El cielo de Driftmark estaba cubierto por nubes grises, reflejando el luto que envolvía a la familia Targaryen y Velaryon. El funeral de Laena Velaryon había reunido a todos, pero el dolor no se limitaba a su pérdida. Los hijos de Rhaenyra también lloraban la muerte de Harwin Strong, su verdadero padre, aunque en silencio y con miradas furtivas.
Lucenya Velaryon se encontraba junto a Jacaerys, ambos con el rostro marcado por la tristeza. Lucenya, con su cabello ondeando al viento, buscaba consuelo en la presencia de su hermano. Jacaerys, aunque igualmente afectado, intentaba mantenerse fuerte para ella.
Aegon, con su actitud burlesca y despectiva, no perdía oportunidad para lanzar comentarios mordaces.
-¿Llorando por un padre que nunca fue tuyo?- se burló, con sus palabras llenas de veneno.
Jacaerys apretó los puños, pero Lucenya le tomó la mano, calmándolo con su toque.
-No le hagas caso, Jace. No vale la pena.- susurró ella.
Aemond, observaba la escena con una mezcla de sentimientos. Aunque sentía un aprecio genuino por Lucenya, su rivalidad con Jacaerys era evidente.
-No es el momento, Aegon- dijo Aemond, su voz firme pero con un tono de advertencia.
Aegon se encogió de hombros, una sonrisa burlona apareció en su rostro.
-Solo digo la verdad. ¿O acaso no es así, madre?- preguntó, dirigiéndose a Alicent.
Alicent, con el rostro serio, miró a su hijo con desaprobación.
-Aegon, muestra un poco de respeto. Estamos en un funeral- dijo, su voz cargada de autoridad.
Viserys, miraba a sus hijos y nietos con tristeza.
-Aegon, Aemond, basta ya. Este no es el momento ni el lugar para disputas- dijo, su voz débil pero firme.
Rhaenyra se encontraba al lado de Daemon, su atracción mutua palpable incluso en un momento tan sombrío. Daemon, con su mirada intensa, no apartaba los ojos de Rhaenyra, y ella, a pesar de su dolor, encontraba un extraño consuelo en su presencia.
-Daemon, ¿crees que alguna vez podremos encontrar paz en esta familia?- preguntó Rhaenyra en voz baja.
Daemon sonrió levemente, su mirada fija en las llamas.
-La paz es un lujo que rara vez se concede a los Targaryen. Pero mientras estemos juntos, podremos enfrentar cualquier cosa- respondió, su voz llena de determinación.
La ceremonia avanzaba, y mientras el agua engullía el cuerpo de Laena, el dolor y la pasión se entrelazaban en el aire. Lucenya y Jacaerys se miraron, sus corazones latiendo al unísono. En medio de la tragedia, un amor inocente se fortalecía, un faro de esperanza en un mar de tristeza.
Al final del día, cuando las sombras se alargaban y la familia comenzaba a dispersarse, Lucenya y Jacaerys se encontraron a solas.
-Prométeme que siempre estaremos juntos, pase lo que pase- susurró Lucenya, con sus ojos llenos de lágrimas.
-Lo prometo- respondió Jacaerys, abrazándola con fuerza.
En ese momento, nada más importaba. Ni las burlas de Aegon, ni la rivalidad con Aemond, ni siquiera las intrigas de la corte. Solo ellos dos, unidos por un amor que ni siquiera la muerte podría romper.
Mientras la noche caía, Lucenya se alejó un momento para tomar aire. Se dirigió a los jardines del castillo, donde las sombras de los árboles danzaban bajo la luz de la luna. Allí, encontró a Daemon Targaryen, quien parecía perdido en sus pensamientos.
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Crowns Of Fire
Science FictionUna historia de dolor, redención y el futuro de la Casa Targaryen. En medio de la guerra y la traición, Lucenya debe encontrar la paz para su corazón dividido, mientras el destino de su familia y su legado penden de un hilo.
