blanca y cabello desgreñado y mustio. Los labios morados de su rostro moreno exhibían profundas cicatrices socavadas por el tiempo, y la semblanza de sus ojos reflejaban la profundidad inusitada de aquel que ha recorrido el mundo durante incontables estaciones, averiguando los secretos más íntimos de la naturaleza con el sondear de sus pupilas. El sombrero de paja musgosa relucía listones largos alterados por la brisa. La camisa blanca abotonada estaba vieja y amarillenta, empapada de sudor grasiento y remangada sobre sus brazos nervudos y manchados... de largos dedos arrugados. La esclavina desteñida exhibía el violeta descolorido de lo que alguna vez fue un rojo intenso... y los rosarios de piedras negras que colgaban del cuello flácido llegaban hasta su estómago. Los pantalones de mezclilla desteñidos estaban rasgados en las rodillas, y las botas de cuero eran oscuras y remendadas. Parecía cien años más viejo. La fragilidad de sus hombros contrastaba con la imagen del imponente hombre que tejió leyendas y mitos en torno a su herencia.
Nicolás Curbano esgrimía una larga varita de espino rojo, con el mango de oro ribeteado de jeroglíficos tallados y argollas de plata. Se llevó una mano a la boca para carraspear y terminó en toses... Las bolsas bajo sus ojos describían un cansancio incontenible.
—Mi tocayo, Nicolás Fedor—comenzó a decir con voz amena, señalando con su palma las murallas próximas pobladas de limo y cangrejos negros—. Ha resucitado al Negromante...
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Sol de Medianoche
Jugendliteratur«En Montenegro hierve un caldero de oscuridad, es un pueblo gobernado por la superstición y la incertidumbre... Se situa al pie de una montaña embrujada, y por el corren ríos de magia, de historias, de bestias salvajes que se esconden entre los homb...
