II.

—Ya me he deprimido antes, muchas veces... No puedo recordar cuando fue la primera vez que probé el cigarro y al alcohol, pero he coqueteado con las drogas desde que tenía trece años—fumó despacio, extrayendo cada gramo de dulce nicotina con el filtro gomoso posado sobre sus labios resecos—. Comencé a beber, porque veía a mis padres aparentemente felices cada vez que ingerían el líquido de las botellas que abundaban en la nevera. Cuando no estaban peleando y gritando, solían beber y...

—Tarántula—dijo el pequeño espectro de piel grisácea y ojos negros...

—Sí—caló hasta el último soplo y arrojó la colilla—. Pensaba que ustedes eran secuelas de la locura de mi niñez... pero, su sufrimiento es palpable como la lepra—sonrió, sarcástico—. No soy esquizofrénico, puedo entrar en contacto con el Mundo Invisible, la Sombra del Pleroma Material... A veces, pienso que los espíritus errantes solo me buscan porque se sienten solos. ¿Crees que la vida es cruel? Solo imagina la infinita sensación de soledad que viene después de la muerte. Quieren ser escuchados y vistos por unos ojos afligidos como los míos...

—Las tarántulas muerden muy fuerte—se quejó aquel fantasma infantil, apenas visible bajo la incandescencia del atardecer—. A veces duele tanto que te mueres...

Echó andar por la avenida maltrecha.

—Aléjate de mí, no soy la persona que tú crees... estoy cubierto de cicatrices.

—¿Sabes cómo llegar al Cielo?

—No existe... Nos mintieron—miró los nubarrones arremolinados—. O... quizás, yo tampoco pueda entrar allí.

—Un pescador avistó un par de sirenas remontando el río, y atrapó a una cría en sus redes—Salvador jugueteó con sus lentes oscuros—. El pequeño tritón se pudrió rápidamente, y parece un mono deforme con injertos de pescado. No es el primero, puesto que una actividad anómala ha hecho que los peces desaparezcan de nuestras aguas... y los reportes de caimanes despedazados abundan en las orillas de las riberas circundantes.

—¿Los espíritus ladrones de almas? —Preguntó Finch, haciendo énfasis en estas apariciones—. Se han cobrado un promedio de una víctima semanal en el Malecón... Los brujos más ancianos de la zona llaman a estos seres «Garabatos», espíritus que guardan relación con un personaje obscuro de la magia negra venezolana. Estos seres indescriptibles son escurridizos, parecidos a murciélagos demoníacos, portando grimorios encuadernados en piel humana, donde anotan pecados para mostrarlos ante el Rey de los Demonios, el Taita. En el Malecón del Río, los habitantes han cubierto sus puertas con cruces de palma para alejar estos demonios...

—Debemos encontrar a Samuel—dictó Salvador, severo—. Parece cosa del destino, pero las cosas no pasan por casualidad. Esta mañana el Padre Boris recibió una llamada de la Capital, un sacerdote de alto rango se dirige a Montenegro, enviado desde Roma, para asistirnos ante este repentino auge de fuerzas malignas. El Presbítero me contó que todo está relacionado: los soplos fatales, la desaparición de los cadáveres en los cementerios y el secuestro de Samuel Wesen.

—Andrés y Jericó lo han buscado por todo el pueblo como unos maniáticos—Finch tomó asiento junto al ciego para encender un cigarrillo, solo para irritarlo—. Raquel, Melissa y Donna insisten en poner la denuncia en la comisaría... pero, la Bruja Blanca teme despertar las alarmas de estos magos negros—caló el cigarro con los ojos entornados—. Tomaron sus precauciones, usando al querido profesor de Samuel como una marioneta. Nelson lleva días rastreando los alrededores de la montaña como un perro cocainómano, pero... el rastro se ha perdido al remontar las aguas del Río Yaracuy.

—Paciencia, Finchester—recalcó Salvador—. Incluso Ronny ha frenado momentáneamente su búsqueda para meter las narices en los barrios más peligrosos... preguntando por un pelirrojo de ojos extraños.

Sol de MedianocheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora