Capítulo 4: El Venablo de San Lucas.

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Capítulo 4: El Venablo de San Lucas.

I.

—El amor no siempre va de la mano con el destino—Eduardo posó su mano sobre el hombro de Samuel—. Tranquilo, yo también pasé por lo que tú pasaste... Igual que todos, son cosas de la vida. El amor siempre duele... Nada en esta vida es para siempre, por eso, no debemos apegarnos mucho a las personas. Es duro, pero así es la realidad.

—Es muy duro cuando creíste que ibas a estar con esa persona—bajó la mirada a los matorrales cenizos—. Te sentías en el lugar adecuado y... pensabas que ella también quería estar para ti.

El moreno se encogió de hombros.

—Muchas veces el amor no es suficiente, pero soy fiel creyente de que las cosas no suceden por casualidad y aunque hoy duele, el destino fue otro. Así que... respira profundamente y sigue caminando con ese dolor en el pecho, más tranquilo por saber que hiciste todo lo que estuvo en tus manos.

La espesura húmeda era bastante calurosa en agosto. Al atardecer, los mosquitos zumbaban como molestas alimañas. Los árboles huesudos y larguiruchos formaban una espesa enramada que retenía los rayos solares con un cojín claroscuro. Las cigarras cantaban con chirridos, y los espectros arbóreos saltaban como infantes decrépitos. Eduardo vestía un abrigo negro y pantalones de mezclilla del mismo color, zapatos de montaña y un morral de tela con un sombrero de paja para el sol. La cruz azabache que se contoneaba en su lóbulo desprendía destellos violáceos cada vez que ascendía una escalinata...

Eduardo Túnez había reunido testimonios congruentes, mientras que en el periódico del pueblo se publicaron los avistamientos de la Patasola, en los barrios más cercanos a las montañas infestadas de espíritus. Una entidad centenaria temida en la región: la bruja que se arrastra por el bosque, vestida de blanco, con un párpado entrecerrado y un ojo descomunal. La Comunidad Católica lo asignó al custodio del brujo, porque Eduardo sospechaba que podría tratarse de Andrea bajo la influencia de una Potestad.

Sam no cargaba pertenencias significativas: comida de rápido consumo, botella de agua, repelente, pastillas de malestar, medias y alguna ropa. Vestía con pantalones de grueso algodón, suéter añil, zapatos deportivos y un gorro para el frío de la noche. Allí en la montaña, las noches eran heladas... pero, llevar demasiado equipaje era peligroso. Lo que se retorcía en las vísceras de la montaña podría enloquecer y matar sin contemplación...

Escuchar las divergencias histéricas del moreno eran entretenidas: hablaba de novelas mundanas de la televisión por cable, tierras lejanas habitadas por familias de hechicería indomable, magias arcanas que pululaban en las mitologías de pueblos sin documentar, Manifestaciones Energéticas de Entidades desconocidas, Arcontes y teorías metafísicas excéntricas sobre la prevalencia de mundos convexos formados enteramente por ondas psíquicas emanadas por el inconsciente. Era un estudioso del Misticismo, extrapolado a las infinitas vertientes del psique humano.

—Las contravenciones y fenómenos mágicos no son más que energía pura en sus diferentes transformaciones elementales bajo los axiomas que rigen el Universo. Mis conjeturas metafísicas discrepan de las teorías propuestas por los catedráticos de la Universidad Bolivariana en la capital... pues, a diferencia de ellos, asumo que la idiosincrasia entre las energías positiva y negativa es más que una naturaleza intrínseca de trasmutación. Me atrevo a proponer que son la misma forma de fuerza, en diferente estado de vibración...

»¿O cómo si no? ¿Las diferencias oscilatorias entre las partículas bajo influencias respectivas? El cuerpo humano produce energía en diferentes magnitudes: es una bomba de antieléctrones compuesto por billones de células cargadas en un apretado organismo en sintonía. Desprendemos energía con cada pensamiento... según los principios de la entropía. Según la ciencia noética, está comprobado que los pensamientos tienen masa en cantidades microscópicas, se ha experimentado muchísimo con la teoría de que el pensamiento colectivo de la humanidad está en sintonía de alguna forma. Quizás los dioses que conocemos sean conjunciones de energía en otro plano que somos incapaces de percibir. Las vibraciones de nuestro cuerpo producen distintos niveles energéticos... Y controlar las diferentes claves de esa fuerza invisible conduce al entendimiento de los Misterios Mayores. El secreto más preciado y mejor escondido de la raza humana.

Sol de MedianocheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora