IV.
—Samuel, de la extinta familia Wesen—Nicolás Fedor esgrimía un yaguatero alargado y colorido—. Es una pena que los conocimientos de la Ciudad Eterna se hayan fundido en esa isla escondida que flota sobre el caparazón de un leviatán—vestía una túnica purpura ceñida con un fajín de hilo dorado—. Pero, pronto la Corte de Magiares se hundirá en la marea de cadáveres que emergerá de sus playas...
Su cuerpo yacía enraizado a un roble de sabia almidonada, cuyas raíces se cerraban alrededor de sus miembros entumecidos en una postura inclemente. Las raíces se extendían como gusanos, lamiendo el agua cristalina de un pozo circular en medio de la construcción ostentosa de un monarca antiguo. Las paredes y el suelo de brillante oro sucio resplandecían como si hubiesen ascendido a un pináculo del noveno cielo, superior del Pleroma Material, formando una estructura piramidal de magnitudes inquietantes. Los brotes crecían en las hendijas como intrusos, así como las enredaderas que trepaban de las paredes y los zarzales que colgaban de la cúpula sólida que remataba el vértice, donde anidaban decenas de salamandras y tritones. Las raíces constrictoras se ceñían sobre sus costillas como presas, y las horcaduras goteaban un líquido mefítico que caía sobre aquel pozo translúcido.
No sabía dónde estaba, pero la renuente presencia del mago negro Nicolás Fedor y sus esbirros proclamaba sus oscuras intenciones. Querían la Quintaesencia. El Fuego en la sangre... El pequeño Luis Clavijo seguía a los magos negros, sirviéndose de sus palabras envenenadas. Sam intentó manipular su flujo energético, pero la sensación de adormecimiento lo asedió con miles de agujas invisibles que herían sus puntos más sensibles.
—Luis—dijo con voz débil—. No puedes confiar en ellos.
El pequeño Clavijo vestía una túnica violeta e iba de la mano de una chimpancé disfrazada cómicamente. Su réplica se redujo al gesto infantil de sacar la lengua, y la sirvienta animal que todos llamaban Martha se rebajó a mostrarle un dedo obsceno mientras reía con los labios pintados de carmín.
Aquino era un mago ceñudo y maduro, sin perder la lozanía en el cutis. Las ropas andinas y el sombrero de paja delataban su procedencia, así como los duros ojos oscuros que no dejaban entrever ninguna emoción. Solía sentarse a orillas del estanque para hacer soplar su flauta...
—¿Dónde estamos?
—En el Dorado, por supuesto—arrancó una melodía solemne que evocó un sentimiento nostálgico...
La tentación de la sed era insoportable, sobre su cabeza caían gotas de una sabia agridulce, empapando su cabello y corriendo por sus mejillas como miel... La lamía con esfuerzo, contorsionando las mejillas y torciendo la cabeza. Se sentía empapado y somnoliento, y no sabía cuánto tiempo llevaba atrapado... porque, cuando el árbol succionaba la vitalidad de su torrente sanguíneo, se sentía tan cansado que dormía pesadamente. Despertando horas después, hambriento y sediento; acalambrado y con los músculos fatigados. La cúpula de la pirámide era translúcida, y contaba los amaneceres infelizmente...
—El Dorado—dijo para sí... meditando en su tortura asiática.
Sentía que se volvía loco, y deseaba que todo terminase. Pensaba en Donna y en sus amigos con nostalgia. Al final todo se reducía a ella, quería volverla a ver... Sin importar el costo. No quería morir sin haberse despedido, pero ella se había ido. Nunca más volvería a ver sus ojos... Contó seis amaneceres. Se sentía tan débil que dormía horas, días, semanas... El ardor en su estómago, el vacío en sus pulmones y la soledad. Estaba en lo profundo, y solo vivía para recordar... y soñaba para olvidar.
—Creía que tú también me querías...
—Sí te quería—una visión apareció ante él, mojando sus pies desnudos en el estanque argentino—. Pero, ¿te hubiera gustado ser ignorado por meses? ¿Cómo te sentirías al ser dejado sin más por la persona amada? Fue muy difícil para mí quererte... Sabes que fue tu culpa.
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Sol de Medianoche
Dla nastolatków«En Montenegro hierve un caldero de oscuridad, es un pueblo gobernado por la superstición y la incertidumbre... Se situa al pie de una montaña embrujada, y por el corren ríos de magia, de historias, de bestias salvajes que se esconden entre los homb...
