Capítulo 8: Conjunción de Espíritus.
I.
—Mi papá siempre fue muy infantil—le dijo alguna vez Bianca—. Le gusta ver comiquitas, coleccionar carritos, jugar videojuegos y... hace boberías para hacernos reír a mi hermana y a mí. De pequeña, no entendía por qué él era tan «genial» hasta que mi madre me contó que su familia fue muy muy pobre. Vivió en el campo y nunca le compraron juguetes, además... lo obligaron a trabajar desde chiquito para apoyar la casa—Ana tejió una red invisible con los dedos—. Así entendí, que a la mayoría de personas que vemos siendo infantiles... Tal vez nunca pudieron ser niños.
—Algunas personas solo son graciosas para olvidar o esconder su sufrimiento—el perro descomunal era de un negro azabache indescriptible, melena reluciente y ojos espectrales—. El cuerpo de Bianca se ha debilitado demasiado. La Saeta que condena su espíritu, ha separado el cuerpo físico del alma. La Esencia de Bianca se ha perdido, y lo único que queda de ella es Materia...
Ana dibujó un círculo en la arena tibia a la ribera del río lechoso que discurría en meandros, arrastrando ramas y hojas marchitas en sus aguas achocolatadas. Solía perderse en aquellos pantanos cenagosos de niña, y el espectro perruno la esperaba a la orilla de la angostura para conversar apacible con su voz ronca. Se sentaban en los bancos de arena a contemplar el agua...
Ana se abrazó las rodillas, suspirando.
—¿Qué tienes, pequeña humana?
—Me rompieron el corazón.
Los ojos verdosos del fantasma resplandecieron como fuegos fatuos.
—El amor es para aquellos dispuestos a sufrir las consecuencias.
—¿A ti te han roto el corazón?
—Sí...
—¿Cómo fue?
El perro ladeó su cabeza, y se pasó una lengua morada por las encías cerúleas.
—Me dijo: te amaré hasta que mi corazón deje de latir... Hoy en día estoy solo.
No sabía su nombre, pero era su confidente... y la escuchaba con paciencia hasta que Ana derramaba lágrimas sobre su pelaje negro. Era un ser inefable de una raza abstracta que repercutía en la enajenación póstuma. Detrimento de los seres espirituales reflejados en el Velo de la Materia como haces energéticos... Desconocía su auténtica naturaleza, pero más allá de lo inimaginable, su forma astral era un caleidoscopio intangible.
—Un espíritu me guió al Libro de sangre—replicó Ana, abrazando sus rodillas—. Es grande, y sus letras aún son legibles... Fue encuadernado hace muchos años en una piel roja y curtida. Es aterrador mirarlo en silencio, una voz socava el interior de tus pensamientos en detrimento de lo razonable...
—No deberías conservar tales blasfemias—el perro bajó la cabeza—. Lánzalo al río antes que sus conjuras te consuman el cerebro...
—He estudiado su lenguaje, y creo que fue escrito en sánscrito védico. Logré corregir sus traducciones al latín y me estoy preparando para una vocalización capaz de romper la Saeta que conjuró el Demonio Blitz. Los Dioses Muertos poseen una potestad incólume sobre los egrégores...
—Niña... ¿Sabes lo que es amar hasta consumirse? —El espíritu parecía triste, imbuido en prematuro agobio—. Nunca debí mostraste el escondrijo del «Rauöskinna». Las descripciones de ese manuscrito han traído calamidades en páramos desolados...
Pero hizo caso omiso a las advertencias del espectro azabache, y llevo a cabo la ceremonia en secreto. Siempre visitaba el cuerpo comatoso de Bianca, postrada en una cama desvencijada en su reducida habitación tapizada con dibujos de mariposas. La muchacha había enflaquecido espantosamente: sus mejillas se hundían con desesperación en un rostro lechoso de párpados oscuros y venas azules. El aire flatulento estaba viciado por el olor rancio del sudor y los químicos intravenosos...
Ana levantó el pesado libro de piel roja, y pasó las páginas ictericias de horripilantes ilustraciones hasta hallar el listón marcapáginas... y miró atentamente las letras diamantiformes de caprichosa ortografía, que describían locuras irracionales y desencantadas injurias. Los pulmones de la chica se habían debilitado, y la máquina que le proporcionaba aire traqueteaba con descontento. La familia había abandonado toda la esperanza y esperaban un milagro...
Comenzó a leer el texto sacrílego de aquella lengua ininteligible, con la lengua caliente queriendo adherirse a su paladar... Suplicando con el hervor de su sangre y la flema de su laringe. Gritaba estertores de muerte que evocaban horrores sepultados en impetuosas tundras y selvas abominables. Sus ojos se desenfocaron al contemplar el caleidoscopio de sombras burlonas que emergían de sus sepelios en una jauría de enajenación... Su garganta se desgarraba y el regusto ferroso de la repulsiva sangre manchó sus dientes. La voz que fluía de su pecho era gutural e injuriada, reverberando como una sinfonía tétrica de apóstoles falsarios mientras las paredes lloraban sucedáneos sanguíneos.
La proclamación apoteósica de aquel palimpsesto muerto propició el destierro de ánimas custodios a escarpaduras infernales de carácter dantesco. Los párpados de Bianca se agitaron y la máquina chisporroteo con chispazos y tentáculos de humo... Las luces se sulfataron con un chirrido indescriptible, y los tabiques de las paredes crujieron ante el estremecimiento de la tierra. Una escaramuza dionisíaca desató una plaga de adulterio...
Ana gritó la culminación de la conjuración en aquella lengua indescriptible, y el torbellino de energía invisible atravesó sus carnes con flagrante electricidad. Al terminar, quedó sin aliento... adormecida en la penumbra más inescrutable. La luz volvió a parpadear, y miró el rostro muerto de Bianca, formando una mueca infrahumana y exagerada. Se asustó, y el pesado libro se le resbaló de las manos para aplastar sus pies... Gritó cuando la luz volvió a parpadear ante la ausencia del cuerpo de la muchacha.
Un millar de voces la llamaron desde las tinieblas. Bianca trepaba por el techo como una cucaracha... arrastrándose en una contorsión horripilante. Los matices que brotaban de su garganta eran inenarrables y diversos: una multitud gritaba desde su interior queriendo romper el cascarón de carne con lascas afiladas. Se perdió en un vórtice de ojos ofidios que la desgarraban, arrancando su piel y chupando su sangre con morros infectos de colmillos...
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Sol de Medianoche
Teen Fiction«En Montenegro hierve un caldero de oscuridad, es un pueblo gobernado por la superstición y la incertidumbre... Se situa al pie de una montaña embrujada, y por el corren ríos de magia, de historias, de bestias salvajes que se esconden entre los homb...
