III

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III.

—Enamorarse es renunciar a la libertad... Significa cortarse las alas, cegado por las luces halógenas del placer efímero. La persona que más amaste ha desaparecido.

—A medida que nos rompen el corazón, vamos desechando los colores de la vida—levantó su vaso de licor—. Te voy a hacer una confesión. Los hombres nos enamoramos pocas veces: esa mujer por la que daríamos la vida, nos destruye emocional y mentalmente... hasta que nos convertimos en monstruos descorazonados. No volvemos a creer—miró el líquido caramelizado—. Cuando ella sabe que la amas, tiene el poder para destruirte...

¿Quién le había dicho eso? Jonathan no podía recordarlo. Permanecía sentado en una especie de cámara subterránea construida en la mina abandonada de alguna región oriental. Ronny y él estaban fuera de comunicación, aparentemente secuestrados por aquellos Cambiantes de acento fronterizo, conglomerados en una especie de unión de guerrilleros.

—Ellos son Diego y Alejandro Arciniega—le contó Ronny, refiriéndose a sus custodios—. Vivían en Montenegro, en un rancho del Barrio Porvenir. Eran unos delincuentes juveniles sin remedio, que nadie extrañó cuando se esfumaron del pueblo. Sospechaba que no eran completamente humanos, pues... eran unos salvajes.

A la celda entró un hombre altivo de rostro enfermizo y ojeroso. El cabello rubio le colgaba desgreñado y embadurnado de una manteca grasienta. El abrigo ocultaba la delgadez de su cuerpo famélico. Iba acompañado de los susodichos Arciniega, y sus ojos verdes los escudriñaron con un inusitado y atemorizante fulgor.

Jonathan reconoció aquel rostro asiduo, ahora irreconocible por las mejillas desinfladas de palidez mortuoria.

—Joel Arciniega...

El hombre sonrió, mostrando una dentadura amarillenta y gastada. Sus labios resecos se abrían en costrosas hendiduras... Joel se apoyaba sobre muletas para avanzar despacio con sus debilitados miembros de locomoción.

—La Fundación Trinidad me ha investigado.

—Existe un Departamento dedicado a los Cambiantes—Jonathan se mordió el labio inferior, escéptico—. Han recopilado incontables archivos sobre ti y tu movimiento...

—No los suficientes—sonrió, su rostro ojeroso se descomponía en una mueca de martirio—. Porque sabrían que estoy muriendo. La Bestia Albina ha sufrido un retroceso en su campaña, incapaz de levantarse del lecho que lo condena.

—Es cierto, ha transcurrido un año desde su último pronunciamiento—Jonathan se sentía desnuda ante aquel gigante enfermizo de cabello dorado—. El silencio cayó sobre el Movimiento de los Cambiantes como una pena de muerte. El reclutamiento de tropas ha sido llevado a cabo por terceros, incitados por tus antiguos mensajes retransmitidos en pueblos remotos...

Joel hizo un esfuerzo desmedido por tomar asiento frente a ellos, apoyado de sus sobrinos. Ronny era incapaz de parpadear, y sudaba a raudales.

—Hace cinco años la Cumbre Escarlata me ofreció un fragmento del Cometa de Sangre—se atrevió a decir, interrumpido por un acceso de toses silbantes—. La mutación convirtió mis secreciones corporales en un corrosivo veneno, modificando la química de mi cuerpo y mis capacidades sobrehumanas innatas. Cuando cumplí sus diez tareas hercúleas, decidí luchar por mi gente... creando un movimiento que pudiera unificar a los Cambiantes ocultos en la sociedad para velar por su futuro.

»Pero, las sustancias alienígenas latentes en mi torrente sanguíneo... dieron inicio a un proceso deletéreo que ha contaminado el código genético en mis células, diezmando los glóbulos blancos e imposibilitando la mitosis acelerada de nuestra raza. Estas deformaciones en la información de mis células ocasionó distintas patologías cancerígenas e inutilizó mi sistema inmunológico. Justo cuando creí que podría crear un mundo sin cadenas para nuestra especie: un sueño de libertad para todas las especies que coexisten junto a la belicosa Humanidad... mi cuerpo colapsó. Los medicamentos modernos  solo consiguen retrasar lo inevitable, inhibiendo el dolor.

—Los médicos de la fundación podrían...

—No—negó Joel, y puso una mano sobre la mesa que los dividía. Un anillo de plata con inscripciones latinas relucía en su dedo corazón. Reconoció el Anillo de la Conspiración: una reliquia con el poder de unir a las personas en un objetivo común—. La Fundación Trinidad trabaja indirectamente para la Corte de Magiares... son lacayos de la élite que ha trastornado este mundo. Me van a diseccionar antes de hallar el diagnóstico. Es por eso... que me resigné a hallar la cura por mis propios métodos: tras una imposibilidad médica, mis agentes han localizado reliquias con cualidades curativas.

—Tu movimiento posee el Sombrero de Bolívar—Jonathan se cruzó de brazos—. Una reliquia maldita que insufla inspiración y fuerza a quien lo posee... pero también, una determinación mórbida que puede ser fatal.

Joel tosió, y respiró con dificultades, tragando saliva para aclararse la garganta...

—Pero, el Ladrón de Mérida se ha adelantado. Robó incontables reliquias para expandir una colección de horrores inimaginable... adquiriendo como última novedad a San Pantaleón para convertirlo en un autómata sacrílego—cruzó los dedos amarillentos. Las venas de sus manos eran de un verde oscuro repulsivo—. Temo que mi última esperanza es que la Fundación Trinidad, o mis camaradas... encuentren la Bolsa del Valle de Lechería donde el Ladrón de Mérida resguarda sus reliquias.

»Como deben saber—repasó a Ronny con su mirada cetrina—. La Tinaja Milagrosa es una de las reliquias más importantes del país. Esta vasija de metal rojo de origen místico desconocido, esconde la facultad de sanar enfermedades incurables. El Ladrón de Mérida la robó de la Basílica Virgen de la Candelaria, asesinando a la confraternidad de fieles que la protegía. Este grial presenta un símil con la Copa del Dragón de Cagua, una encarnación de las energías mágicas del pasado... En todo el país, existen leyendas sobre vasijas sanadoras que propiciaron milagros indescriptibles; he teorizado que se trata de un único objeto: fantaseado, incautado y falsificado... por charlatanes e historiadores. Puede que se trate de un aparato alienígena perdido, una anomalía anacrónica del futuro... o una vasija divina encantada por sabios macedonios. Quiero usarla para detener a la Muerte... antes que la Fundación Trinidad la pueda decomisar.

—¿Me usarás como rehén para extorsionar a la fundación internacional más importante del planeta? —Jonathan se mostró burlón—. Mi vida tiene un valor simbólico e insignificante en comparación...

Joel negó con la cabeza, su albornoz mullido apestaba a sudor rancio.

—Ni una cosa, ni la otra—sus labios formaron una línea fina—. Temo admitir que el miedo a la muerte me sobrepasa, y que todos mis ideales no tardarán en desmoronarse cuando exhale mi último aliento. Los Cambiantes necesitan esperanza. La Humanidad necesita un visionario que pueda erradicar el egoísmo y la desigual del futuro sombrío que vaticinan los profetas modernos de las cumbres andinas. En estos momentos, temo por mi nación de origen...

»Les advierto que el Ladrón de Mérida es una entidad de caos... renegado y enloquecido, traerá la destrucción a nuestra nación. Este muchacho ha reunido las piezas necesarias para usurpar la cúspide de la hechicería. Como ultimátum a su cinismo, será consumido por el poder descomunal de la Varita Mágica de Tamanaco, y convertirá este continente en un cráter. Quién podría imaginar las fuerzas malignas que evocan las tradiciones descriptivas de esta reliquia... la más poderoso del país.

»El mapa antiguo revela su encarcelamiento en una basílica por obra de misioneros caritativos que temían la manifestación de este cetro pétreo, capaz de alterar la naturaleza, afectar la mente y otorgar a su dueño una inquebrantable influencia. Usada por los más poderosos reyes y guerreros indígenas... en prelatura de una empresa desaprobaba por los dioses antiguos, esta reliquia omnipotente es incontrolable... y abrirá una brecha en el Pleroma Material. Trayendo consigo un advenimiento de enajenación y seres indescriptibles allende a nuestra compresión del universo.

Sol de MedianocheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora