II.

Cuando estuviste aquí...
No podía mirarte a los ojos
Pareces un ángel
Tu piel me hace llorar

Flotas como una pluma
En un hermoso mundo
Desearía ser especial
Tú eres tan especial...

Pero soy un monstruo
Soy un bicho raro
¿Qué carajos hago aquí?
No pertenezco a esto...

No importa si duele
Quiero tener el control
Quiero un cuerpo perfecto
Quiero un alma perfecta

Quiero que te des cuenta
Cuando no estoy cerca
Eres tan especial...
Desearía ser especial

Pero soy un monstruo
Soy un bicho raro...

—¿Tenemos un cantante en la familia?
Nelson se crispó ante el tono burlón de aquella voz, y abandonó su faena a la orilla de la laguna... Soltó la caña de pescar sobre el muelle y miró en derredor con los sentidos dilatados. Un mundo de sabores y sonidos se desdibujó ante su cerebro como un paisaje abstracto e indescriptible... de rumores y almizcles mezclados en una danza espectacular de tinieblas crepusculares. Los árboles acechaban como un ejército incólume de centinelas verdosos de armadura rugosa...
—¿Quién dijo eso?
El moreno olisqueó el aire septentrional que discurría de las colinas como un perfume de primavera. La humedad calidad de la laguna exhibía un oleaginoso verdor... y el rumor de la vegetación me erizó el vello de los brazos. Una forma lobuna de pelaje hirsuto surgió de los zarzales: era un canino robusto y blanco manchado con sendos lunares chocolates. Los ojos amarillos refulgían con relámpagos avispados... Reconoció el perfume de herrumbre y gel fijador de aquel Cambiante.
—Mi primo Nelson—sonrió Diego Arciniega, y se lamió el hocico negro—. No has crecido mucho... y sigue igual de feo. Pero, ya has superado tu Transformación.
—¿Qué quieres, Diego?
—¿Y el respeto a los mayores? —El inmenso perro se sentó sobre los cuartos traseros con un aura pesada—. ¿Uno ya no puede visitar a su familia?
—¿Alejandro vino contigo?
—No sé—meneó su cabeza, con las orejas levantadas en un movimiento que imitó un encogimiento de hombros—. Uno extraña a la familia...
—Ustedes no extrañan a nadie—le espetó Nelson, furibundo—. Son unos malintencionados... Desde que huyeron de Montenegro nadie los echó de menos.
El pelaje de Diego se erizó, y Nelson se preparó para una embestida que nunca llegó.
—¿Sabes por qué nos fuimos, verdad?
—No me importa—replicó el moreno—. Ahora yo soy el Protector Terrenal de Montenegro...
—Es verdad que Omar está muerto—aquella voz aguda e infantil lo atemorizó. Se dio media vuelta, y el inmenso perro negro brotó de los zarzales en el más rotundo silencio... Sus ojos verdes refulgían como fuegos fatuos e infernales—. Pero, no podrás con la responsabilidad... Montenegro no es lo que crees. El día que menos lo esperes, la Comunidad Católica se convertirá en cenizas y todos tus amigos acabarán sepultadas en la iglesia que los subordina.
Alejandro era un espectro azabache que desprendía un fuero malévolo. Era más grande y robusto que Diego, y sus ojos desprendían hostilidad. Sus dos primos durante muchos años fueron la pesadilla de Montenegro, y junto al pandillero Jesús Álvarez atormentaron las colegiaturas y se zafaron de crímenes... Su época de terror terminó cuando Gerardo, el Presidente de los Jinetes, los ahuyentó a palos a los tres. Jesús se redimió, y sus primos se marcharon del pueblo.
—¿Qué vinieron a hacer? —Nelson se sentía rodeado e indefenso—. Mi tía lloró la navidad que pasaron lejos de casa... ¿Dónde estaban? ¿Qué hacían?
Alejandro resopló, y se acercó con un andar desgarbado.
—¿Lucía también se marchó de este barrio?
—No sé de ella desde el año pasado—dijo, intentando calmar sus pensamientos—. Y mi tío está tan borracho que aún no se ha dado cuenta...
—La familia te va a limitar—replicó Diego y movió las orejas. Notó que la faltaba un trozo en la punta de la izquierda—. No les debes nada... márchate antes que te ahoguen con sus problemas.
—No dejaré a mi abuelo, ni a mis amigos.
Diego mostró los colmillos en una mueca salvaje, y Nelson temió que sus primos lo atacasen. Alejandro aulló, y el perro manchado saltó sobre sus cuatro patas para recortar la distancia al muelle con zancadas rápidas... Nelson se paralizó de miedo cuando su primo pasó junto suyo, y siguió de largo para perderse en la foresta junto a Alejandro. Bien pudo haberle arrancado la cabeza de un bocado, y no supo cuánto tiempo estuvo así: paralizado, temblando y con la mirada perdida... Hasta que volvió en sí, y se sentó en el muelle hasta el atardecer para meditar que iba a decirle a la Comunidad Católica sobre la amenaza de su familia.
—Arciniega—el aspecto de Jonás González era ojeroso y lóbrego. Iba acompañado de sus primos más crecidos: Enrique y Manuel; más larguiruchos y morenos de lo que recordaba. La cicatriz de Enrique se había atenuado y Manuel era más alto que su primo mayor—. Lo sé, ya nos enteramos. El chisme corre como el viento en este pueblito... Pero, tus primos son el menor de nuestros problemas. Déjame pasar a tu casa, ¿cómo sigue tu abuelo? Le traeré unos topochos de nuestro conuco la próxima vez que venga. Monta un café que trajimos panes dulces. Escúchame, Arciniega... ¿Qué sabes de los Sonetistas y la Corte de Magiares?
Nelson enmudeció, había escuchado aquellos nombres en reiteradas ocasiones sin conocer su significado.
—¿Son una Organización Ocultista como el Convenio de Salem?
—No—Jonás tomó asiento en la mesa barnizada y palideció. Sus primos lo flanquearon como escoltas—. Son el corazón de la serpiente... El origen de la maldad en este mundo contaminado. La Corte de Magiares reside en una isla desconocida de algún lugar del océano, y sus Sonetistas han extendido una telaraña de acero que controla a las élites más poderosas del planeta. Desde el Presidente Björk, hasta el Convenio de Salem y Gigantes Corporativos. La hegemonía del mundo le pertenece a esta corte autócrata de soberanos...
—¿Y eso que tiene que ver con nosotros?
—Las Restricciones de la Isla Esperanza—dictó el joven pelinegro—. La existencia de los Cambiantes ha pasado de secreto internacional, al archivo de los principales gobiernos del globo. Durante generaciones pasamos desapercibidos, pero con el crecimiento de la población... nuestro número ha alertado a la cúspide de esta pirámide. Creen que somos el nuevo eslabón de la especie humana... ¿Sabes lo qué significa?
Nelson sirvió las tazas de café amargo.
—¿Qué?
Jonás se zampó un trago de café negro.
—¡Esto no tiene azúcar!
—Serás niña... Así es más rico.
—¡Las Restricciones que imponen a nuestra raza nos califica de Homo Anomalus! —Recalcó, severo—. ¡Nos restringirán los derechos humanos básicos como la propiedad privada, la educación y la ley! ¡Nos llevarán a campos de concentración para disecciones y experimentos! ¡Seremos esclavizados hasta la muerte!
—Eso suena muy paranoico.
—¡Ya ha comenzado, Arciniega! —Jonás se pasó una mano por el cabello—. En Europa hay movilizaciones, y en algunas ciudades se están cazando a los Cambiantes ocultos en la sociedad. Están haciendo pruebas de sangre en escuelas para descubrir estos genes recesivos... Todo bajo un halo de misterio, mientras ocurren guerras y catástrofes que desvían la atención.
—¿Y para qué me dices todo esto?
—Porque fui contactado por la Bestia Albina. ¿No lo conoces, verdad? Pues nadie conoce su verdadero identidad, pero es un líder opositor a estas restricciones. Es nuestro Líder, y en comunión con diferentes Movimientos de Cambiantes... se está preparando para librar esta guerra contra los Todopoderosos. He intercambio llamadas con la Bestia Albina, y está interesado en Montenegro... cree que podremos reclutar a los Cambiantes necesarios para su revolución. Pero, no he venido para inculcar doctrinas militares en tu mente. No, vengo a pedirte... como hermano Cambiante, que me prestes tu fuerza en una cruzada que podría cambiar el destino de nuestra existencia.
—Ladra—Nelson entornó sus ojos oscuros—. Ya no soy un niño manipulable... ¿Qué quieres, Jonás González?
—En lo profundo de la Montaña del Sorte, desde que comenzó esta Semana Santa—empezó a decir con tono cordial—. Han aparecido las ruinas de la Hacienda Arco... ceremonial de la Atadura Terrenal que conmina ese lugar. Se dice que el Brujo, Nicolás Curbano, escondió un tesoro de poder incalculable... y tenemos seis días para encontrarlo antes que la hacienda vuelva a desaparecer. Este año, se han movilizado brujos de todas las regiones a la Montaña del Sorte... y la Bestia Albina nos ha mandado a encontrar el Tesoro del Ciervo Blanco antes que caiga en manos de los magos negros del país bajo la influencia del Presidente Rómulo Marcano o... la maléfica Corte de Magiares.

Sol de MedianocheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora