IV.

—El desaparecido castillo maldito de Ocumare del Tuy—Nicolás Fedor caminaba al frente de la procesión, con su característico andar desgarbado, apoyado del Yaguatero—. Una lúgubre construcción colonial... que perteneció a este famoso pirata. Descolados pasillos sembrados de fantasmagóricas sombras y cacofonías indescriptibles que ululan a través de las troneras. Durante la sangrienta Guerra de Independencia, este hombre defraudó la causa y violó a una joven hermosa hasta matarla... La leyenda narra que este pirata se ahorcó, y su espíritu vaga por el castillo persiguiendo a la joven en una persecución eterna—el mago de rostro cruel sonrió de lado, arrugando sus mejillas como una pasa—. Creí que el castillo ardió hasta sus cimientos durante la Matanza en la Asamblea de Angostura. ¿Quién lo imaginaría? Después de tantos años, por fin lo encontré... El Brujo Curbano hizo volar el castillo por el cielo y lo depositó en su hacienda mediante una Atadura Terrenal que lo hace desaparecer todo el año. Mientras los peregrinos neófitos acampan en la superficie, bajo sus pies, se remueven fuerzas incompresibles.

El bastón del brujo era largo y robusto, rematado en una calavera felina pintarrajeada de colores vivos y adornada con listones y argollas. Cada que daba un paso, la punta inferior en que apoyaba su peso desprendía un sonido seco y amortiguado contra el frío suelo de piedra. El polvo acumulado por las décadas de abandono convertía el aire viciado en un remedo irrespirable... pero, Azmo soplaba una ventisca feérica de aire puro. Luis iba detrás de Nicolás Fedor, el anciano callaba con el rostro envuelto en su habitual amargura... mientras los magos Aquino y Azmo cerraban la fila. Sus zapatos se hundían en la gruesa película de polvo... Lamentaba estropear calzados tan inmaculados.

La chimpancé llamada Martha resultó ser bastante amigable: le cortó el cabello con una máquina afeitadora, y curó sus raspones y moretones. Todos los días Martha le obligaba a bañarse antes de dormir, y él la ayudaba a limpiar la vistosa casona de amplia fachada sobre una colina en el Malecón del Río. La mona era bastante habilidosa, y cuando intentaba ayudarla con el almuerzo, le golpeaba las manos con una cuchara de madera... Su cocina era un amplio espacio repleto de mesones a rebosar de utensilios de madera y artesanías de piedra volcánica que le daban a la comida un sabor tropical. Usaba una escalera para alcanzar las especias en los altos anaqueles, encendía carbones con los instrumentos mágicos de Nicolás, y también horneaba a leña. A pesar de no hablar, conocía de panadería, guisos, jugos, vinagretas, caldos y aderezos; su café era inigualable. Siempre le llevaba su café con panes dulces a Nicolás mientras leía en el balcón recibiendo llamadas importantes y asesorías... Guisaba los frijoles mientras se maquillaba con abundante carmín, y doraba el pescado con las moños anudados en los dedos.

Aquella casona estaba llena de aparatos curiosos que lavaban, secaban y planchaban la ropa sin mucho esfuerzo. La chimpancé le regaló unas túnicas diminutas color púrpura, y lo ayudaba a ceñirse el fajín blanco a la cintura y los listones en las muñecas. Luis siempre llevaba el rosario de su padre al cuello con orgullo, y contaba los días para regresar con él...

—¿No asistiremos a la Casa Solariega este viernes? —Preguntó Azmo. Era un mago de aspecto juvenil, ojos grises, cabello rizado y ropajes coloquiales del friolento ambiente andino. La Concha de Yurimagua lanzaba destellos cerúleos en su pecho como un colgante majestuoso. De su vasto manto manaba una ventisca fría que convertía el aire viciado de aquel lúgubre corredor en una agradable brisa—. Iba a ser mi primera vez codeando ante los poderosos magos del país...

—Somos gentuza de los llanos—replicó Aquino, más severo que su hermano. Sus ojos oscuros eran inescrutables, vestía ropas andinas de rayas azules y un robusto sombrero de paja. De su cuello colgaba un collar hecho con una iguana momificada—. Nunca perteneceremos a los grandes cultos... Aterriza, Azmo. La Casa Solariega fue fundaba por y para Presidentes de la Republica, a puertas cerradas solo se reúnen hombres y mujeres poderosos. Los magos negros solo asisten a las ceremonias secretas para invocar espíritus... y expiar las ofrendas.

Sol de MedianocheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora