III

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III.

—Me dejó cuando más la necesitaba... Estaba destrozado en cuerpo y alma, solo quería sentirme amado. Se fue... dejándome arder en silencio hasta que de mí solo quedaron cenizas—Finchester estaba encorvado en el asiento—. Seiscientos años desde que nos perdimos... Fueron tiempos dorados, un pasado mejor—apestaba a repelente y tabaco—. Y vivieron distantes por siempre...

Andrés permanecía de piernas cruzadas sobre el asiento de la lancha de madera.

—Lo que se hace por amor, se hace más allá de lo razonable—llevaba un chaleco salvavidas. El paisaje de agua oscura reflejaba el sol en su rostro enrojecido—. No necesitamos una razón para amar, es intrínseco de los seres humanos desear alguien que te quiera incondicionalmente...

Donna frunció los labios, estremeciéndose con los movimientos rítmicos de la lancha a motor que cortaba la superficie del agua a través de ese caudal carmesí. Los árboles de la foresta orquestaron un festival de chirridos y bailes estrambóticos, ejercitados por el fuero del viento mentolado...

—¿María te rompió el corazón? —Le preguntó a Finchester.

El pelinegro sonrió, y se palmeó los muslos con una mueca.

Se sintió mal por haber preguntado aquella tontería. El Padre Anaximandro dirigía mecánicamente el motor de la lancha alargada que remontaba el río poco profundo repleto de tocones y caimanes deambulantes. La brisa le levantaba el cabello... El erial de agua oleaginosa se esparcía en remolinos. Las afluencias se dividían en miles de cauces que daban vueltas y retornaban al río de origen para crear un laberinto acuático infestado de pirañas, anacondas, caimanes y cientos de alimañas desconocidos que pululaban en la humedad de los pantanos. Finchester iba sentado junto al Padre, y ambos conversaban en silencio y fijaban las rutas a seguir... Remontaron el indómito Orinoco, de aguas bravas y achocolatadas; y se adentraron al Caroní, más oscuro y frío.

Nelson iba a la cabecera de la lancha, lo seguían Raquel y Andrés, portando un macuto lleno de utensilios y víveres para la travesía. Iban a enfrentarse contra lo desconocido en aguas dulces habitadas por seres infames y espíritus Ahogadores. Según las bitácoras, el Dorado era una ciudad milenaria escondida en el interior de Guayana: gigantescas construcciones de oro y murallas adamantinas, salvadas por un lago que reflejaba su fulgor aurífero con luces fantásticas embebidas de arcoíris. Los hombres que buscaban este paraíso terrenal debían atravesar una inexpugnable catarata que escondía la fortuna incalculable.

—En el centro de esta ciudad se haya un Pozo de agua cristalina, salvada por prismáticos—el Padre Anaximandro posó una mano en la manivela mientras escudriñaba el horizonte purpúreo con sus ojos acuosos—. Nicolás Fedor debió transportar los huesos malditos del Negromante al interior de la región, y mediante un Ritual de Sublimación... podrá regresarle la vida a su Maestro usando al joven Samuel como catalizador. El Culto del Moloch se ha asociado con este mago negro y sus estratagemas podrían involucrar personas de alto poder en la nación.

—En Ciudad Zamora existe un dragón antiguo—Andrés se abrazó las rodillas—. Salvador y yo investigamos los secretos del Dorado de las bitácoras piratas guardadas en los registros de la alcaldía... y encontramos menciones de un monstruo abominable que alguna vez fue el Dios del Dorado, Protector de la Ciudad Legendaria. Concluimos que... sus habitantes no debieron ser seres humanos. Piénsenlo, ¿una ciudad de oro? ¿Una civilización más antigua que Mesopotamia? Puede que estos habitantes hayan provenido del espacio exterior—estaba más pálido de lo usual—. Trayendo consigo criaturas de especies desconocidas y conocimientos arcanos inimaginables...

Raquel frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Los diarios de Alan Castro tenían información de estos seres—se rascó el mentón con los dedos mugrientos—. Los antediluvianos que se disputaron la hegemonía de uno de los últimos planetas habitables del cosmos... Mencionaba ciudades que descendieron del cielo y extraños habitantes, poseedores de incognoscibles tecnologías. ¿Recuerdan los seres que llegaron a la Tierra en un cometa rojo? Se los mitifica como dragones antiguos que sembraron el terror entre las razas...

Sol de MedianocheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora