VI.
Salvador subía los peldaños derruidos de la colina donde se erguía el imponente edificio de torres afiladas que componía la Iglesia Maldita de San Lucas. Era el Día de los Enamorados, y el paisaje desolador que ofrecía un Montenegro cubierto de humo y muerte no le pareció ni una pizca romántico… Suspiró con aflicción y entró a la capilla destrozada. Dentro, Samuel permanecía de rodillas, pasmado ante el cadáver de un hombre pelirrojo parecido a él…
Se acercó, sopesando el clima... Bianca estaba postrada junto a un maltrecho Nelson que despertaba de la inconsciencia, y miraba con asombro aquel escenario destrozado. El cadáver tendido ante Samuel flotaba en un charco de sangre, con un agujero humeante en el pecho que lo atravesaba de cuajo… rodeando el hueco con carne chamuscada. No quería preguntar… y el rostro del pelirrojo era inescrutable, profundamente consternado. Las manos del hombre estaban manchadas de sangre seca…
Jericó ayudó a descender del campanario a Trina por unos escalones maltrechos, y él ayudó al Padre a bajar, pues la explosión de la maquina le quemó la piel de las piernas. Nada grave, comparado con los daños del exterior. Jonathan Jiménez tampoco tardó en llegar con una descompuesta Raquel en una motocicleta sin gasolina… Echó un rápido vistazo a los destrozos y el jolín negro que cubría las superficies, e imaginó el resto.
—El Sello de San Lucas—pregonó el joven pelinegro—. El Mago debió prever el advenimiento del Tátaro desde que provocó su manifestación. La Clave siempre estuvo en su iglesia… convirtió Montenegro en un Catalizador capaz de anular la energía negativa gracias al magnetismo de la Montaña del Sorte. La Atadura Terrenal describía un gigantesco Ankh de Osiris, el dios egipcio, sobre el pueblo… que apoyado del Velo, pudo arrastrar al Terror de vuelta a su letargo prehistórico—les dedicó una mirada severa—. Llamé al Centro de Comandos, y se canceló el lanzamiento balístico del misil de antimateria. Montenegro pudo haber desaparecido aún sin la presencia del Demonio, de no haber intervenido a tiempo.
Samuel despertó de su ensoñación, y los miró a todos. Su cara fue deformada a golpes, y la nariz rota sangraba sin descanso…
—¿Dónde están Ana y Andrés?
Bianca negó con la cabeza, dejando escapar un sollozo… el pelirrojo comprendió. Violeta y Ezequiel perecieron igualmente cuando el Terror aplastó el camión, Salvador se salvó por casualidad cuando un bache lo derribó del compartimento. Donna seguía desaparecida… así como cientos de personas que no consiguieron evacuar y fueron sepultadas por los escombros.
Samuel se acercó lentamente a Jonathan, temeroso, y se fue con él a hablar fuera de la capilla. La Comunidad Católica se reunió frente al altar para rezar por las pérdidas humanas… y su prima Jericó rompió a llorar en sus brazos. Andrés había sido quemado vivo, y Ana no consiguió escapar del derrumbe en la guarida del Aquelarre de Lucas. Aún no procesaba sus fallecimientos, pero sabía que al día siguiente sentiría las muertes de sus compañeros… Arrodillado frente al Altar de Dios, fue incapaz de llorar y esperó que la oración del Padre Boris terminase. Corrió rápidamente al salón comunal, desordenado por un huracán, y encontró el sobre con la carta de Donna Blanco escondida en el escritorio.
Nelson esperaba frente al portal, y Salvador lo siguió al exterior para encontrarse con Samuel y Jonathan. Los cuatro miraron los helicópteros que descendían sobre Montenegro, conducidos por la ayuda humanitaria dispuesta para las emergencias. Los columnas de humo ascendían…
—Me iré—confesó Nelson, la ropa vuelta andrajos ensangrentados… pero, desprovisto de heridas mortales—. Los Gonzalez se fueron el año pasado. Los Cambiantes de todo el país se están reuniendo en la frontera colombiana bajo los auspicios de mi tío Joel Arciniega—parecía triste, conteniendo el llanto—. Se avecina una revolución para nuestra gente.
—Yo también me iré—confesó Samuel, bajando la mirada—. Jonathan me llevará a Roma para estudiar en el Colegio Cardenalicio… bajo el resguardo de la Fundación Trinidad. Con el tiempo, quizás llegue a formar parte del Colegio Invisible…
—Tiempos turbulentos—vaticinó Jonathan—. Guerras, hambrunas y plagas… El fin de la Era Astrológica de Piscis es sinónimo de cambios para la Humanidad.
Salvador se cruzó de brazos, conteniendo las lágrimas. Sabía que conservaría su título eclesiástico como Líder de la Comunidad Católica. Montenegro seguía siendo santuario de la brujería organizada, y los seres malignos volverían a emerger de las fosas execrables como miasmas vivientes. Nelson y Samuel intercambiaron una larga mirada, y se abrazaron para despedirse… Ninguno dijo nada, pues no podrían soportar la despedida, ya que posiblemente no volverían a encontrarse.
Samuel y Jonathan descendieron por la colina, a través del camino que serpenteaba hasta la calle en ruinas donde un helicóptero militar de portentoso fuselaje los esperaba con las aspas encendidas. Levantando una remolino de polvo y ruido. Salvador reparó en el sobre perfumado que descansaba en su bolsillo, y echó a correr hasta la aeronave. Recortó el camino rápidamente, exhausto por el esfuerzo, y le tendió el manuscrito a un Samuel decrépito.
—Cuando encuentre a Donna le diré que te fuiste con su carta—dijo, con la respiración cortada—. ¡Espero que te vaya bien! —Hizo una venia, reprimiendo un sollozo—. ¡Montenegro está en mis manos! ¡En buenas manos!—Sus ojos vidriosos rompieron—. ¡Yo cuidaré de todos! ¡Te lo prometo, Samuel!
Sam se paralizó con un pie en el vehículo. Jonathan se había abrochado el cinturón y conversaba con el Cardenal del país: un anciano blanco de sotana negra y fajín rojo. Salvador se desprendió de la cruz taraceada del rosario de su cuello, y se lo regaló al pelirrojo como amuleto.
—Gracias, Salvador—dijo, apretando la carta contra su pecho—. Eres un buen hombre…
Aquello lo llenó de tristeza, el nudo en su garganta fue incontenible y tembló visiblemente con las lágrimas corriendo por sus mejillas. Andrés, su mejor amigo, falleció… y todo se desmoronó. El dique emocional se rompió, y todo se desbordó en amarga hiel. Retrocedió, mientras el helicóptero se alzaba con imponencia, rebasando la colina de la iglesia y perdiéndose en la bóveda celeste… hasta desaparecer con prístina.
Querido Samuel, feliz día de los enamorados…
Aunque malgastes el tiempo sin mi cariño, y aunque no quieras este amor que yo te ofrezco y pronunciar mi humilde nombre. De cualquier modo, yo… te seguiré queriendo.
Yo sé que nunca tú querrás jamás amarme, que a tu cariño llegué demasiado tarde… No me desprecies, no es mi culpa, no seas malo, porque tú eres de quien quiero enamorarme ¿Qué daño puedo hacerte con quererte? Si no me quieres tú, yo te comprendo… Perfectamente sé que no nací yo para ti. ¿Pero, qué puedo hacer si ya te quiero? Déjame vivir de esta manera. Yo te quiero tal y cuál sin condiciones, sin esperar que un día tú me quieras como yo; consciente estoy mi amor, que nunca me querrás…
Tal vez, mañana yo despierte sola… Pero, por el momento quiero estar soñando. No me despiertes tú, no ves que así yo soy feliz, soy consciente que no estamos destinados. No hay necesidad que me desprecies… Tú ponte en mi lugar, ¿a ver qué harías? La diferencia entre tú y yo, tal vez sería, Samuel. Que yo en tu lugar, sí te amaría…
Espero tu respuesta, Donna Blanco.
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Sol de Medianoche
Novela Juvenil«En Montenegro hierve un caldero de oscuridad, es un pueblo gobernado por la superstición y la incertidumbre... Se situa al pie de una montaña embrujada, y por el corren ríos de magia, de historias, de bestias salvajes que se esconden entre los homb...
