Capítulo 4: La Leyenda de Algarrobo.
I.
Freduar Wesen regresó el Día de Todos los Santos, cubierto con una gabardina negra y un sombrero de copa. Se ausentó el mes fuera de Montenegro y llegó a la tienda como un espanto decembrino. Habló con Melissa respecto al mantenimiento del negocio y le cedió los contactos para el abastecimiento de tabaco, artículos y plantas mágicas. Subió al estudio, donde depositó varias cajas, y se encerró en su habitación como un vampiro que regresa al ataúd.
El resto del mes Sam procuró que sus heridas se cerraran, y Melissa no notó sus ausencias y dolencias. Andrea limpió sus heridas con alcohol y le regaló algunas bolsas de Maca para reponer la sangre perdida. Tanto Nelson como Ana no hablaron de esa noche, y él los imitó. El moreno leyó su intención de preguntarle sobre el lobizon, pero este se llevó un dedo a los labios y negó con la cabeza. María había desaparecido, y no asistía al colegio desde entonces... ignorando todos sus mensajes. Se preocupaba por su ausencia, así como la desaparición de Finchester, que era habitual durante la época navideña.
Noviembre llegó con ajetreo por el fuero de profesores de impartir sus materias antes de vacaciones. Las actividades esotéricas llegaron a su pináculo el Día de Brujas, con numerosas procesiones de cultos vestidos de blanco por las calles ornamentadas y aquelarres concertados en las quebradas septentrionales. El Malecón del río se llenó por una multitud de peregrinos de todo el continente que venían a la Montaña del Sorte para invocar espíritus y confesar sortilegios. La calle principal celebró una comparsa de tambores, maracas, cachos y cantautores del folclore que subieron por las carreteras de tierra hasta las colinas pobladas de sueños mágicos y austeras leyendas. Las fiestas de Chivacoa se hicieron escuchar entre los murmullos como un festival precioso y colorido, y los alcaldes de ambas localidades disfrutaron de una ostentosa reunión en la Finca del Chaure.
La alcaldesa de Montenegro, Virginia Alvarez, abrió la festividad con un discurso que conmemoraba el folclore del pueblo, y las leyendas de la Montaña del Sorte, que eran motivo de orgullo y veneración para los parroquianos. Durante un fin de semana las calles se llenaron de alegría, música y licores. Los brujos extranjeros llenaron la hostelería, y los ríos fueron visitados por numerosas familias y círculos ocultistas. Se celebraron limpias y purificaciones, quiromancia y cartomancia; ceremoniales de abundancia, prosperidad y fertilidad. Las posesiones de los brujos al ser transformados en materia de espíritus fueron el evento principal... y a lo largo de todo Montenegro, Chivacoa y las lomas circundantes... se elevaron altares dedicados a panteones de todas las clases: desde Santos populares hasta dioses vikingos.
Montenegro bailó, gritó, temió y sufrió resacas con temporales lluviosos que se precipitaron sobre las montañas con bendiciones y purificaciones. La tienda esotérica vendió pulseras, conchas y amuletos como nunca... y las existencias de tabaco—casi sesenta kilos de rollos de nicotina—, se extinguieron en un parpadeo. Hicieron la fortuna con estatuillas de yeso e imágenes santificadas. Ni hablar de las cajas de velas que se esfumaron antes del anochecer. La policía impidió que los motines crecieran y controlaron el desorden público que imperó con la embriaguez: hubieron peleas, un par de accidentes de tránsito, desacuerdos entre los feligreses y los católicos que por suerte no escalaron de disputas verbales, y un par de niños desaparecidos que fueron encontrados horas más tarde.
Una llamada desconcertó a la Prefectura, pues una mujer detrás de la línea denunció que un cereton la espiaba desnuda en la ducha. Cuando el oficial le preguntó qué era, ella le dijo que un brujo se hacía invisible y robaba sus restos de sangre de menstruación, cabellos y uñas para usarlos en sus ritos. Tras muchas réplicas, el oficial Marcus Blanco tuvo que entrevistar a la mujer, que era acolita de un culto femenino de adoración a María Lionza; y según sus jovencitas, eran espiadas por los brujos perversos del Culto de la Serpiente Emplumada. Contó que estas formas grasientas las seguían cuando se bañaban desnudas en las quebradas y se les aparecían en sueños como animales... para abusar de ellas. Marcus permaneció con ellas el resto del día, pero a falta de pruebas se negó a actuar.
Ocurrieron cosas extrañas. Un brujo convulsionó en una quebrada y se ahogó... cuando lo sacaron del agua, este despertó, hablando con voz rasposa en una lengua ininteligible; muriendo después de salir de aquel trance. Una irregular desbandada de algarabanes y loros verdes sobrevoló los cielos teñidos de sangre por el anochecer, y todos concordaron que no era su época de migración. En cambio, fenómenos menos explicables ocurrieron la víspera: los vasos y platos volaban de las mesas, las sillas se movían y se oían voces; y toda esta actividad anómala ocurrió a una escala aterradora, no hubo casa que no presenciase un cambio en las energías. Testigos aseguraron que algunos visitantes del festival, que aparecían y desaparecían en las calles, llevaban muchos años enterrados en el cementerio comunal. Los gatos que infestaban la ciudad, desaparecieron a medida que la masa de personas aumentó. Hubo también un disgusto por el hedor de cierta prole de indigentes que seguía a la multitud desde lejos... Y un grupo de jóvenes que exploraban los bosques tropicales de la zona, se toparon con un diablo que los ahuyentó a pedradas.
Incontables fueron las historias de brujas, fantasmas y monstruos que fueron piadosamente lavadas por la lluvia torrencial que culminó la festividad de peregrinación. La familia de Melissa asistió, y aunque ella lo invitó... se sintió avergonzado de ir, y prefirió quedarse en casa. Esa noche fue predilecta para la realización de hechizos imperecederos, porque Marte se avistaba sobre las montañas como un lucero rojizo, brindando mayor poder para los maleficios y encantamientos de atadura.
Esa noche Andrea le escribió un mensaje interesante:
«¿Quieres acompañarme a cazar un duende?».
Sam borró el mensaje, optando por ignorar a la bruja y pensó en el silencio de María. ¿Estaría enojada? Escuchó una respiración en el estudio y saltó de la cama, desconcertado, dejó el teléfono en la cama y se dirigió el estudio, contiguo a la habitación de su padre y la bodega de mercancías. La puerta estaba abierta, y un charco de líquido aceitoso brillaba en el suelo, formando un rastro cristalino... Sam reparó en los pequeños arroyos mefíticos, y se precipitó al estudio con el corazón desbocado.
Sobre el techo se precipitó un gato con un maullido delicado.
La puerta crujió al abrir, y encontró una habitación en penumbra. Encendió la luz presionando el interruptor, y el despliegue de horrores y maravillas procedentes de mentes enloquecidas se desdibujó a su merced, como el vistazo espantoso al laboratorio de un alquimista: las dos mesas estaban repletas de matraces e instrumentos químicos, llenos de líquidos coloridos. Tres repisas inspiraban su curiosidad ante la colección de tomos y nombres estrafalarios. Sintió admiración por las repletas estanterías que escondía su padre, que no se comparaban con las de la tienda; incluían autores de ocultismo como Paracelso, Agrícola, Van Helmont, Nicolás Flamel, Geber, Boyle, Elphias Levi y el egipcio Zósimo. Los títulos relativos a temas taumatúrgicos, alquímicos y cabalísticos que poblaban la última estantería del estudio... bastaron para inspirarle un temor imperecedero. Sam olvidó las gotas de agua aceitosa que se evaporaban en tentáculos somnolientos, y cruzó la sala para coger un volumen de cuya portada rugosa se leía el título abominable «El Libro de los Grillos», en cuyo prefijo se especificó la traducción de Andrés Bello. No supo cómo, pero concluyó que se trataba de un libro prohibido... Uno sacrílego, del cual había oído decir cosas monstruosas a raíz de mitos indescriptibles que rodeaban al Libertador y su círculo revolucionario.
Vio a su vez extractos del manuscrito del Mar Muerto, los papiros de Enoc y Noe; los evangelios apócrifos de María Magdalena, Judas y... extractos de otros libros innombrables que se desprendían del maléfico Libro de los Grillos. Leyó la Turba Philosopharumla, las investigaciones ocultistas de Newton, los diagramas de Tehvlar, las Formulas Mágicas de Andrés Bello, La Clavis Alchimiae de Fludd, y el Diario de los Sueños de Matías Juárez. No supo cuánto tiempo retuvo aquel libro, sin abrir, en sus manos... sintiendo el correoso cuero negro estremecer en sus dedos. No lo abrió, y cuando lo devolvió a su hueco... escuchó el rumor incierto de insectos nocturnos silbando en la techumbre. No había ventanas, pero el picoteo de un pajarraco lo asustó, por el sonido de sus pisadas... debía ser un animal bastante grande, y su mente se infectó en leyendas de nahuales y brujas.
Dio media vuelta, y contempló un horror indescriptible que lo escudriñaba con ojos demoníacos desde su cuadro de locura: un ser antropoide, envuelto en una túnica grasienta y cuya cabeza deforme correspondía tres anillos de miriápodo, plagado de retorcidas tenazas, rematado por dos colmillos prominentes e inyectados de ponzoña. Aquel ser repulsivo clavó sus ojos ciegos en la espalda de Samuel, cuyo fondo horripilante era un paisaje desolado y ruinoso, habitante de una constelación desconocida plagada de soles negros. El Demonio con Cabeza de Ciempiés se agitó, y el temor que infundió en su espíritu fue suficiente para expulsarlo del estudio. Cerró la puerta... Pensando en las razones de su padre para albergar tan horrible óleo. Se asomó por la ventana del segundo piso, que daba lugar a una pasarela y en la calle vio alejarse un gato blanco como la nieve.
Tenía trece llamadas perdidas de Andrea, y una sarta de mensajes que no paraban de llegar. Sam levantó el teléfono con aprensivo temor y leyó:
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Sol de Medianoche
Teen Fiction«En Montenegro hierve un caldero de oscuridad, es un pueblo gobernado por la superstición y la incertidumbre... Se situa al pie de una montaña embrujada, y por el corren ríos de magia, de historias, de bestias salvajes que se esconden entre los homb...
