II.
Siempre creí que sería malo
Y ahora sé que es verdad
Porque tú eres tan buena
Y no soy como tú.
Te has ido hoy, y yo te adoro
Quisiera saber
¿Qué te hace pensar que especial soy?
Corrodo Gini era un hombre inusual, enigmático y espeluznante. Alto y recto, de rostro limpio adornado con pequeñas arrugas y desprovisto absolutamente de cabello. Llevaba un sombrero de copa y un traje verde, de elegancia y finura extravagante, inmaculado como un abogado de prestigio. Sus zapatos de gamuza taconearon el suelo de tablas con zumbidos espectrales y ecos obnubilados... Su perfume cítrico se mezclaba con el almizcle de libros viejos, alcanfor y hierbabuena. Era un olor particular, tan fuerte y colorido que podía palparlo; era una quintaesencia peculiar que destilaba su alma a través de los poros.
—¿Tú eres Beta W?
—¿Disculpe? —Frunció el ceño—. Mi nombre es Samuel...
—¿Samuel? —Gini entornó sus ojos—. Ya veo... W-32 debió lavarte el cerebro.
Le dedicó una larga mirada a Samuel, como si al concentrarse pudiera sondear en las profundidades de su mente, al taladrar bajo sus párpados con sus ojos aguamarina, opalinos y brillosos. Cuando se movía, emitía un imperceptible silbido que se confundía con el ulular de un viento feérico... Un rumiar afilado que asemejaba los sables del diablo. Su padre Fred salió del estudio para recibir al invitado, que se movía y expresaba como un viajero que provenía de una tierra encantada y remota. Ambos hombres subieron los escalones para hablar con libertad en el estudio, y Sam los miró desaparecer mientras limpiaba el polvo de las repisas y organizaba los fetiches en los anaqueles.
María no lo llamó para celebrar juntos Navidad, y pasó la gran parte del descanso trabajando con Melissa en la tienda. No supo más de los jóvenes que rescató, lo único que llegó a sus oídos fue que Patricia quedó inconsciente durante una semana, y que tras despertar... los doctores se preocuparon por la inutilidad de sus piernas. No pudieron determinar la causa de su parálisis, salvo conjeturas debido al estrés vivido. Ronny estaba preocupado por su novia, y se lo veía triste al recorrer las calles empujando la silla de ruedas donde Patricia era confinada. La pareja daba paseos diarios por las calles desoladas al atardecer...
Cuando finalmente comenzaron las clases, pudo comprobar que todos parecieron olvidar el trauma gracias a una milagrosa amnesia. Nelson Arciniega lucía moretones disimulados en su rostro moreno, y le hizo un saludo militar a Sam cuando lo vio. María se volvió a ausentar del colegio durante todo el mes de enero, el único intermitente en la asistencia era Finchester, que solía escaparse al cambio de turno.
En voz baja se murmuraba sobre un evento de bailes organizado por los Jinetes durante la Fiesta de las Candelarias, a principios de febrero; a pesar del temor infundado por el terrorismo en Navidad, la policía colaboraba activamente para apaciguar estos miedos. Por los murmullos de Andrés, de quien todos decían era hijo de santeros, durante la Víspera de las Candelarias se invocarían Potencias en la Montaña del Sorte.
—Hicieron lo mismo durante la comparsa—murmuró Salvador, que siempre le llevaba la contraria a Andrés—. Esa noche estaba junto al Padre Boris en el campanario de la Iglesia Maldita de San Lucas. Hemos descubierto madrigueras de extraños murciélagos y ponemos repelente para que no llenen la capilla de excrementos. No asistí a la comparsa, porque el paganismo del Carnaval es placer de diablos. ¡Y te juro, Andrés! Que miré por un momento la Montaña del Sorte mientras el concierto llegaba al clímax, a su mejor momento, y... vi un rayo rojizo subir al cielo desde el corazón de la montaña. ¡El Padre Boris también lo vio y se persignó! ¡Esa noche invocaron una Potestad en el mismo sitio donde siglos atrás se irguió el Trono del Diablo! ¡Y mira, a esa misma hora comenzó el tiroteo en el Malecón! —Salvador se mordió el labio inferior—. No murió nadie por balas, pero el terror se cobró víctimas. ¡El terror palpable que utilizan los satanistas en sus rituales de sufrimiento para llamar demonios!
Salvador era sacristán, y estudiaba para convertirse en cura. Era un joven erudito de las sagradas escrituras, y sabía cuán desagradable podían ser las tinieblas que envolvían Montenegro. Su deber era internalizar las exégesis bíblicas, y obrar como portavoz del único sacerdote con que contaba el pueblo atrapado en la superstición y el misterio. No exageraba cuando hablaba de catalizadores energéticos que se servían de las emociones; compartir con Andrea le enseñó que existía un mundo invisible, que vibraba en las sombras ajenas al ojo, y daba forma al Universo de maneras insospechadas. Miedo, amor, odio, ira o tristeza... cada mundo era diferente, y se formaba a partir de estas emociones emanadas como proyecciones. Se encendían hogueras en las montañas, como lejanos fuegos rutilantes, y se adoraban necias figuras paganas en conmemoración a ritos más antiguos que los dioses antecesores al idílico Dios Gobernante.
La Víspera de las Candelarias, segundo día de febrero, se esperaba con paciencia religiosa y... los reportes de sirenas avistadas en el río Yaracuy por pescadores poblaban los noticieros. Sam pensó con indulgencia sobre los anfibios viscosos que secuestraron a los chicos, y en las desapariciones que ocurrían en los ranchos más alejados del pueblo. Había hablado con Donna de lo ocurrido, pero ella tampoco parecía recordar y arguyó que pudo tener una mala digestión por los drogas, ocasionando pesadillas en su trasnocho.
—Samuel—lo llamó Soledad, acompañada de Andrea—. El Presidente quiere verte.
—¿Andrea?
—Samuel—la chica se veía más alta y su cabello había crecido mucho desde el año pasado—. Al fin pude regresar, fui a Ciudad Zamora junto a mi padre, que frecuenta círculos masones... y pasamos Navidad en Chivacoa, con mi tío Carlos, que es Presbítero de la parroquia. Mi tío Eduardo también vino, pero de él no puedo hablar mucho porque está trabajando en los llanos orientales para el hampa. Es un brujo muy poderoso, más que cualquier pretencioso de Montenegro.
Sam la abrazó, y la chica soltó una risita.
—Te extrañé, bruja.
—Gracias—dijo, risueña—. Yo también te extrañé... Te vi, mientras corrías a toda velocidad por el mundo onírico montado en el Carretón endemoniado junto al Diablo del Centro. ¡Me tienes que contar todo!
—Lo siento, Samuel—Soledad se acercó—. Sabía que no te creerían, así que les seguí el juego. Fingí no recordar nada. Los hechizos que ese... diablo nos murmuró al oído, no funcionaron conmigo. Creo que mi mitad lamia rechazó gran parte de los hechizos, pero no pude hacer nada contra la magia de aquellos brujos. Quería mostrar mi verdadera forma y espantar a los tritones, pero las sombras cayeron sobre mí y me sometieron con sortilegios.
—Está bien—Sam asintió, no quería recordar aquello—. Pude rescatarlos, aunque uno de mis amigos murió.
—¿Estás bien?
—Sí, a su manera consiguió hacer realidad su sueño—Sam se rascó la nuca—. ¿Qué es la inmortalidad? Para mí es nunca morir, para él... era ser recordado por siempre.
Andrea le contó en voz baja sobre las andanzas de su tío Eduardo en los llanos, de sus aventuras montando caballo y persiguiendo a los malandrines rivales en moto junto a un mocho apodado Perrote, que conducía más rápido y arriesgado que nadie. No podía revelar el nombre de su jefe, pero este confiaba plenamente en la hechicería de Eduardo Túnez y lo tenía en alta estima. A su tío Carlos, Presbítero de Chivacoa, no le gustaba aquello, pero no intentaba convencer a su hermano de abandonar aquella vida. Su padre Saúl expandió su colección de libros prohibidos gracias a sus contactos, al parecer ascendió un grado mayor en la jerarquía masónica y se le permitió el acceso a una biblioteca secreta en algún escondite de Ciudad Zamora. Los tíos adoraban a Andrea y la consintieron con regalos caros. Despedida Soledad, los dos esperaron tendido rato fuera del despacho del Presidente de los Jinetes. Vieron salir a Santiago, que se estaba presentado en el concierto durante el tiroteo.
—¿Quién era el Cantante Misterioso?
—Ni idea—Sam se encogió de hombros—. Se iba a revelar a medianoche, pero el evento se interrumpió por tú ya sabes qué...
—Es una celebridad. Había apostado que era alguien del Colegio. Podría ser...
—¿Yo?
—¿Cantas?
—Cuando estoy muy borracho.
—Samuel—Andrea se mordió el labio, como quien va a soltar una verdad dolorosa—. Debes tener cuidado...
—¿Por qué?
Pero enseguida fue llamado por Gerardo, y no le permitieron entrar a la chica; quién renunció a ser su secretaria por la pesada carga de trabajo y no por los chismorreos de sus amoríos con el Presidente. El rubio tenía un trozo de turrón blando en las manos, y lo degustaba plácidamente, sentado en el otro lado del escritorio. En su mesa se apilaban las propuestas de diferentes artistas que querían participar en sus eventos, y otras fundaciones que financiaban sus celebraciones. Siempre estaba en busca de patrocinadores, y la alcaldía lo apoyaba activamente durante la época turística.
—Samuel Wesen—los ojos dorados del joven lanzaron destellos afilados—. Sé lo que ocurrió en la quebrada. No te preocupes... Es de admirar que tomaste decisiones pensando en los otros. La policía sigue investigando a los terroristas que se esfumaron misteriosamente después de sembrar el terror... ¿Fue una locura, verdad? Seis personas murieron por mi culpa—sus dedos se mostraron inquietos—. ¿Quieres un dulce? ¿No? Bueno... Los espíritus del río han caído bajo el poder de los magos negros de la Finca del Chaure, ¿sabes que esconden?
—No, señor. He intentando investigar, pero más allá de sus creencias poco ortodoxas... No encuentro motivos para...
—Han habido desapariciones—el Presidente cruzó los dedos con una mueca—. Entre Montenegro y Chivacoa existen gran variedad de ranchos apartados del barullo de las carreteras y la inmensidad de las poblaciones. La mayoría son autosuficientes, comunidades sin ley conformadas por agricultores analfabetos; crecen niños sin presentar en el registro civil, y se crea toda una sociedad apartada de nuestra esfera territorial. Estos son los blancos predilectos para los ritos de hechicería moderna: personas que formalmente no existen. Los desaparecen, mutilan y sacrifican en horridos ritos para apaciguar la sed de sangre de sus ídolos. Cientos de personas, de todas las edades, pertenecientes a estas comunidades descentralizadas, desaparecen sin dejar rastro...
—¿Usted cree qué...?
—Miles de brujos y magos negros frecuentan estas montañas durante todo el año. Círculos herméticos que ahondan en las ciencias negras se congregaban acá, y no dudo sobre sus intenciones mórbidas. Te he visto, Samuel, y quiero que seas mis ojos y oídos moviéndote en la multitud... Juntos podremos desentrañar el misterio de Montenegro, ver más allá de leyendas sin sentido como el Trono del Diablo o... Carlos Figuera Algarrobo. La policía investiga, pero son ineficientes debido a las restricciones legales que protegen a los extranjeros y a la gente adinerada; pero tú, mi amigo, puedes moverte entre los mundos como un fantasma. Se están removiendo magias antiguas y poderosas, que yacieron durante centurias, enterradas bajo la pestilencia y el olvido... Montenegro no es lo que crees: es un ser vivo que palpita y ronca en las profundidades—miró los papeles en su escritorio, y sus ojos lanzaron destellos—. Es una pena lo de Patricia... Ronny debe estar deprimido. Y... gracias por proteger a Mar.
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Sol de Medianoche
Roman pour Adolescents«En Montenegro hierve un caldero de oscuridad, es un pueblo gobernado por la superstición y la incertidumbre... Se situa al pie de una montaña embrujada, y por el corren ríos de magia, de historias, de bestias salvajes que se esconden entre los homb...
